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San Valentín, duelo de besos

Blanca López de Ceballos

No deja de ser asombroso que el número 14 de febrero en nuestra agenda esté pintado y remarcado con rojo y rosa, que las muchachas miren por las ventanas de su clase impacientes y, que todo el entorno publicitario y comercial nos bombardee con corazones. Esta fiesta se debe a un santo del siglo III, San Valentín. Este sacerdote diseñó todo un entramado de casamientos en secreto  para esquivar la ley de prohibición de la celebración de matrimonios para jóvenes del emperador Claudio.

El secretismo en el amor ha sido fuente de las mayores aventuras y tragedias de la historia y la literatura, pero tenemos que decir que es uno de los ingredientes estrellas en los libros de recetas no escritos para los amantes. El amor entre dos personas no es un juego, ni un estilo de vida, ni una amistad. Es mucho más. El amor que se profesan no admite habladurías, ni límites, ni insinceridades. El amor es puro, comprensible, honesto, sincero y desorbitado. Desorbitado porque depende de nuestros días, humores y ganas de querer a la otra persona. Es particular por el hecho de unir almas paralelas y no helicoidales. Es caprichoso porque lo quiere todo y, a veces, te puede dejar sin nada.

El amor no entiende de lo absurdo y lo científico, lo conveniente y lo sereno, lo acertado y el pifie. No. No existe tal vocabulario, no ve uno males cuando es ciego. Y es ciego porque confía, pero es seguro porque se entrega. Y al entregarse uno puede llegar a ser uno mismo y puede forjarse a sí mismo y al otro ser; exigirse ser lo mejor en aquello que se llama vocación, profesional, personal, familiar…

Y todos tendremos la oportunidad de llorar por el olvido, luchar por borrar los recuerdos de una vida, despertarse por las mañanas tras un huracán de decepción o desilusión sobre un noviazgo que creíamos perpetuo…. ¿Os suena? No solo pasa en las pelis o el teatro. Otras afortunadas no cesan de sonreír  por la calle e inquietan a las almas errantes infelices que vagabundean por las calles deseando tener un amor joven otra vez. Porque no nos engañemos, los amores son buenos a todos  las edades, pero los primeros son realmente especiales: ¿Su primer beso? ¿Cómo fue?

¡Y es el beso! Esa palabra que atormenta al enamorado cuando ha perdido esos labios que besar y ese significante ha perdido su significado desde el momento en que los perdió. Ya no la entiende. Ese beso le dio la vida, y ahora se la ha quitado. Ese beso no le dejó dormir, y ahora trasnoche de la tristeza. Ese beso le hizo sentir un sentimiento de ternura y cariño que quizás no ha vuelto a sentir jamás, con ninguna otra chica.

¡Porque fue ese beso! Fue ese. No hubo otro igual. Y hubo muchos, ¡vaya que si los hubo! Miles, cientos de ellos. Cortos, sanos, robustos, elegantes, sencillos, chulescos, amenazantes, conquistadores, arrebatadores, silenciosos, necesarios, atormentados. Otros fueron instantes. Jamás hubo alguno que no fuera amoroso. El cariño, el odio, la embriaguez que producían esos besos nos dejaban enfermos: sin respirar, con un pulso discontinuo y malsonante, una mirada perdida y un sentir exaltado que nos cubría el rostro de luz y nos producía temor a perder alguna vez aquel tesoro llamado beso.

Son fundamentales los poetas de la Generación del 27 a la hora de profesar un amor. Su tema preferido era la relación entre el amante y el amado. Sus versos describían con suma exactitud el amor que todos sabemos reconocer en cualquier pareja, cuando lo hay.

Tenemos que diferenciar al poeta Pedro Salinas con La voz a ti debida, y a Jorge Guillén con su libro Cántico. Estos dos autores se diferencian en el sentido del amor que otorgan a sus amantes. El de Guillén será un amor sereno, perpetuo, tranquilo, confiado, constante. En turbulencias y los finales aparecen pronto, no hay posibilidad de que acabe bien. Estos son los dos tipos de amor que podemos  identificar en cualquier sociedad, entorno o situación. Os dejo los versos más llamativos sobre los “besos”, esas armas del amante para seguir amando y nunca dejar de amarse con ellos.

Pedro SalinasAYER te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
Rojos. Fue un beso tan corto
Que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó con él.Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no , ya no
-¿adónde se me ha escapado?-.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.

No.
Te estoy besando más lejos.

Jorge GuillénNadie sueña y la estancia
No resurge habitual.
¡Cuidado! Todavía
Sigue aquí la verdadPara siempre en nosotros
Perfección de un instante,
Nos exige sin tregua
Verdad inacabable.¿Yo querré? Querrá
Mi vida. ¡Tanto impulso
Que corre a mi destino
Desemboca en tu mundo!

Necesito sentir
Que eres bajo mis labios,
En el gozo de hoy,
Mañana necesario

Nuestro mañana apenas
Futuro y siempre incógnito:
Un calor de misterio
es guardado en tesoro.

_

_

Continúa el camino...
Un mundo desconocido a través de un fotógrafo
El maestro en el taller
La realidad mundana de Català-Roca

3 Responses

  1. Violeta

    Enhorabuena por el artículo,creo que sea adapta muy bien al tiempo que vivimos. Que se centra en el beso, que no hay que olvidar, pero abandona un poco lo que ha de existir debajo. Y la archiconocida carta de San Pablo a los Corintios sobre el amor responde a eso, lo borda:

    “…El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.

    El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
    El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas.

    Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto…”

    ¿Qué te parece?

    Un saludo.

    1. Violeta tienes toda la razón del mundo. Coincido contigo 120%. San Pablo era un genio, y de ahí el nombre de nuestra Universidad. También tengo que recordarte que todo lo que dice San Pablo es para el matrimonio, y que todo matrimonio empezó con un primer beso. Y el origen del matrimonio fue “aquel primer beso”.

      Un saludo

  2. Por aportar algo al debate, dejo por aquí dos pasajes rescatados de “La profundidad de los sexos” de Fabrice Hadjadj sobre los besos, sobre dos modalidades muy distintas de ese acto de amar (esta interpretación de Hadjadj me parece muy especial y original, espero que os guste):

    “«Que me bese con besos de su boca», dice la Esposa del Cantar. -«Con un beso entregas al Hijo del hombre», dice Jesús a Judas. Si se quiere besar lo que se ama, eso es sólo justicia; si se quiere besar lo que se odia, eso es traición”

    “El macho cabrío que hay en mí se asombra tanto como la paloma. Sin embargo, hay que creer que toda la moral sexual, la verdadera, podría resumirse en este imperativo: “Cuando beses, besa de verdad, besa a fondo, sin traiciones, sin reservas, sin detenerte en medio de ese impulso hacia el otro acogido en tu alma y tu cuerpo”. Pero apenas llegamos al final de lo que ese beso postula. Nosotros besuqueamos. Damos besitos. Y si bien no besamos para reír, siempre lo hacemos al estilo de Judas, emboscados. ¿Qué hacer para que nuestra postura no se torne en impostura? ¿Quién nos rescatará de todos esos besos a medias y de esos falsos besuqueos? Existe, en el oficio del Viernes Santo, el rito del beso de la Cruz.”

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