Quiero leerte a ti

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP

Solías decirme que mecanizabas el acto de escribir. Me lo decías cada vez que tus dedos pulsaban una letra en el viejo teclado blanco del despacho. Me lo decías en cada párrafo que nacía, en cada click, cada espacio y cada Enter. Me lo decías mientras, con las manos inquietas, revisabas tus libros de historia y literatura para no dejarte ningún dato relevante por contar. Me lo decías cuando enviabas, ya completo, tu artículo a la Dirección.

Ninguno de los dos éramos conscientes de ello, pero, cada semana, tú te convertías en emisor y yo en receptora de esa angustiosa información que revoloteaba invisible en torno a tus ideas. Aquella tarde de jueves, sin embargo, el mensaje lo emitieron directamente tus labios, y no lo recibieron mis ojos, sino conscientemente mis oídos.

Recuerdo que presté un libro de Cortázar que había terminado hacía una semana y, al devolvérmelo, adiviné que te habías quedado aún más prendido de su historia que yo. Te propuse entonces escribir un artículo, una reseña, sobre él. Negaste automáticamente con la cabeza, mientras tu amable sonrisa afirmaba que eso era tarea mía. Quiero leerte a ti, me dijiste. Yo no sería capaz de transmitir la emoción que he sentido al leer este libro. Puedo ponerle un cierre brillante a los artículos, o que estén bien escritos. Pero yo veo que les falta alma.

En ese momento me sentí afortunada. Sólo los que gozaban de tu confianza tenían el derecho a escucharte. Escuchar no tus comentarios acerca del último partido, o los chistes con los que amenizabas los momentos de estrés. Escucharte a ti, más allá de tu fachada de estudiante, redactor o compañero. Escuchar tus experiencias, tus opiniones, tus argumentos, tus pensamientos. Tenías un talento maravilloso con las palabras. Las mezclabas de forma ordenada y dotabas con una sensibilidad especial todo lo que narrabas. Era una lástima que, cuando se trataba de trabajar, tu poder se dejase intimidar y se escondiese tras los rombos de tus jerséis azules.

Tú tienes un don para transmitir, continuaste hablando. Sabes cómo envolver al que lee con tus sentimientos. Se te lee y se siente lo que quieres expresar. Yo mecanizo el acto de escribir. Yo continué escuchando, ensimismada, y preguntándome qué fallaba en ti, que creías hacer mal, cómo era posible no percibir que eras tú el que realmente tenías un don para transmitir.

Haz como si escribieras para mí, como si me estuvieras contando las alabanzas y críticas y a los políticos, o los próximos conciertos en Madrid, o el último Premio Nobel de Literatura. No mecanices las palabras, deja que fluyan según lo que sientas al escribirlas. Sabes hacerlo, lo haces todos los días sin saberlo. Escribe ese artículo sobre Cortázar. No quiero leer de qué va el libro, eso ya lo sé. Quiero leerte a ti.

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