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Post de repente

Autor invitado / Mairena Ruiz Denia

—Podrías escribir algo para mi blog.

Me quedo mirándole, con la cuchara suspendida en el aire. Me lo tiene que repetir dos veces más antes de decidirme a contestar algo.

— ¿Y de qué voy a escribir yo?

—De lo que quieras. Menos a favor del aborto.

Eso último lo añade un instante después, como si yo fuera una especie de feminista exaltada quemaconventos. No, del aborto no voy a hablar. Pienso por un momento en la bandera republicana que cubre una de las paredes de mi habitación y no puedo evitar sonreír.

—Se me están ocurriendo maldades.

Debe creer que estoy pensando en el póster de Ché Guevara que hay sobre mi escritorio porque me mira de reojo y refunfuña algo sobre rojos comunistas que no me atrevo a citar de memoria. Pero no, cualquiera se atreve a hablar en su blog de política. Algo cultural, entonces. ¿Y si hablo de mi Condesa? Mi cuadro favorito, la Condesa de Vilches. Pero es del neoclásico, demasiado cursi con su pose anatómicamente incorrecta y su abanico de plumas…

—Es que no sé de qué podría escribir.

—Ya te lo he dicho, de lo que quieras menos del aborto. Pero porque hay que mantener un ethos

Ethos, dice. Yo no uso palabras como ethos cuando hablo con la gente. Ni cuando escribo, y me dedico a ello. Si lo voy a hacer mejor busco un tema del que entienda y así no parezco una idiota analfabeta. El único problema es que yo sólo soy experta en subtexto homoerótico en la televisión y en la influencia del fandom en los guionistas. Hum.

— ¿Y si hablo sobre la fe?

Me mira de reojo alzando las cejas y dice algo que mejor no repito aquí. Pero le doy vueltas a la idea. Es algo en lo que he pensado mucho últimamente. Las dudas, la oración, la soledad en la que vivo mi fe. Esa sonrisa tensa que se me pone siempre que alguien señala la cruz de oro que llevo al cuello y me pregunta que si soy católica. El tener que decidir entre un breve “algo así” o el críptico “no, soy cuáquera”.

Lo descarto, no vaya a ser que alguien me replique con el odiado “no te pega”. No me pega ser creyente. No me pega ser republicana. No me pega que mi cantante favorito sea David Bowie. “¿Estás escribiendo una película de acción? ¿Qué dices? ¡No te pega nada!”.

Pues podría escribir sobre la identidad. Quiénes somos, qué somos. ¿Somos quiénes nosotros creemos que somos? ¿O somos quiénes los demás creen que somos? ¿Y si cada persona cree que somos alguien distinto a quién somos…? Quita, quita, qué complicado. Seguro que acentuaba mal algún “quiénes”.

Sigo pensando, porque de algo tendré que hablar, aunque sea sólo por ver qué pone al final del post en vez de su famoso un auténtico hombre en camino.

—A ver si escribes algo que me permita estrenar el lema de “Homo Viator no se responsabiliza de las opiniones…”

Ah, no, ¡yo para eso no escribo!

Mairena Ruiz Denia es licenciada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad de Valencia; actualmente realiza el Máster en Guión de Cine y  Televisión en la Universidad Carlos III de Madrid. Compañera paciente  y sensata, comprensiva hasta límites insospechados, guionista y trabajadora de ilusión incansable; cuáquera; una auténtica mujer en camino.

Pueden seguir a Mairena Ruiz a través de su web personal o bien mediante Twitter: @MairenaRuiz, pero si lo que prefieren son las series, pueden seguir una pequeña parte del original trabajo de esta guionista en RE: Claudia

Homo viator SÍ se responsabiliza de toda opinión expresada en su web.

Soneto de Repente
Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante.

Continúa el camino...
Impenitente: las emociones como punto de encuentro

18 Responses

  1. Pablo

    Ya era hora que alguien compartiera la opinión de que nadie habla a otro usando palabras como ethos o postmodernismo!!!
    Cada vez te buscas invitados, en este caso invitadas, mejores.
    Me gusta pese a ser taurino jaja

  2. Bueno, se intenta dar cada día un paso más en el camino. Gracias por la mención a los invitados. Lo tomaré como un cumplido.

    Me felicito también de la diversidad de opiniones sobre la forma de utilizar el lenguaje y comprender la vida que representan los comentarios. Todos no podemos entenderla de la misma forma a pesar de que la esencia sea la misma, y me alegro de que se expresen en el blog otros modos de hablar sobre la existencia diferentes a los que utilizo yo normalmente.

    Efectivamente, no siempre (“nadie” tal vez sería exagerado) se habla de “posmodernismo”, y englobar distintas formas de las utilizadas habitualmente por mí constituye el “ethos” más elemental de esta web.

    ¡Gracias!

    Fernando Bonete Vizcaino

  3. No pretendía que el comentario sobre el ethos fuera una crítica, sino una forma de expresar un tema más: el miedo a no estar a la altura. Supongo que me he pasado de sutil. Creo que más gente debería intentar hablar como Fernando pues aunque más de uno pueda mirarle con extrañeza, siempre es mejor intentar aspirar a más que a menos. Pero vamos, que hay muchas más cosas que criticar de Fernando, cuando quieras nos tomamos una caña y comentamos. Eso sí, de toros mejor no hablamos más…

    1. He de darte la razón, Pablo, pero tendrás que reconocer que es más interesante y enriquecedor conversar con gente que habla y piensa de forma distinta a nosotros, incluso cuando no se llega a un acuerdo, que con los que no tienen nada distinto que aportar o ni siquiera tienen su propia opinión.

  4. Yasmina

    Y Mairena se cayó por los confines de la metaficción (no sé si porque sí, porque quería seguir la senda de Cervantes, Galdós, Borges, Beckett, Faulkner, Elizondo y otras grandes glorias del descaro literario…, o porque realmente no sabía qué escribir, …pero estuvo acertada saliendo así del aprieto.) May, Barthes te invitaría a un café autorreferencial y yo a un zumo de naranja con grumitos.
    Y una cosa más: este es un post muy posmodernista, así que, si hay que hablar de posmodernismo bebiendo un zumo, se habla.

    1. Mairena Ruiz

      También puede ser que echara de menos nuestras colaboraciones unamunianas sobre personajes enfadados con sus autores en parques cubiertos de niebla… O tal vez un poquito de todo.

      Y ya sabes que yo de posmodernismo y cosas tan elevadas sólo hablo con un narguile en la mano o, en su defecto, un té de hierbabuena sujeto con dos dedos, como debe ser, y terminando la conversación con un buen zaghareet.

    2. No quisiera pecar de quisquilloso, pues además sé que Yasmina y Mai sois amigas y en vuestros comentarios hay detalles que seguramente ocultarán un segundo significado que yo no llego, ni llegaré, a comprender, pero la mención a Cervantes, (y a Galdós, por qué no) me han puesto sobre aviso y alerta, y Mai me dijo que querías que comentara.

      Tengo a Cervantes en un altar. Casi rozo la herejía por encumbrarlo como ídolo, lo cual se intuye en algún que otro artículo de por aquí. Se comprenderá entonces que me indigne, quizás exageradamente, si he visto su nombre incluido en una lista en la que aparece Beckett (Borges puede pasar, Faulkner, ahí, ahí) y a la que se califica de “glorias del descaro literario”.

      Y todo por la dichosa metaficción. Creo que estaremos de acuerdo en que esto de la metaficción es un concepto netamente posmoderno, y como tal, poco, por no decir nada, le atañe a nuestro querido Miguel. Ni siquiera el de ficción es género válido, cuando precisamente “El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha” es la primera novela de la historia de la literatura en imbuirse de la vida en sí, con todas sus dimensiones, pero al fin y al cabo realidades, no ficciones (la locura y sus sueños, como acabaría por rematar Calderón años más tarde, son también vida, y de la real). En cualquier caso ahí está el prólogo de Florencio Sevilla a dicha obra en edición de Alianza (de lo mejorcito sobre el Cervantes humanista).

      ¡Y Galdós! ¿Dónde? ¿Dónde está la ficción de Galdós? Si hasta me pareció ver a Benina el otro día por San Sebastián. Galdós, y la novela realista del XIX, no pretenden otra cosa que recuperar la grandeza de las letras cervantinas.

      Por supuesto que juegan con la literatura dentro de la literatura; por supuesto que hay autorreferencia, sobre todo en el Quijote (nunca la ha habido más en la literatura universal) . ¡Pero de ahí a llamarlo metaficción! Todo, hasta los trampantojos serían metaficción… y decir eso sí sería posmoderno.

      Fernando

  5. Yasmina

    ¡Hola!

    Si me disculpas, voy a ser breve porque veo que hay conceptos de teoría literaria que no están muy claros y lecturas que no está revisadas, por ello, haces una mala interpretación de mi comentario en tu reflexión.

    La metaficción es un proceso de reflexión sobre la ficción o creación literaria. Es decir, hablar de la creación literaria de una obra dentro de esa misma obra (ficción dentro de la ficción, para ser más simples, aunque es recomendable leer a Barthes, entre otros, para entenderlo bien). Este concepto que se acuñó hace dos días, claro está, se ha desarrollado hasta límites insospechados en la posmodernidad, pero ello no quiere decir que antes los autores no crearan estrategias narrativas para expresar esas mismas reflexiones metaliterarias:
    -¿Por qué Cervantes? No sé si recordarás (¡espero que sí!) a Cidi Hamete Benengeli. Y no diré más, teniendo en mente esta definición que los teóricos dan de metaficción.
    -¿ Por qué Galdós? No seamos ilusos, por favor, que sea el maestro de la novela realista del XIX no quita que una de sus virtudes sea jugar con el lector reflexionando sobre lo que está escribiendo o lo que está escondiendo. Revisa no solo “Misericordia”, sino también “Gloria” o, la mejor de sus obras,” La Desheredada” donde los juegos metaficcionales son la joya de sus estrategias narrativas y lo convierten en un narrador exquisitamente complejo: sin separarse del naturalismo, con estos juegos ya está tocando a la puerta del modernismo.

    Leer a los grandes y quedarse en lo superficial significa no saborear el azúcar de sus obras. Pero claro, para entender esto, hay que entender antes qué es la metaficción, y no desvalorizar, así, el amable comentario que le he hecho a Mairena.

    ¡Saludos!

    PD: la expresión “descaro literario” no era más que una absoluta alabanza hacia estos autores.

    1. Ya reconocí en mi anterior comentario que está claro que ambos autores juegan con la autorreferencia y con la literatura dentro de la literatura. Sé apreciar este matiz y le doy toda la importancia que merece al desarrollo que los dos genios hicieron de esta técnica. No es eso lo que trato de discutir. Como también señalo en el comentario, mi foco de discusión es en cuanto a la amplitud del término de la metaficción, que como todo lo creado por la posmodernidad, acaba por expandirse, como bien señalas, hasta límites insospechados. Es una práctica muy común del tiempo que vivimos utilizar cualquier denominación creada hace cuatro días para meter todo al mismo saco. Y es que hay matices, y muchos, para catalogar una obra.

      Tachar a Cervantes y a Galdós de metaficción se queda muy corto, pero meterlos en el mismo grupo junto con autores como Beckett me parece exagerado, por mucho que lo haga el señor Barthes, que dicho sea de paso es formalista, de aquella escuela de semiólogos como Saussure y de antropólogos como Strauss a los que se les ve el plumero cuando creen estar reinventando la literatura, cosa que me troncha de la risa, pero a la vez me horroriza, porque ver a tanto cantamañanas destruyendo la concepción verdadera del arte y reduciéndola a metaficción, y venga metaficción, y otra vez metaficción me hace cuanto menos sospechar que tal vez su visión esté algo deformada. Así sí es imposible disfrutar de la literatura y saborearla, quedándose anclado en la metaficción, que es realmente lo que hace Barthes por su particular concepción estética estructuralista donde la metafísica no tiene cabida ninguna.

      Yasmina, tómate todo lo dicho no como crítica a tu comentario, que vuelvo a reiterar (ya lo dije al principio de mi primera intervención), sé que es una broma a Mairena y un comentario entre amigas. No lo desvalorizo. Es más, si lo hubiera hecho, no estaríamos ahora debatiendo. Pero creo que hay vida más allá de la metaficción, que ya es más un socorrido cliché que otra cosa.

      Y por favor, no te disculpes; este blog se creó con la intención manifiesta de intentar encontrar la verdad, para discutir hasta el límite que sea posible. Un camino en el que la posmodernidad hace tiempo se extravió.

  6. Ya reconocí en mi anterior comentario que está claro que ambos autores juegan con la autorreferencia y con la literatura dentro de la literatura. Sé apreciar este matiz y le doy toda la importancia que merece al desarrollo que los dos genios hicieron de esta técnica. No es eso lo que trato de discutir. Como también señalo en el comentario, mi foco de discusión es en cuanto a la amplitud del término de la metaficción, que como todo lo creado por la posmodernidad, acaba por expandirse, como bien señalas, hasta límites insospechados. Es una práctica muy común del tiempo que vivimos utilizar cualquier denominación creada hace cuatro días para meter todo al mismo saco. Y es que hay matices, y muchos, para catalogar una obra.

    Tachar a Cervantes y a Galdós de metaficción se queda muy corto, pero meterlos en el mismo grupo junto con autores como Beckett me parece exagerado, por mucho que lo haga el señor Barthes, que dicho sea de paso es formalista, de aquella escuela de semiólogos como Saussure y de antropólogos como Strauss a los que se les ve el plumero cuando creen estar reinventando la literatura, cosa que me troncha de la risa, pero a la vez me horroriza, porque ver a tanto cantamañanas destruyendo la concepción verdadera del arte y reduciéndola a metaficción, y venga metaficción, y otra vez metaficción me hace cuanto menos sospechar que tal vez su visión esté algo deformada. Así sí es imposible disfrutar de la literatura y saborearla, quedándose anclado en la metaficción, que es realmente lo que hace Barthes por su particular concepción estética estructuralista donde la metafísica no tiene cabida ninguna.

    Yasmina, tómate todo lo dicho no como crítica a tu comentario, que vuelvo a reiterar (ya lo dije al principio de mi primera intervención), sé que es una broma a Mairena y un comentario entre amigas. No lo desvalorizo. Es más, si lo hubiera hecho, no estaríamos ahora debatiendo. Pero creo que hay vida más allá de la metaficción, que ya es más un socorrido cliché que otra cosa.

    Y por favor, no te disculpes; este blog se creó con la intención manifiesta de intentar encontrar la verdad, para discutir hasta el límite que sea posible. Un camino en el que la posmodernidad hace tiempo se extravió.

  7. Yasmina

    Solo dos apuntes:
    1. Que yo haya aclarado el significiado de metaficción no quiere decir que esté declarando que todo lo que hacen los autores citados sea metaficción, obviamente, sino que es un recurso que utilizaron en alguna de sus obras y que desarrollaron de maneras muy diferentes. (Una de las cosas más bellas de la literatura universal es ver cómo mecanismos narrativos se van repitiendo, de un modo u otro, a lo largo de la historia. Por eso es genial leer a Beckett y pensar (que no “meter en el mismo saco”, por favor) en Cervantes y leer a Faulkner y que se te venga Semprún a la mente.) No estoy siendo reduccionista, sino que he hecho una reflexión de literatura comparada y nada más.
    2. Barthes no es formalista, es estructuralista.

    Y, si me permites, un apunte más: me parece demasido ambicioso (e imposible, dicho sea de paso) que el objetivo sel blog sea “encontrar la verdad”, pues quedarse discutiendo por el camino permite aceptar, valorar, reflexionar y saborear las ideas sin pretender ver la luz en una absoluta. En caso contrario, uno corre el riesgo de ofuscarse.

    1. Por favor Yasmina, te pido que leas de nuevo mis comentarios, pues estás tergiversando lo que he escrito:

      1- Es la tercera vez que repito que la crítica contra el uso abusivo del término metaficción no va contra ti, sino contra Barthes (el cual es tanto formalista como estructuralista, y en este caso es la segunda vez que lo repito).

      2- No me he referido nunca a la palabra “absoluta”. Búscala, verás que no aparece en el comentario anterior.

      3- Al referirme al objetivo de este blog escribí “intentar”. Soy consciente de la incapacidad de encontrar toda la verdad. Léelo también.

      Después de estas aclaraciones, que no hubieran sido necesarias si se leyeran con cuidado los comentarios, añadiré que el genio de Beckett, que es cuanto menos dudoso, mucho menos es comparable en lo más mínimo al de Cervantes. Y como señaló MacIntyre, ante los tiempos de absurdo que vivimos “no estamos esperando a Godot, sino a san Benito”.

      Si piensas contestar este comentario: “dacapo y al fin”, no pase como el resto.

  8. Yasmina

    Solo dos apuntes:
    1. Que yo haya aclarado el significiado de metaficción no quiere decir que esté declarando que todo lo que hacen los autores citados sea metaficción, obviamente, sino que es un recurso que utilizaron en alguna de sus obras y que desarrollaron de maneras muy diferentes. (Una de las cosas más bellas de la literatura universal es ver cómo mecanismos narrativos se van repitiendo, de un modo u otro, a lo largo de la historia. Por eso es genial leer a Beckett y pensar (que no “meter en el mismo saco”, por favor) en Cervantes y leer a Faulkner y que se te venga Semprún a la mente.) No estoy siendo reduccionista, sino que he hecho una reflexión de literatura comparada y nada más.
    2. Barthes no es formalista, es estructuralista.

    Y, si me permites, un apunte más: me parece demasido ambicioso (e imposible, dicho sea de paso) que el objetivo sel blog sea “encontrar la verdad”, pues quedarse discutiendo por el camino permite aceptar, valorar, reflexionar y saborear las ideas sin pretender ver la luz en una absoluta. En caso contrario, uno corre el riesgo de ofuscarse.

    1. Por favor Yasmina, te pido que leas de nuevo mis comentarios, pues estás tergiversando lo que he escrito:

      1- Es la tercera vez que repito que la crítica contra el uso abusivo del término metaficción no va contra ti, sino contra Barthes (el cual es tanto formalista como estructuralista, y en este caso es la segunda vez que lo repito).

      2- No me he referido nunca a la palabra “absoluta”. Búscala, verás que no aparece en el comentario anterior.

      3- Al referirme al objetivo de este blog escribí “intentar”. Soy consciente de la incapacidad de encontrar toda la verdad. Léelo también.

      Después de estas aclaraciones, que no hubieran sido necesarias si se leyeran con cuidado los comentarios, añadiré que el genio de Beckett, que es cuanto menos dudoso, mucho menos es comparable en lo más mínimo al de Cervantes. Y como señaló MacIntyre, ante los tiempos de absurdo que vivimos “no estamos esperando a Godot, sino a san Benito”.

      Si piensas contestar este comentario: “dacapo y al fin”, no pase como el resto.

  9. Yasmina

    En mi opinión, el hecho de que creas que no sé leer bien se debe a que esperas que te dé la razón, así que, por mi parte, no voy a seguir con la conversación porque tus contestaciones me parecen que no tienen miga y son un intento fallido de lucimiento personal. Por eso, creo también que debes aprender a evitar formular afirmaciones categóricas con respecto al genio dudoso o no de unos autores u otros porque te impide ver más allá de los clichés literarios. Te sentará bien, te lo aseguro.

    Y yo prefiero esperar a Godot antes que a San Benito.

    Encantada y ¡hasta la próxima!

  10. silvia

    Mairena, una vez me dijiste que eras incapaz de escribir un cuento corto con final cerrado. Lo acabas de hacer de manera brillante. Congrats.

  11. silvia

    Mairena, una vez me dijiste que eras incapaz de escribir un cuento corto con final cerrado. Lo acabas de hacer de manera brillante. Congrats.

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