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El quejismo

Fernando Bonete Vizcaino

El existencialismo de genios de la filosofía como Nietzsche o Kierkegaard ya se está quedando corto para nuestros días. Se ha convertido en un juego de niños ante la llegada de una nueva manera de entender el día a día y descubrir su verdad: la queja.

Su antecedente más claro, el negativismo, ha pasado a la historia. No bastaba con ser un cenizo y estar todo el día amargado con cara de pocos amigos. Había que demostrar el disgusto que llevábamos encima y empezamos a refunfuñar. Y como parecía que con el sonido gutural el resto miraba raro y no nos entendía (porque la vida siempre nos trata mal, somos claros reos de los demás, todo el mundo va en nuestra contra, el Windows se atasca cada dos por tres y el Internet va lento), entonces comenzamos a expresar nuestro descontento, a verbalizarlo.

Surge del proceso una suerte de victimismo con clara intención de dar la lata, y cuanto más mejor; y cuanto más absurdo sea el tema, mejor; y cuantas más tonterías se digan y más nos compadezcamos de nosotros mismos mejor. El objeto de esta filosofía del (sin)vivir es dar el mínimo de palos al agua. Para eso tenemos al de al lado, para que los dé él o, mejor aún, dárselos a él.

Mientras haya queja, hay excusa. Mientras me duela la rodilla, me duele todo el cuerpo. Mientras no me guste la comida, toda la comida es una bazofia. Mientras me salga mal un examen, dejo la carrera. Mientras no me compren el iPad, mis padres no me quieren. Mientras sea tonto perdido, el mundo no me comprende.

Y el día que todo eso sea verdad ¿De qué nos vamos a quejar? ¿De haber nacido?

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6 Responses

  1. MR

    No a todo el mundo le gusta ser un misterio inexplicable. Hay gente a la que le gusta que le entiendan y para eso comparten lo que les pasa. No es lo mismo que una persona aparezca y desaparezca a su antojo y creas que es porque pasa de todo y de todos, que que un amigo te diga que está pasando por un problema, sea de la índole que sea, y comprendas que necesita tiempo, espacio o apoyo.

    Además, en mi experiencia, las personas que nunca o casi nunca se quejan son aquellas a las que más afectan los problemas. Se guardan las cosas dentro hasta que un día un bote de pastillas o el filo de un cuchillo les parece la única salida. Por desgracia sí, hay gente que se arrepiente de haber nacido y a veces es por las razones que, a nuestros ojos, son más absurdas.

  2. MR

    “El objeto de esta filosofía del (sin)vivir es dar el mínimo de palos al agua. Para eso tenemos al de al lado, para que los dé él o, mejor aún, dárselos a él.”

    Como se dice en este artículo (http://elpais.com/diario/2011/07/17/sociedad/1310853601_850215.html):

    “Uno de los argumentos falaces que emplean los positivistas es dividir el mundo entre los que piensan en positivo como ellos y los pesimistas depresivos. Y está claro que, puestos a elegir, es preferible vivir en una nube que sumergido en una ciénaga melancólica. En esta división interesada se olvida que hay otra categoría de seres humanos que han contribuido mucho más que cualquier otra al progreso: los realistas.”

    También es interesante lo que dice este otro artículo (http://sociedad.elpais.com/sociedad/2011/09/07/actualidad/1315346410_850215.html): “Precisamente el mérito está en los que somos pesimistas y nos esforzamos en ser optimistas. En la situación actual del mundo, no podemos permitirnos perder la esperanza”.

    1. Estimada MR, estoy totalmente de acuerdo contigo en todo lo que has comentado.

      El único problema radica en el hecho de que lo que escribes no tiene relación alguna con la intencionalidad del texto ni con la direccionalidad de la sátira. Te invito a que realices una nueva lectura a la luz de la ironía, mucho menos trascendental en sus implicaciones.

      En cualquier caso, te agradezco muchísimo que hayas puesto en valor la valentía de no conformarse siempre y hayas expuesto el daño que la pasividad ante la realidad y el buenismo están causando a este país; tal vez otro día publique algo relacionado con ello.

      Fernando

      1. MR

        Soy consciente de que me he tomado el texto mucho más en serio de lo que pretendía ser pero ha sido precisamente porque considero que este tipo de perspectivas no hacen sino aumentar el problema. Otorgo muchísimo poder a las palabras, mucho más del que probablemente tienen, y considero que comentarios de pasada como el típico “No te quejes, que no es para tanto” pueden hacer mucho daño.

        Ya sé que esta reflexión es fruto de mi forma de ver las cosas, siempre un poco aguafiestas en cuanto a según qué bromas, pero me ha parecido interesante ahondar en el tema desde una perspectiva más seria.

  3. Javier Borrego

    Muy interesante. Enhorabuena por el artículo. La queja constante suele ir acompañada de la personalidad mantequillosa y blandengue.

    Aunque la queja es también crítica. Pero en su justa medida.

    Es muy dificil quejarse lo justo.

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