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Si no hablan revientan

Pienso tantas cosas que si no dijera reventara… Únicamente me las callo por decoro. Sin embargo, hay una entre todas ellas que me desespera sobremanera, a saber: la gente que oigo hablar u opinar sobre temas de los que nunca ha conocido verdad alguna, es decir, de los que no tienen ni puñetera idea.

Son de esa casta de personas que llegan a casa (si es que no se deleitan primero en vagabundear de aquí para allá), se sientan, y se abandonan al sin sentido del electrodoméstico. Una ralea de sujetos que, a pesar de que en el fondo se saben hechos para algo más, se conforman con perder su vida naciendo, viviendo y muriendo. Incluso se encuentran de vez en cuando algunos que creyeron tener la magistral y genial idea de leer unas cuantas páginas de una u otra obra universal (preferiblemente existencialista, aunque también suelen elevar la revista o folletín de turno a verdad trascendental) y se suponen auténticos eruditos; los hay que lo demuestran con las gafitas de pasta sin cristales, otros con la chulería innata les basta y van bien servidos.

Descuiden, la ironía aquí está de más. Mi pena es totalmente sincera. Lo que no termino de decidir es si apiadarme de estos pobres farsantes o de los ingenuos que se tragan sus falacias. No sé cual de los dos prototipos puede llegar a ser más estúpido. Yo, por lo pronto, no me trago las apariencias, que dicen que engañan. Y así, tiro la primera piedra, aunque deben saber que un servidor no está libre de pecado.

Por supuesto, he hablado sin saber, y como el hombre es de los que caen en la misma piedra (o animal de costumbres, según se prefiera), pues más de una y de dos. La diferencia radica en que he sido consciente de mi atrevimiento, y si no he querido reconocerlo en el momento (la dichosa honra mal entendida), he aprendido, aunque solo sea un ápice, para la próxima.

Hay otros que no. Los que Aristóteles habría designado como temerarios, pero a los que yo, hombre en camino, para nada tan selecto como el estagirita, me refiero como quienes si no hablan revientan.

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1 Response

  1. También se ha dicho que no hay que tirar perlas a los cerdos… Ni irritarse por sus palabras sin sentido ni tampoco cerrar los ojos y olvidarse del asunto. ¿Agradecer que algunos no somos así? Puede ser… mostrarlos una sonrisa y decir: “tienes razón, amigo, eres un genio” y seguir nuestro curso (es lo que querían oir, ¿no?). Aunque… bien es cierto que no todos nos libramos de presumir de nuestro desconocimiento. Un saludo, genio! 😉

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