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Boleros sabor Quijano

Jorge Velasco Fernández
@JorgeVF88

Tras una cena sencilla, pero contundente camino acompañado del brazo por la céntrica calle Arenal rumbo a los jardines de Sabatini, justo al lado del Palacio Real. Me dirijo a presenciar una noche que se presenta apasionante, una noche de boleros promovida por “Los veranos de la Villa”.

No es que sea un enamorado del género, pero quienes iban a deleitar al público sí que hicieron que me gustase, al menos, durante esa noche y a la postre un poco más el estilo musical. Ellos son tres hermanos leoneses: Manolo, el mayor; Óscar, el que lleva melena; y Raúl, el más joven. Juntos forman Café Quijano, y el pasado miércoles 7 actuaron por segunda vez en la capital, Madrid, para presentar su disco Orígenes: el bolero.

Café Quijano en los Veranos de la Villa

Tras más de 7 años de silencio, el trío leonés decidió que ya era hora de regresar a la palestra con un nuevo trabajo, pero que ese trabajo tenía que ser especial. Ellos querían hacer el disco que más deseaban, la música que más les gustaba y que desde niños habían mamado gracias a sus padres. Canciones de amor, que nos cuentan enamoramientos, pero también desencuentros, más desavenencias que felicidad. En el fondo, una historia de amor. Boleros, pero con el sello Quijano. Letras que ellos dicen “son historias verídicas” y que nosotros, como buenos espectadores, aceptamos como tal aunque solo sea por mantener la magia de un espectáculo brillante, sobresaliente.

Pero volvamos a mi situación. En los aledaños de los mencionados jardines, con la noche cayendo lentamente sobre un nublado Madrid de temperatura primaveral para el verano. Nos acercamos lentamente hacia la entrada siguiendo la muchedumbre que también va a presenciar el evento. Los nervios comienzan, el cosquilleo previo al concierto se palpa… ¿Qué canciones interpretarán? “Hacía tiempo que no se les escuchaba” se podía oír mientras esperábamos el turno en el que una responsable de seguridad cortaba la entrada por la línea troquelada y nos indicaba el lugar por el que acceder a nuestros asientos.

Dentro, Sabatini se transforma, no es el mismo jardín de siempre, ha tomado un cariz mucho más romántico, mágico. Las fuentes expulsan sus chorritos de agua de una manera especial, con una dulzura imperceptible en días corrientes. Las estatuas ganan presencia al ser iluminadas por el potente foco que deja tras ellas un espectro que aporta mucha más fuerza a la escultura.

De esta manera avanzábamos hacia nuestra ubicación, entre memoriales y setos de diversos tamaños y formas que de noche se transforman en maravillas. Una vez acomodados, el escenario apenas queda lejos para la fila en la que nos encontramos, y la visión que tenenemos es incomparable. Tras el escenario se eleva iluminado por una luz clara el Palacio Real de forma imponente cual magna estructura.

Palacio Real

La gente, de diversas edades, va llenando los sitios hasta no dejar hueco alguno. Así, en el momento en que la megafonía avisa de que quedan cinco minutos para dar comienzo a la función, ya no queda nadie en pie. Dieron las 22:00 de ese miércoles 7 de agosto.

Las luces se apagaron, el humo se incrementó hasta impedir la vista del escenario. Flashes potentes deslumbraron el anfiteatro para crear más expectación… Y entonces se escuchó: “1, 2, 3 …” y arrancó el espectáculo. Los tres hermanos en el centro con guitarras y bajo entonaban las primeras letras de su último trabajo. Raúl a la izquierda, Manolo en el centro y Óscar a la derecha. Tenían detrás muy poca compañía, una percusión muy sencilla, y un chelo que acompañaba todas las canciones de los hermanos Quijano.

Tras la primera canción y el saludo correspondiente, comenzaba la retahíla de historias que nos vinieron a contar los tres de León. Con su particular gracia, buena voz y sorprendente letra (porque no dejan títere con cabeza), Café Quijano deleitó al público madrileño demostrando que no están acabados y que han madurado en su trabajo. Se pudo percibir que habían hecho el disco que querían, que llevaban tiempo buscando. Y esas sensaciones y emociones fueron transmitidas con sencillez, alegría y buen gusto.

No se olvidaron de recordar también canciones de trabajos anteriores, como Desde Brasil, o la Taberna del Buda, que las han versionado al “bolero” quedándoles un producto final casi tan bueno o mejor que el primario. No dejaron de cantar tampoco su tema estrella, La Lola,. Aunque cuando más conmovieron fueron cuando sonaron En mis besos, Pienso en ti despacio-Guardo y la canción de cierre, Prometo tras dos horas y cuarto de concierto. Dejaron un buen sabor de boca, para hacer que aquella noche fuera… inolvidable.

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