Euler

“Lean a Euler, él es el maestro de todos nosotros”. Esta cita atribuida al gran matemático Laplace da una idea de la talla del genio de Euler, esas mentes de las que sólo aparece una en cada generación.

Leonhard Euler

Eduardo Mirón López
@EduardoMironLpz


Leonhard Euler nació el 15 de abril de 1707 en Basilea. Afortunadamente para la Ciencia, la joven mente de Euler tuvo un tutor de excepción, el amigo de su padre Johann Bernoulli, que a la sazón era considerado el mejor matemático europeo de la época. Para cuando a la edad de 16 años recibió su título de maestro en Filosofía (había entrado a la Universidad de Basilea con diez años) ya era patente su excepcional habilidad para las ciencias exactas, algo que comprobó Bernoulli cuando se reunían cada sábado. Gracias a este Cicerón, Euler continuó su formación académica hasta doctorarse en 1726 con una tesis sobre la propagación del sonido.

En el mismo año de su doctorado aceptó un trabajo en la Academia de las Ciencias de Rusia en San Petersburgo, recomendado por Daniel Bernoulli, hijo de su tutor. Llegó allí en 1727, donde trabajó junto a Daniel en el departamento de matemáticas. Con esta institución, los emperadores rusos pretendían convertir a la rica ciudad de San Petersburgo en referencia mundial de la ciencia. Salvo algunos tiempos más oscuros, a los pocos académicos de la misma se les daba en general total libertad para llevar a cabo sus estudios y acceso a las mejores bibliotecas de que se disponía. En 1734 se casó con Katharina Gsell, con la que tuvo cinco hijos.

Academia de las Ciencias de Rusia

Introductio in analysin infinitorumEn 1741 aceptó un puesto en la Academia de Berlín, preocupado por la inestabilidad en Rusia.  Durante los 25 años que vivió en Berlín escribió más de 380 artículos. También allí publicó sus dos libros más famosos Introducción al análisis del infinito, que establece las bases del análisis matemático, y Instrucción del cálculo diferencial, que funda los cimientos de dicho cálculo. También se le pidió que instruyera a la sobrina de Federico II de Prusia. Las más de 200 cartas que escribió a la princesa fueron recopiladas en un libro que alcanzó una gran fama en la época.

A pesar de sus éxitos profesionales, Euler es muy infeliz en Berlín. Allí termina de perder la visión de su ojo derecho, lo que da pié a que Federico II le llame el “cíclope de las matemáticas”. No era buena su relación con el rey, más afín este a Voltaire, que era la antítesis de Euler en cuanto a personalidad. Por todo ello, Euler decide volver a San Petersburgo en 1766. Lo hizo desoyendo los consejos médicos que le decían que el clima ruso no ayudaría a las cataratas que padecía en su único ojo sano. Efectivamente, en el mismo año de su regreso a Rusia, Euler queda ciego. La ceguera no sólo no acabó con los estudios de Euler, si no que se volvió más prolífico con la ayuda de otros que escribían lo que el genio les dictaba. Sus trabajos ocuparían entre 60 y 80 libros. Finalmente moriría en 1873 mientras tomaba el té con su familia.

Las aportaciones de Euler a la ciencia son extensísimas. La notación matemática moderna es obra suya y también lo es el concepto que tenemos de función matemática. Demostró un gran número de teoremas, como la conjetura de Fermat y la relación entre la función x y las series de números primos.

Euler definió el número e, que junto con ? son las dos constantes que llevan su nombre. Es por tanto el “inventor” de las funciones exponenciales y de los logaritmos neperianos. También a él debemos las descomposiciones en serie de potencias, también llamadas en series de Euler.

Las aportaciones de Euler son asombrosas en campos como la astronomía, geometría, física, lógica y arquitectura, pero para cerrar este retrato de un genio, que en su vida llevó a cabo el trabajo de varios científicos de leyenda, cabe destacar una curiosidad de una mente tan genial: era capaz de recitar la Eneida de Virgilio de memoria (a pesar de haberla leído 50 años antes) con una precisión tal como para recordar cómo empezaba cada página de la edición que leyó. En definitiva fue un hombre con una memoria y una capacidad de razonamiento que marcaría una época y le granjearía el titulo de el “Shakespeare de las Matemáticas”.

Fórmula de Euler

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