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María Moliner: sobran las palabras

Ficha técnica

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Obra: María Moliner

Libreto: Lucía Vilanova

Música: Antoni Parcera Fons

Dirección musical: Víctor Pablo Pérez

Dirección de escena: Paco Azorín

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Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


En una ópera dedicada a una gran mujer como lo fue María Moliner (1900-1981), que dedicó, a su vez, su vida a las Letras; cabría esperar que faltasen las palabras. Que no cupiesen, en el tiempo de duración establecido, tantas palabras por decir; de María, de su trabajo y su vida, del Diccionario de Uso del Español que acaparó toda su mirada durante muchos años. Y de literatura, también. De la belleza de juntar letras y crear lenguajes, y buscar siempre la precisión; ese difícil y bello objetivo, ese dar a las cosas, como dijo Natalie Goldberg, la dignidad de su propio nombre.

Por eso da rabia que, al finalizar la ópera María Moliner, que se representa en el Teatro de la Zarzuela hasta el próximo 21 de abril, la impresión que queda sea la contraria a la esperada: que sobran las palabras. O que, más adecuadamente, deberían haberse sustituido, compuesto, organizado mejor. Porque la música, a cargo de Víctor Pablo Pérez, aunque pase muy desapercibida no desentona y es adecuada. El vestuario, de María Araujo, corresponde al de la época en los personajes reales y baila al compás de la trama en el caso de los alegóricos. Y la iluminación crea ambientes que, como la puesta en escena llevada a cabo por Paco Azorín, se amoldan muy bien a la narración.

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Da rabia porque, como sucede con las películas, las obras de teatro o los libros; por muy notable que sea el “decorado”, si el contenido no deja una impresión, una emoción en el espectador o lector; ya no podrá salvarse. Y es que el texto de María Moliner es extraño y difuso. Porque centra toda su atención en el diccionario y, sin embargo, apenas lo ve. Porque quiere abarcar muchos temas y, al final, se le resbalan y escurren de entre los dedos. Y, sobre todo, porque las tres figuras que hacen de almanaque ralentizan mucho la representación, dando demasiada información sobre los días que faltaban o habían pasado desde la publicación de los tomos y una enumeración de los santos correspondientes a esos días. Información irrelevante e innecesaria para la historia que podría haberse sustituido, por ejemplo, por una introspección en la figura de María Moliner, sobre la que apenas conocemos nada tras la obra.

Un universo fascinante; el de la literatura y la mujer en ella. Un personaje asombroso y valiente; el de María Moliner. Una obra fundamental y revolucionaria; su diccionario. Y uno baja los breves escalones del Teatro, aún sin atardecer, y la sensación que queda es que, de forma incomprensible, han sobrado las palabras.

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