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«Jane the Virgin» contra las telenovelas

Ficha técnica

TítuloJane the Virgin

Director: Brad Silberling

Guion: Carolina Rivera y otros

Producción: Movistar

Fotografía: Lowell Peterson, Xavier Grobet

Música: Gustavo Santaolalla.

Reparto: Gina Rodriguez, Andrea Navedo, Yael Grobglas, Justin Baldoni, Ivonne Coll

Duración: 42 min (71 episodios, 4 temporadas)

País: Estados Unidos

Año: 2014

Guillem González
@Demimerio


El argumento de Jane the Virgin (2014-) hace de ella una serie única: Jane Gloriana Villanueva, la protagonista, es una chica virgen que, ¡sorpresa!, se queda embarazada por culpa de una inseminación artificial accidental (sic). O quizás más que única sea una serie muy original, porque en realidad Jane the Virgin es una adaptación estadounidense de Juana, la virgen (2002), una telenovela venezolana protagonizada por Juana, una chica virgen que, ¿sorpresa?, se queda embarazada por culpa de una inseminación artificial accidental. Puede que ni siquiera sea muy original: antes de Jane the Virgin ya hubo una versión polaca y otra colombovenezolana. Además, está claro que también Juana, la virgen es una versión de una historia mucho anterior, bíblica: el embarazo milagroso de la Virgen María por vía divina. En cualquier caso, Jane the Virgin no destaca por su originalidad ni por su unicidad sino por su serialidad, como toda telenovela; pero, paradójicamente, la repetición es el elemento que la convierte en una serie original e incluso única.

Jane the Virgin es la megatelenovela: la telenovela de las telenovelas. Así como el Quijote acumula todos los temas, tópicos y motivos de los libros de caballerías, Jane the Virgin contiene y repite una y otra vez todos y cada uno de los ingredientes de las telenovelas. Jane Gloriana Villanueva quiere mantenerse virgen hasta el matrimonio y tiene novio, Michael, pero se enamora de su jefe, Rafael, cuyo esperma la ha dejado embarazada por culpa de una ginecóloga muy despistada llamada Luisa que, ¡sorpresa!, es la hermana de Rafael y a su vez tiene un lío secreto con Rose, madrastra de Luisa y Rafael y, ¿sorpresa?, supermafiosa internacional. Y sigo con los espoilers, que no estropean sino que espolean la visión de la serie: en Jane the Virgin hay anagnórisis de familiares desconocidos, hermanos gemelos malvados que sustituyen a los buenos, que también se hacen pasar por los malos, bodas y divorcios con sendas anulaciones, asesinatos y secuestros, luchas por el poder, el dinero y la fama, enamoramientos, rupturas y embarazos (deseados o no, artificiales y naturales), etcétera. Jane the Virgin satisfará a los espectadores habituales de telenovelas ya que, además de todo lo anterior, las escenas y los diálogos son 100% telenovelescos, es decir, teatrales y llenos de clichés, y en cada capítulo encontramos varios momentos vergonzosamente empalagosos para los espectadores menos habituados al género; cuando se llega a este punto, es mejor respirar profundo, tragarse el orgullo y seguir con la serie.

Jane the Virgin no destaca por su originalidad ni por su unicidad pero, paradójicamente, la repetición es el elemento que la convierte en una serie original e incluso única.

Jane the VirginPorque Jane the Virgin también es una metatelenovela: una telenovela sobre las telenovelas. Así como el Quijote supera los libros de caballerías parodiándolos y exprimiendo sus motivos y técnicas narrativas, Jane the Virgin reflexiona sobre y juega con el género telenovelesco. Jane, su liberada madre y su conservadora abuela —las tres de ascendencia venezolana en homenaje a Juana, la virgen, madre o abuela de Jane the Virgin—, las tres generaciones de la familia, decía, son fans de las telenovelas, así que a menudo vemos a las tres mujeres viendo telenovelas y comentándolas. Rogelio, el padre (desconocido, por supuesto) de Jane, es un famoso actor de telenovelas, por lo que asistimos a las grabaciones y conocemos los problemas de producción, dirección y guion, así como los más y los menos de la fama. Por otro lado, las artificiales transiciones entre escenas nos recuerdan insistentemente que estamos frente a un producto, no una realidad: un personaje de una escena contesta la pregunta de otro en la escena siguiente, completa su frase o repite una palabra; irónicamente, el efecto de realismo se rompe uniendo diálogos de escenas contiguas.

Los juegos metalépticos de Jane the Virgin, es decir, estas transgresiones entre diferentes planos o escenas, son tan constantes que dejan de ser transgresores y se convierten en parte del lenguaje autoirónico de la serie. A ello contribuye también el narrador, un latin lover bromista, cotilla, verborreico y digresivo, o sea, un pesado, un Tristram Shandy que apostilla la telenovela sin parar; este narrador nos recuerda qué pasó en los capítulos anteriores y también quién es quién, quién hizo qué, cuándo y cómo, confirmando la regla de oro de las telenovelas: se puede seguir la serie a pesar de no haber visto todos los capítulos. Sin embargo, en el caso de Jane the Virgin sí merece la pena verlos todos, ya que en cada episodio la estética y las técnicas de la serie pueden cambiar: homenajea otros géneros parodiándolos (el thriller, el cine histórico, el cómic, el realismo mágico), imita el estilo de un autor (Alfred Hitchcock, Jane Austen, Isabel Allende), hace referencias a otras series (Sexo en Nueva York, Juego de tronos) e incluso incorpora conceptos de crítica literaria (el test de Bechdel).

Así como el Quijote supera los libros de caballerías parodiándolos y exprimiendo sus motivos y técnicas narrativas, Jane the Virgin reflexiona sobre y juega con el género telenovelesco.

En resumen, si Jane the Virgin es un producto tan complejo, megatelenovela y metatelenovela a la vez, si es atractivo para el público más y menos exigente, ¿es todavía una telenovela? Según Jorge Carrión en Teleshakespeare (2011), la palabra telenovela «tiene connotaciones en nuestra lengua que nos alejan de la excelencia conceptual y técnica». Así que definitivamente no: Jane the Virgin es una serie de pleno derecho. Porque así como el Quijote deja de ser un libro de caballerías a pesar de parodiar el género, Jane the Virgin no es una telenovela sino una serie, y como tal debemos verla y juzgarla.

Jane the Virgin

Como constatación de ello, la serie ha recibido varios premios y nominaciones, los cuales elogian que por fin una serie estadounidense presente a los latinos en Estados Unidos como personajes redondos, o al menos tan complejos como cualquier otro personaje; así, encontramos hispanos de primera, segunda y tercera generación, bien integrados pero con identidad propia, con o sin residencia legal, que luchan por sus derechos, hablan en inglés o en español y tienen diversos problemas, aficiones, pasiones y ocupaciones, superando la visión más limitada de, por ejemplo, Modern Family. Por contra, la serie todavía simplifica a los eslavos, mostrándolos como los gélidos y calculadores villanos de las películas de la Guerra Fría; la pobre Petra, su hermana gemela y su malvada madre no se merecen un (re)trato así. Afortunadamente, Jane the Virgin visibiliza e incorpora el discurso feminista, también en los personajes masculinos, cuya masculinidad hegemónica es puesta en duda, y cuestiona asimismo muchos prejuicios sobre la maternidad a través de Jane, que unos capítulos después de quedarse embarazada, ¡sorpresa!, da a luz. Además, Jane se casa y, ¿sorpresa? deja de ser virgen, a partir de lo cual se tacha el epíteto the Virgin y vemos el resto de facetas de la protagonista: mujer trabajadora, amiga, novia y esposa, estudiante y profesora, madre joven, viuda y soltera, espectadora, lectora y sobre todo escritora. Sí, lector, has leído bien: Jane es, sobre todo, una escritora.

La serie ha recibido varios premios y nominaciones, los cuales elogian que por fin una serie estadounidense presente a los latinos en Estados Unidos como personajes redondos, o al menos tan complejos como cualquier otro personaje.

Esto es quizás lo que hace de Jane the Virgin una telenovela o, más bien dicho, una serie tan especial: el objetivo de la protagonista no es casarse o encontrar a su príncipe azul sino ser escritora. Es una meta mucho más difícil, especialmente si estás embarazada y luego tienes que cuidar de tu hijo. Pero el largo proceso de escritura, corrección, bloqueo y reescritura y a continuación el no menos complicado trabajo de publicación y promoción de la novela tienen recompensa: Jane logra dar a luz una novela titulada Snow Falling. El libro se publica en el capítulo 70 y en el mundo de carne y hueso, el 17 de noviembre de 2017. Efectivamente, lector, la novela saltó de la ficción a la realidad gracias a una ghost writer llamada Caridad Piñeiro, aunque está firmado por Jane Gloriana Villanueva, personaje de ficción. Si en el Quijote el libro real entra en el mundo ficcional, en Jane the Virgin el libro ficcional sale al mundo real.

Este acontecimiento único tampoco es único, por supuesto. El escritor estadounidense David Means publicó en 2004 The Secret Goldfish, un libro de cuentos que aparece mencionado en el primer párrafo de El guardián entre el centeno (1951) de J. D. Salinger como obra de D. B., hermano de Holden Caulfield. Y en la divertida novela de Kurt Vonnegut Dios le bendiga, Mr. Rosewater (1965) aparece un escritor de ciencia ficción llamado Kilgore Trout, autor de Venus on the Half-Shelf, que en 1975 fue publicada bajo el seudónimo Kilgore Trout por otro escritor (en este caso real): Philip José Farmer. ¡Cuántos acontecimientos únicos!

Sin embargo, lo más probable es que el modelo de Jane the Virgin no fuera un libro sino una serie. En la archiconocida Californication (2007-2014), Hank Moody es el autor de God Hates Us All, una novela que en 2009 salió a la luz en el mundo real, curiosamente en la misma editorial que Snow Falling. Tanta coincidencia nos indica que Jane the Virgin es el reverso luminoso de Californication: en ambas el protagonista es un escritor y la fama, la familia y la masculinidad son temas en común; pero si una empieza con una famosa escena de sexo, en la otra tenemos que esperar hasta la tercera temporada para poder cambiarle el título a la serie. No obstante, la gran diferencia entre ambas es que el espectador nunca diría que Californication es una telenovela.

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