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Paz y seguridad en la gobernanza global

Marta García Outón
@MARTAGAOU


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Las Naciones Unidas fueron fundadas con la idea de crear una institución formal con poderes limitados que funcione bajo un sistema constitucional de principios que gobiernen y rijan las políticas interestatales. No obstante, ninguno de los principios bajo los que se apoya esta organización puede formalizarse si no es mediante la puesta en práctica de los diferentes estados que la constituyen.

Desde su aparición tras la Segunda Guerra Mundial, las Naciones Unidas han conducido al mundo hacia un mundo donde el diálogo entre naciones de diferente cultura, religión o política ha sido cada vez más posible. Quizás, hace unos años, esto era impensable. No obstante, podemos advertir que el gobierno global se encuentra en manos de unos pocos estados (los cinco estados más poderosos, victoriosos tras la Segunda Guerra Mundial: Estados Unidos, China, Francia, la Unión Soviética y Reino Unido). Por tanto, a pesar de estar representados cincuenta y un países, sólo cinco tienen la palabra.

Otro de los problemas de las Naciones Unidas y de la política internacional es que mayoritariamente se habla en términos de guerra para la defensa de los intereses comunes; guerra e intereses son palabras que conllevan distanciamiento, individualismo y polémica, no diálogo ni encuentro. Ya señaló el problema Lakhdar Brahimi, enviado especial de las Naciones Unidas y de la Liga Árabe en Siria, en la BBC: “Hay planes de guerra… no hay planes de paz”. Es por tanto, una evidencia, que las Naciones Unidas sólo reacciona ante momentos críticos, pero lo que realmente construye un mundo global y equilibrado son proyectos de paz y de diálogo.

Albert Einstein expuso ante los intelectuales en la Conferencia de Paz de 1948 la siguiente idea: “una paz permanente no puede ser preparada mediante amenazas, sólo con el intento honesto de crear confianza mutua”. Sería decisivo, por tanto, dejar mayor liderazgo a la Asamblea General (espacio de diálogo) que al Consejo de Seguridad (el cual dicta o reacciona cuando la seguridad internacional se ve amenazada), conducir proyectos de mantenimiento de la paz y misiones que apoyen primeramente a los actores regionales y locales en la construcción de equilibrio y paz. Una vez asentada la paz y la seguridad a nivel local y regional, entonces, se podrá dirigir a los estados, conjuntamente, a mantener una paz internacional. El Teniente General Daniel P. Bolger, quien ayudó a comandar las tropas en Iraq y Afganistán, también apoya esta idea tras encontrarse con los problemas de Oriente Medio: “Olvidamos el error fundamental estratégico y es un error asentado en la arrogancia. Cuando un país tiene un problema con los rebeldes o insurgentes, la solución debe apoyarse en la gente local”. Por tanto, la intervención internacional durante un conflicto, sin dar prioridad al apoyo y protagonismo de la política y seguridad local, conduce a sistemas fallidos (ya lo vimos tras la Primavera Árabe).

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Así, podemos hacer posibles las propuestas que expuso Einstein en 1948 exponiendo qué pasos serían necesarios dar para garantizar el cumplimiento de los principios y objetivos de las Naciones Unidas (la defensa de los Derechos Humanos y el establecimiento de la paz y la seguridad a nivel internacional). Para empezar, el científico señaló que el Consejo de Seguridad no debería ser necesario, así como las medidas coercitivas que éste emplea, si la organización desea demostrar una gobernanza asentada en la paz, la unidad y la igualdad. Por eso, Einstein propuso que las Naciones Unidas debían elaborar una Constitución, aprobada por todos sus miembros, que dictara la entrega a la autoridad y el control de dicha gobernanza global de todas las armas y las fuerzas militares: “Una persona o nación puede ser considerado amante de la paz sólo si está preparado para ceder sus fuerzas militares a las autoridades internacionales”, dijo en dicha Conferencia; y esto, tal y como aseguró el científico, sólo sería posible si los dos poderes principales, Estados Unidos y Rusia, dan el primer paso: “Si este acuerdo se logra, estos dos únicos poderes serán capaces de causar que las otras naciones abandonen su soberanía al grado necesario para establecer una seguridad militar para todos”.

Cooperando en un único camino, garantizada la confianza mutua, guiados hacia la paz y el equilibrio de poder, la sensación de amenaza no sería tan posible. No obstante, como sabemos, los seres humanos pueden caer en la ambición y ceder en la desconfianza. Pero, pensando racionalmente, la amenaza sería menor y sería incluso más fácil de enfrentar con la ayuda de la coalición internacional que de forma individual y sin confiar en la ayuda de los demás. ¿Qué sería entonces la amenaza del Estado Islámico (preferiblemente denominado como Daesh) ante una coalición internacional semejante, sin los agujeros abiertos de desconfianza, ambición e intereses que rompen la eficacia de intervención militar?

Por tanto, la dirección hacia la gobernanza global necesita de la base esencial de los Derechos Humanos, la dirección hacia la cooperación internacional, la democracia y un gobierno transparente en las Naciones Unidas que promueva la paz, la confianza y la estabilidad.

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