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Año y música nuevos

Fernando Bonete Vizcaino
@ferbovi

La semana pasada recomendábamos en Hombre en camino algunos estrenos para todos los que aprovecháis la Navidad y el tiempo de descanso para pasar un buen rato en familia o con los amigos frente a la gran pantalla. Para terminar el año y comenzar el nuevo, nos atrevemos ahora con cuatro propuestas musicales alejadas de los tradicionales villancicos, aunque no por ello damos dispensa, para lo que queda de Fiestas, de dejar de escucharlos… ¡y cantarlos!

Abrimos el año con energías renovadas y a ritmo de marcha. La Polonesa de la ópera Eugene Onegin de Tchaikovsky en la magnífica versión de Claudio Abbado con la Filarmónica de Berlín es la encargada de poner música al impetuoso protagonista de los versos de Phushkin. En este nuevo año, no tardemos tanto como Onegin (tercer y último acto) para dejarnos vencer por el amor:

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Proseguimos con una joya olvidada en las suite acostumbradas del famoso Cascanueces, también de Tchaikovsky: el Paso a dos. Partiendo de la idea más sencilla posible, una escala de octava descendente (sol-fa#-mi-re-do-si-la-sol), el compositor ruso crea el desarrollo exquisito, y al mismo tiempo enérgico, propio de su genio romántico. Excelente interpretación de la Orquesta Sinfónica de Moscú dirigida por el maestro Arthur Arnold:

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En Hombre en camino también nos planteamos buenos propósitos para 2013, entre ellos acercar a nuestros seguidores la música clásica contemporánea, algo ausente en la web hasta el momento. Fieles a nuestra intención, para las dos últimas propuestas avanzamos hasta el siglo XX. Recibimos La Valse del impresionista francés Maurice Ravel. El ritmo ternario que da título a esta obra no es fácil de encontrar, solo en ciertos tutti orquestales. En el resto de la pieza, Ravel esconde y deforma la estructura tradicional de esta danza. En la versión de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Moscú que presentamos, eviten mirar demasiado al director, es un Dmitri de los malos. Si algo destaca de la interpretación es la implicación y sonoridad de la cuerda rusa, incluídas las arpas, que junto al fagot, sobresalen lo exigido en una grabación de La Valse que se precie:

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Terminamos el ciclo de recomendaciones para Año Nuevo con el audaz quinto movimiento de la Sinfonía Turangalila del también francés Olivier Messiaen. Preguntado por el significado de la obra, el compositor católico remitió a la etimología del nombre que da título a la sinfonía. Turanga y lila se traducen del sánscrito como “que va rápido”, aunque libremente el término puede ser traducido como “canción de la alegría” o “canción de amor”. Nos quedamos con esta última alusión para recibir con ilusión la nueva vida en la que nos introduce el Año Nuevo y la Alegría de la sangre de las estrellas:

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