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‘Memoria del pájaro’ para la tierra

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


Memoria del pájaro
Jesús Montiel – Ilustración de Andrea Reyes – @AudreyRdP

Memoria del pájaro. Del ave que sobrevuela la tormenta y el arcoíris, que sabe ser murciélago y golondrina. Memoria del hombre que se eleva, que observa y siente mundos y desciende para contarlos. El XXXI Premio de Poesía Hiperión tuvo este pasado lunes, 10 de octubre, su bautizo, su presentación en sociedad, en ese «rincón de la poesía» que, como definió Jesús Munárriz, es la librería Rafael Alberti de Madrid.

Allí inició la velada, bajo la cálida mirada de los asistentes, el propio Munárriz, fundador y director de Hiperión. La poesía nunca será como la prosa –ni debe serlo–, y una de sus consecuencias es que los poetas nunca serán reconocidos como los prosistas (los que logran serlo). Por ello se creó, en 1986, el Premio de Poesía Hiperión. Para allanar el camino a jóvenes poetas de valía que, «sin la etiqueta del premio, seguramente no tendrían tanta atención». Con un jurado formado por Francisco Castaño, Raquel Lanseros, Benjamín Prado y los allí presentes Luis García Montero y Jesús Munárriz; este año ganó el certamen un poeta desconocido, atípico, veraz: Jesús Montiel (Granada, 1984).

Reviviendo el momento de descubrir quién se hallaba tras el autor de los 32 poemas que conforman Memoria del pájaro (libro ya reseñado en Hombre en camino), Munárriz reconoció que aquel tímido granadino de vivaces ojos les llamó mucho la atención. Jesús Montiel no es un poeta prototípico, ni del antes ni del ahora. No es, desde luego, un poeta «maldito»; tiene una familia numerosa por quien siente devoción y la esperanza es quien le guía. Pero tampoco encaja con el joven poeta actual, exitoso en redes sociales y habitual de recitales y encuentros. «No me sacia ir a recitales –comentaba recientemente en una entrevista a la revista LEER–. Yo creo que la literatura está cada mañana en el escritorio, con uno a solas. Lo otro es secundario».

Poeta que se enfrenta cara a cara con la poesía, a la espera del fruto que de la colisión caiga. Poeta que se forja en la derrota de no hallar la única palabra posible para una sensación, que no cesa en el empeño de vislumbrar belleza también en la cotidianeidad, que abraza y teme y vive la poesía. Acertó Munárriz al afirmar que «se ve que va muy de por libre, hace lo que cree y cree en lo que hace». Cree en la literatura, ese acto de fe, esa valentía. Nacida de uno mismo para sí y para otros.

«Hace lo que cree y cree en lo que hace», dijo Jesús Munárriz sobre Jesús Montiel.

Qué hubiera pensado Luis García Montero si, años atrás, en cualquiera de sus clases en la Universidad de Granada, alguien le hubiese susurrado al oído que ese alumno de allí, ese ensimismado muchacho sentado junto a una ventana, ganaría un premio literario del que él sería miembro del jurado. Luis no se acordaba de Jesús, y entre ellos se produjo un anecdótico reencuentro. No llegaron a tener trato más allá del académicamente exigido. Suele suceder con quienes viven más por dentro que por fuera, quienes en su silencio parecen tranquilos e indiferentes, pero cuyo interior jamás cesa de exclamar preguntas y sonreír ideas. El asombro.

Reunidos en la librería madrileña, lejos de su origen, ambos pudieron conversar sobre la poesía de Montiel, que García Montero denominó «poesía de la naturalidad», en la que se impone un tono muy personal y una relación cercana y desnuda con la realidad que la circunda. Sus versos miran la naturaleza y la vida «con una melancolía vigilante». Sí, Jesús es disidente de esta sociedad, mecanizada y práctica, a la que, como afirma en el prólogo, «no le gusta su vida, es una vida improductiva, fuera de la lógica del beneficio». «El hombre tiene anhelos distintos, inquietudes que el Estado no hace caso», comentó una vez. Observa desde las ramas, atento, y anota lo que escucha su mirada.

«Su poesía guarda una difícil sencillez, como en su día mencionaron sobre Bécquer», dijo Luis García Montero sobre Jesús Montiel.

Anota lo que la crisis económica y social hace al hombre, los estragos. Anota la crisis humana hacia fuera, hacia el mundo: «Y sabes porque ves documentales / que en un planeta azul de tanta lluvia / aún hoy quedan regiones / donde el hombre perece sin una sola gota. / Mira bien la botella que sujetas. / No es justo que resulte tan sencillo» (Font Vella). Anota la crisis humana hacia dentro, hacia cada mundo particular: «Hubo un tiempo remoto donde el hombre / comía al mediodía / sentado en el salón junto a los suyos. […] Es rara la ocasión en la que todos coinciden. / Cada uno hace su vida después del microondas» (Mesa). Y tras vivirlo cada día, anota, también, el refugio en la tempestad: la familia y el amor.

«El poeta es consciente de la tormenta –concluyó García Montero–. Pero después de ella, sobre ella, si quiere y puede volar, verá un cielo azul. La calma, la belleza, la plenitud. La verdad. Esa es la memoria del pájaro».
Memoria del pájaro
Presentación del libro en la Librería Rafael Alberti de Madrid – Ilustración de Andrea Reyes – @AudreyRdP

Sumido hasta entonces en su silencio amable, tras las palabras de Jesús Munárriz y Luis García Montero se elevó la voz del protagonista. A tientas, una advertencia: «Si me veis titubear, son los nervios, me cuesta hablar en público». No titubeó. La sombra de los miedos se proyecta siempre hacia dentro de nosotros mismos. Tras el mensaje, la gratitud:

– Me parece milagroso que, en el mundo en el que vivimos, algo como la poesía logre reunir a un grupo de personas.

Y se transcribe así, con guión y no con comillas, porque los milagros hay que mostrarlos y compartirlos, dar fe de que, aún hoy, suceden. Jesús Montiel continuó la insólita magia y recitó cuatro poemas seleccionados: Resucitado; sobre la convivencia y su dificultad, sobre el regreso, tras una discusión, al perdón («La vida se llamaba oscuridad. / Entonces, al volver y abrir la puerta, / vi tu larga sonrisa encendiendo la casa»). Elogio del pene; no exento de divertidas anécdotas familiares, sobre la rebeldía de luchar contra la dicotomía carne-espíritu que suele predominar el ambiente conservador donde el poeta creció («Ya crece su estatura mirándote sin ropa»). Domicilio; sobre su sueño de vivir en el bosque («…tal vez una terraza con vistas a la estrella…» y la negativa firme y cariñosa de su mujer («No es preciso viajarte a lo salvaje. […] Será tu corazón quien decida los bosques»). Y, por último, La maleta; sobre su hipocondría y ese qué pasará por la mente en ese último instante de aire («Hay un solo pensamiento que me aterra: / tener llena de mí sus dimensiones / al término del viaje. / Que no haya amor que abulte su cuadrado»).

«Los hombres resumimos diariamente / el fatal desenlace / trocando en un infierno el paraíso», escribe Jesús Montiel sobre los hombres.

Tras hablarnos sus poemas, entre el público le aplaudieron su Elogio, recordando aquel texto de Ramón J. Sender sobre Santa Teresa de Jesús El verbo se hizo sexo («No escribo este título para rebajar el verbo, sino para ensalzar el sexo»), y le preguntaron cómo es posible escribir poesía con cuatro niños alrededor. También, curiosidad obliga, hubo interés por sus influencias –mencionó, recurriendo a la memoria fotográfica de su biblioteca, a José Luis Parra, Ángel González o Miguel d’Ors– y por su tesis, dedicada a Walker Percy, novelista estadounidense poco conocido en España. En efecto, ésta poco tiene que ver con Memoria del pájaro, o con sus anteriores cuatro poemarios. Tampoco con la novela que está actualmente terminando. Ecléctico Montiel.

«En realidad, leo muy poca poesía». Ecléctico y poco habitual poeta. Que siga siendo así. Antes de los segundos y últimos aplausos, de la firma de ejemplares y de un seguro interesante «fin de fiesta» junto a Munárriz, García Montero y algunos amigos asistentes en algún café de Argüelles, Jesús Montiel confesó que «mi sueño frustrado (bueno, frustrado no, porque no lo he intentado) es ser novelista». Curiosamente, la poesía le es más fácil, llega a él con menos ruido, más aplomo. Pero, cuidado, pues ya le advirtieron: «Si coqueteas mucho con la prosa, puede que la poesía no vuelva, he conocido algunos».

De momento, Memoria del pájaro como equipaje de amor para la tierra. De momento la poesía, pues aunque no volviese en forma de versos, nunca se marchará de la escritura de alguien que mira el mundo a través de los ojos del asombro.

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