Y en los huesos he de quedarme

Julián Carrasco Caracuel

Y en los huesos he de quedarme,
acurrucado en el frió suelo
de la estéril cueva del averno, 
sin más consuelo que quedarme

viendo los días de sol eterno,
hablando sobre viajes a marte,
y como recordaríamos el antes.
Pero ahora estamos en invierno.

No puedo ver acaricias perennes,
solo corazones de ardiente hielo,
solo cabezas con miedo al miedo
solo gente con miedo a la gente.

En un ocaso en suaves pastos,
dos colinas sirven de comida
Unas fresas para la premisa
y una delicia para sus manos.

Comida envenenada os han dado,
mas es recibido con una sonrisa
que cuando el huésped termina
tornará su estado en fuerte llanto.

Sabias palabras del hombre Caronte
mientras me arrastra de vuelta
a las entrañas de la caverna,
al hogar de los herejes del monte.

Puedes seguir a Julián en el blog Antagonismo Ilustrado

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