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La mirada de las 1000 yardas

Pablo Casado Muriel
@pablo_casado

cuadroyardasEn 1944, la revista Life norteamericana publicó una pintura titulada “That 2000 yard stare”, el protagonista de la obra era un marine que luchaba en el Pacífico y del que destacaba su mirada desencajada. El corresponsal de este medio, Thomas Lea, se preguntaba “¿Hasta qué punto puede aguantar un ser humano?”. A partir de entonces, se hizo popular el término de “mirada de las 1000 yardas” para denominar a uno de los efectos más gráficos del stress post-traumático que viven muchos de los soldados después de una situación extrema.

Ya en la Primera Guerra Mundial fueron frecuentes los casos del denominado “Shell-shock”, una reacción psicológica a la vida en las trincheras, rodeado de suciedad, muerte y explosiones. Algunos de sus síntomas, como la apatía, la parálisis o la histeria, dieron pie a múltiples sentencias por cobardía en el frente. No era tal, y en 2006, el Gobierno británico perdonó de manera póstuma a 306 soldados fusilados por este motivo.

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Harry Patch, soldado del Reino Unido, superviviente de la Primera Guerra Mundial, y quizá el último de sus participantes en morir (lo hizo en 2009 a los 111 años de edad) dejó escritos una serie de relatos de sus vivencias en las trincheras. En uno de ellos habla del “Shell-shock”:

Estabas la  trinchera. Esa era la primera línea. Había que mantener un ojo en la línea del frente alemán. No te atrevías a salir. No. Supongo que si te ibas, y algunos lo hicieron, eras fusilado como un cobarde. Otra cosa es el “Shell-shock” -nunca vi a nadie con él, nunca lo experimenté-, pero estaba al pie de la escalera y simplemente no se podía mover. El “Shell-Shock” tomaba el poder de su sistema nervioso. 

Un oficial podía bajar y muy a menudo dispararle como un a cobarde. Ese hombre no era más cobarde que tú o yo, simplemente no podía moverse. Eso es el “Shell-Shock”. Hacia el final de la guerra la reconocieron como una enfermedad, pero en la primera parte de la guerra no lo hicieron. Si usted lo sufría le disparaban. Y eso fue todo. Hay un buen número de hombres que fueron fusilados por cobardía y ahora piden que se elimine ese veredicto. No eran cobardes.

Este síntoma, esta mirada vacía y hacia el vacío se hizo común durante la Guerra de Vietnam, donde el amplio número de corresponsales y fotógrafos que acudieron a la zona, pudo retratar a decenas de soldados con esta hierática expresión. Quizá uno de los ejemplos más notables sea esta fotografía de Don McCullin (abajo a la izquierda)

Pero los ojos de este soldado no se han cerrado, podemos seguir viéndolos hoy en día en combatientes que sean dejado la vida en países como Afganistán o Irak (arriba a la derecha).

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