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Los indultos

Ignacio Peláez Vila

Con la temporada apurando los últimos festejos, la batalla por ser el triunfador de la misma continúa apretada. Los candidatos El Juli, Fandiño, Ferrera, Morante y Perera continúan en septiembre aumentando su cuenta de triunfos para alzarse con tamaña distinción. No es la única carrera por ser el líder de este año: novilleros y rejoneadores también aspiran al pódium final. No es menos cierto que los ganaderos, lidiando sus últimos compromisos, también buscar dejar un buen sabor de boca para que la finca de su ganadería no se convierta el año próximo en una despensa de cinqueños y dar salida a su producto en un mercado que los maltrata.

Se quejó Fernando Domecq, tras lidiar en Alicante allá por junio, de que se quitaba de esto. No creo que lo dijera por lidiar poco o mucho, que también. Su desánimo y desconfianza esconden las trabas con las que se están encontrando los criadores de reses bravas. Y su sector, castigado con la reducción de festejos y el excedente de cabezas que ha provocado ha hecho mella. Quizás, a la larga, el reducir ejemplares sirva para una selección más exigente y en varios años salgamos beneficiados con el sacrificio. Pero son ellos quienes ahora las pasan canutas. Sobre todo por la competencia desleal, pues todo indica que los tuneleros no solo van en furgoneta, también en camión de transporte de animales vivos. Y no se quejan. No dramatizan ni presentan cuentas calamitosas con cara de pena. Siguen madrugando para seleccionar lo mejor para la Fiesta. Con mayor o menor fortuna.

Ganadería Domecq

Y ahora, de pronto, se produce un aluvión de indultos en el mes de septiembre y los pone en el punto de mira. Disparan incluso cuando el toro al que se le perdona la vida obedece al encaste Domecq. “Operario”, de Fuente Ymbro, indultado por Rafaelillo y “Pescador” de Daniel Ruiz indultado por Miguel Ángel Perera son los dos ejemplares que han visto pañuelo naranja en dos ferias –Murcia y Albacete, respectivamente– de mayor relumbrón que los indultados en cosos como Mérida, Melilla, Baeza y Arganda del Rey. Además de “Velero”, que se ganó el derecho a la vida en la plaza francesa de Arles tras otro triunfo de Julián López “El Juli”.

Ni que decir tiene que no he visto a los siete astados desde su salida por toriles hasta la vuelta a corrales. Los vídeos apenas aportan datos de su comportamiento ni en varas ni con los rehileteros. El indulto ha pasado a depender de que la calidad del toro venga determinada por lo que con sus embestidas sea capaz de hacer el torero. Incluso, se está comenzando a emplear como propaganda taurina, como el súmmum de la tauromaquia. Indultos por aquí y por allá sin atender a las condiciones exclusivas del toro bravo. Se indulta porque el pañuelo blanco se contagia más rápido que la gripe por aquello de ser poco común y quien de pascuas a ramos se sienta en un tendido le hace ilusión ver un indulto. El indulto no puede estar sujeto a lo que el torero sea capaz de conseguir, sino a las características del propio animal. Y, por supuesto, debe ser algo excepcional.

Que a un toro se le perdone la vida repercute directamente en la ganadería. Juan Pedro Domecq dice que es la participación del público en su ganadería. Ellos sabrán si después del excedente de cabezas de ganado por la crisis económica quieren saturar el stock de sementales por la euforia propagandística del pan para hoy y hambre… para el aficionado y la Fiesta de mañana.

Continúa el camino...
Evitar la necrosis

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