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Adviento

Violeta Sánchez Hidalgo

¡Bienvenidos al primer domingo de Adviento! De la etimología latina Adventus, venida. Es el recuerdo de Dios que se hizo niño, el comienzo del año litúrgico, pues “nada puede importar más que encontrar a Dios. Es decir, enamorarse de Él de una manera definitiva y absoluta. Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación, y acaba por ir dejando su huella en todo. Será lo que decida qué es lo que te saca de la cama cada mañana, qué haces con tus atardeceres, en qué empleas tus fines de semana, lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón, y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud. ¡Enamórate! ¡Permanece en el amor! Todo será de otra manera”.

Con la corona de Adviento representamos la entrada en el año litúrgico. Abrimos ventanas y puertas para despertar la memoria del corazón, del amor. Porque “si no tengo amor, nada soy. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. Hecha de ramas verdes, simboliza la esperanza en la venida de Cristo al mundo y su forma circular es símbolo de la eternidad de Dios, sin principio ni fin.

Cuatro velas iluminan los días de esta preparación a la Navidad.

  • La vela roja nos recuerda que hemos de vivir como personas que se saben amadas por Dios, representa el AMOR.
  • La vela violeta nos invita a practicar la JUSTICIA basada en el amor de Dios.
  • La vela verde representa mi ESPERANZA, nuestra esperanza, precedida por la espera que Dios cultiva en nosotros. Sí, Dios nos ama y precisamente por eso espera que volvamos a él, que abramos nuestro corazón a su amor, que pongamos nuestra mano en la suya y recordemos que somos sus hijos.
  • La vela amarilla es símbolo de la FE, “perla preciosa, sin la cual cuando uno más tiene, menos tiene”. Fe que se alimenta en la experiencia de la intimidad con Cristo en la oración invitándonos a alcanzar un “sentimiento interno” del amor de Dios.

Conocido el fin de este tiempo de preparación: ¡Despertemos a la reflexión con la disposición al amor en Cristo!

Vuestra soy, para Vos nací,
¿qué mandáis hacer de mí?

Veis aquí mi corazón,
yo lo pongo en vuestra palma,
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición

Vuestra soy – Santa Teresa de Jesús

EnamóratePadre Arrupe, S. J. | Carta a los Corintios – San Pablo
Mística fundamental de Cristo – San Juan de la Cruz

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