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Tesoro escondido


Fernando Bonete Vizcaino
@ferbovi

Deslizó la mano a través de los tomos a la vez que miraba atentamente. Con el gesto ágil de aquél que aún respira el aire de la juventud, extrajo uno de los volúmenes: De cultu sacratissimi Cordis Dei Iesu. Se sentó y lo observó con curiosidad. Siempre había tenido una gran afición por los libros. Por fin se decidió y comenzó a leerlo.

Bernardo Francisco de Hoyos tal vez no era consciente, pero aquella lectura que acababa de comenzar un día de mayo de 1733, marcaría por completo el resto de su vida y supondría el inicio del culto al Corazón de Jesús en toda España: “Sentí en mi espíritu un extraordinario movimiento, fuerte, suave y nada arrebatado ni impetuoso, con el cual me fui luego al punto delante del Señor Sacramentado a ofrecerme a su Corazón, para cooperar cuanto pudiese, a lo menos con oraciones, a la extensión de su culto”.

Este encuentro directo con Jesucristo a tan corta edad (22 años) y el descubrimiento de un amor que procedía de lo más profundo de su corazón, impulsaron a Bernardo a continuar el camino de su revelación, a corresponderlos. La fuerza del Señor impulsó su joven espíritu sin descanso. Aunque “Dios escogió un instrumento débil para una tarea grande”, día a día realizó un esfuerzo tras otro sin cejar en su empeño de instaurar Misa y Oficio dedicados al Sagrado Corazón de Jesús.

Primero convenció a su director espiritual, el padre Loyola, de que escribiera sobre el Sagrado Corazón de Jesús. Tesoro Escondidosería la primera publicación sobre este culto en España y fue enviada a cada uno de los obispos españoles para que suplicaran a la Santa Sede pidiendo al Papa la festividad. También impulsó la impresión de estampas, tantas que el mismo padre Loyola señalaría más tarde que “probablemente no quedó pueblo ni aldea adonde no llegasen”. Por último, elevó la misma petición al rey Felipe V, a través de una complicada red de contactos, quien finalmente accedería a transmitir su voluntad a Benedicto XIII.

Como todos los grandes santos de la Iglesia, el padre Hoyos poseía un corazón inquieto, que no descansó hasta hacer realidad su sueño: el de cumplir con la voluntad de Cristo y habitar en su corazón para la eternidad. Y sin duda lo logró. Su inmensa labor apostólica era reconocida el 18 de abril de 2010 con su beatificación en Valladolid, región que le vio nacer.

Sin embargo, la Providencia guiada por su infinita voluntad continúa la labor sin tregua. La noche del 20 al 21 de agosto, durante la celebración de la Adoración al Santísimo en Cuatro Vientos (uno de los actos clave que el Papa ofició en las JMJ), cumpliéndose exactamente tres siglos del nacimiento de San Bernardo Francisco de Hoyos (noche del 20 – madrugada del 21 de agosto de 1711), millones de jóvenes se encomendaban durante la Hora Santa y posterior oración al Corazón de Cristo. Si Benedicto XIII, conforme al testimonio de este joven santo, daba su beneplácito a la instauración del culto en España, su sucesor, también Benedicto, animaba a otros dos millones de jóvenes a continuar el camino de amor infinito que supone el sacrificio de Cristo en su corazón herido. ¿Mera coincidencia? ¿Casualidad? Milagro.

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