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Conocimiento, método y hambre

Autor invitado / Fran Rico Rodríguez

En un intento por acabar con el hambre, cada vez hay más organizaciones destinadas a paliar uno de los principales males que existen en la Tierra. Pero además, el número de hombres que pasan hambre va en aumento. Ya no solo en el elemento económico denominado Tercer Mundo, sino en países que hasta la nueva crisis habían podido tapar las bocas de los más desamparados a modo de subvenciones a grupos que servían de intermediarios entre el gran pájaro y las crías.

Hay que dar gracias a toda asociación que intente paliar el hambre. Pero, ¿no se estará haciendo algo mal cuando cada vez hay más organizaciones y además, más hambrientos? Las instituciones bajan las subvenciones al mínimo posible y las colas en los comedores sociales empiezan a medir lo mismo que las del INEM. Creo que aún queda lejano en el tiempo que no existan estos tipos de ayudas sociales y también lo sería imaginar un mundo sin ricos y sin pobres.

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Sin embargo, estaríamos en una nube si imagináramos que los ricos podrían eliminar el mal económico de los pobres con los métodos que se han venido dando hasta la fecha. Es falso, porque lo único cierto a día de hoy es que el número de hambrientos en los países ricos está creciendo, sin nombrar a los países pobres ni tampoco a los que están en vías de desarrollo, que muestran dos grupos de personas: los que quieren ser como el decadente Occidente y los que siguen con sus costumbres a pesar de ser desfavorecidos.

La utopía de alimentar millones de estómagos no puede ser práctica a gran escala porque el error está en dar comida a personas que tienen manos para conseguirla y razón para saber cómo utilizar sus manos. De ahí la idea del economista E.F Schumacher en Small is beautiful: “Si das el pescado día a día fomentas que mañana esas personas no se valgan por sí mismas para alimentarse. ¿No sería más justo y rentable enseñar el arte de la pesca?” Con este método, que ya se está llevando a cabo, no se pretende dejar de lado todas las ayudas sociales ni mucho menos. En cualquier caso, lo que queremos es que la gente no se muera de hambre hoy, pero tampoco mañana.

Conocimiento, método y hambre 2Llegados a este punto, si se están acabando las subvenciones para comprar alimentos y distribuirlos, que es el mayor coste, entre los más necesitados: ¿Cuál sería la forma más razonable de hacer este tipo de bien? Nada menos que transmitir conocimiento, algo tan inmaterial como real. Entonces la labor está en poner en contacto a los pobres con personas que tengan este tipo de saber. Un ejemplo sería los empujones que recibe  un niño de El Congo para conseguir un pack de conservas que salen de un camión belga. Quizá lo que necesite realmente, partiendo de su educación, sería un agricultor occidental que le explique en qué época del año debe plantar hortalizas para poder subsistir y así poder depender de sí mismo. Tras ser autosuficiente, seguramente pueda aunar un pequeño espacio en su producción para vender un producto congoleño: el café. Insisto en que el principal problema es de comunicación y de método, no de llevar alimentos de un lado a otro del globo.


Esta forma de ayudarnos unos a otros es más barata y posible que lo hecho hasta la fecha. Los dos adjetivos se revalorizan cuando el hambre se da en los países de Occidente, porque estos sí tienen las personas encargadas de transmitir los conocimientos a los más necesitados. La educación en todo este proceso es un elemento clave. Incluso esta idea corresponde a lo que debería ser la formación profesional: nada menos que comunicar a los profesionales con los que quieren llegar a serlo, ¿cómo? Mediante una mayor práctica en las empresas del sector en las que el aprendiz quiera crecer como persona.

El problema nuclear, en definitiva, es ese cambio de método, de camino. Todo implica riesgo. Pero también es un dilema moral: se pretende cambiar de planes hoy y ahora sin pensar en un futuro porque la necesidad de cambio es superior al fin que persigue. Es decir, el cambio pasa a ser el fin y no el medio por el que conseguir el fin. Por eso no es de extrañar que ningún plan económico, político o social llegue nunca a cumplirse.

Seamos realistas y actuemos consecuentemente, es básico. No puede haber alimentos suficientes en el mundo si cada vez menos gente se preocupa de conseguir esos alimentos. Lo que aquí se propone, la forma para que el pájaro deje de dar la comida a sus crías es que estas echen a volar fuera del nido, porque el pájaro, como todo en el mundo terrenal, es finito.

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2 Responses

  1. Muy de acuerdo contigo Fran. Pero llegando todavía más lejos, ¿qué debe hacer Occidente una vez transmitidos sus conocimientos? Estamos acostumbrados a ver cómo en los casos en que se enseña a pescar al Tercer Mundo, después se le retira la caña por miedo a que acabe logrando pesca mayor…

    1. Fran

      Lo que está claro es que Occidente no puede seguir saqueando a otros países. Y creo que las nuevas tecnologías tienen mucho que ver con todo esto: se buscan nuevos materiales, minerales, mano de obra barata… Para que la oferta pueda ser asequible con la demanda de nuevos productos tecnológicos. O hechos en cualquier otro ámbito: ¿de dónde viene la mayor parte de pescado congelado? ¿O las frutas veraniegas que en invierno aquí no se pueden plantar? Por tanto, partamos de la base de que debe existir un ORDEN en el mundo que empieza con acabar con esta globalización. Después, transmitir conocimiento en los casos necesarios. Gracias por leer el comentario.

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