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Desde el hastío, desde la esperanza

Fernando Bonete Vizcaino
@ferbovi

De no ser por incurrir en plagio, me hubiera gustado titular este artículo como aquella edición de las conversaciones entre Albert Camus y Howard Mumma publicadas por Voz de Papel: El existencialista hastiado. Es, sin lugar a dudas, la mejor manera de calificar a un hombre que ha perdido la fe y la esperanza, que lo ha perdido todo, pero que reconoce en su abandono la imposibilidad de vivir una vida sin sentido y pone su existencia en juego.

Albert Camus fue, de sus contemporáneos y compañeros de escuela filosófica, tal vez el único en hacer suyo el tormento de los días que le tocó vivir para intentar superarlo. Compartió con otro de los grandes pensadores del siglo XX, Jean-Paul Sartre, creencias e ideología, hasta que ateísmo y comunismo frenaran la auténtica revolución de su corazón inquieto. Como aquel otro africano, santo de Hipona, al que tanto apreció y dedicó su estudio de juventud, solo interrumpido por la tuberculosis, nuestro hombre inició la interminable búsqueda de sentido a la que ningún ser humano debe renunciar jamás.

Desde el hastío a la esperanza.

Albert Camus

Sus personajes, el extranjero, esos Sísifo condenados al fracaso, al absurdo y a la única salvación del voluntarismo humano, fueron reemplazados a partir de 1947 por la solidaridad y la participación en socorro de los necesitados. El rechazo a la peste, al sufrimiento y a la guerra recién terminada. El surgimiento de Prometeo, un hombre rebelde, forja en Camus un nuevo compromiso vital.

Desde la esperanza a la libertad y la justicia.

Diez años después, y escasos tres antes de su muerte, El exilio y el reino abrían al francés a “una cierta forma de amor”, según sus propias palabras. Némesis acude al relevo de Prometeo. El pensador abandona la fidelidad egoísta a uno mismo para sugerir como solución una cierta forma de misericordia en una personal y doliente apertura.

Cuenta Albert Camus que la crisis más profunda e íntima que le llevó a rechazar la fe fue presenciar en su juventud, durante un tranquilo paseo por la playa en un pacífico día de verano, el tremendo dolor de unos padres ante la atroz visión del cuerpo de su hijo recién aplastado por un autobús. Erigió sus ojos al cielo y dijo al amigo que le acompañaba: “¿Ves el cielo azul? Guarda silencio”. En 1960 otro accidente de tráfico quitó la vida al escritor. En esa ocasión Camus pudo oír bien la respuesta de Dios a través del silencio: desde el hastío, desde la esperanza, pasando por la libertad y la justicia, hasta la Gracia.

2 Responses

  1. Debemos reunirnos un día y comentar acerca de Camus. Tu lo estudiaste mucho antes que yo cuando se organizó aquella lectura sobre su obra en la Facultad y encima tu cercanía a la cultura francesa te ofrece otra sensibilidad diferente a la mía. Estoy seguro de que podré aprender mucho de esa futura conversación que tengamos.

    El librito de Mumma merecerá comentario aparte.

    ¡Celebro el entusiasmo por el toque navideño de la web!

    ¡Feliz Navidad!
    ¡Feliz 2014!

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