Home > Miscelánea > Obsolescencia programada

Obsolescencia programada

Fernando Bonete Vizcaino
@ferbovi

Existe una bombilla centenaria que lleva funcionando desde 1901 en el parque de bomberos de Livermore-Pleasanton (California). Desde que se encendiera por vez primera ha estado funcionando durante más de 800.000 horas. Nuestras bombillas, más de una centuria después, no superan las 2000 horas, y ya se considera un milagro que pasen de las 800. Es más, la vida de esta bombilla puede ser seguida en directo las 24 horas del día y ya han fenecido dos webcam en la tarea de acompañarla.

No introduzco la curiosidad por dar gusto al lector, sino porque el de la bombilla es el primer caso, y el más común, de la no tan conocida “obsolescencia programada”, concepto nacido en los años 20 para designar la serie de normas fijadas por cárteles empresariales para reducir deliberadamente el número de horas de vida de un producto comercial. Hoy afecta a la gran mayoría de bienes que compramos, no solo los aparatos eléctricos (en el caso de la electrónica, el sospechoso asunto de las averías en impresoras), también los textiles (como las medias, en su origen prácticamente imperecederas y a salvo de las “carreras”), y es una cláusula seguida casi de forma obligatoria por los fabricantes.

Obsolescencia programada

La revolución industrial, con la producción en masa de bienes, creó una sobreabundancia de productos a los que de alguna manera habían de darse salida. La solución, la bajada de precio frente al producto tradicional manufacturado respondiendo a la ley de la oferta y la demanda, originó la preocupación de los fabricantes, que de ahora en adelante ganarían menos por artículo vendido. La limitación de la vida de estos bienes conseguía crear un mercado acelerado, el hoy conocido como “usar y tirar”, que ha permitido alimentar los deseos desenfrenados de una sociedad que consume por consumir, no por necesidad, y las ansias enfermizas de los fabricantes y empresarios de embolsar dinero.

El documental Comprar, tirar, comprar, dirigido por Cosima Dannoritzer, es una excelente grabación coproducida por Televisión Española que denuncia una de las estructuras de pecado más desapercibidas, y por ello más malignas, del siglo XX y XXI. “Un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios”, pero sería una bendición para la humanidad.

Continúa el camino...
Breve historia de todos los que han vivido: la genética que nos une
‘Yo no soy mi cerebro’: pensar en cómo pensamos
Ángel Herrera Oria: 90 años de estudios periodísticos
Pandolfi, phantasticus

Deja un comentario

Este sitio emplea cookies propias y de terceros para mejorar su calidad. Si continúa navegando o utiliza el scroll de navegación vertical, aceptará implícitamente el uso de Cookies. Puede consultar más datos en nuestra Política de Cookies

Las opciones de cookie en este sitio web están configuradas para "permitir cookies" para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si sigues utilizando este sitio web sin cambiar tus opciones o haces clic en "Aceptar" estarás consintiendo las cookies de este sitio.

Cerrar