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Involución democrática

La democracia según Mafalda

Pablo Ortiz Soto
@Borrachodcultu

El término democracia tiene origen en la Grecia Clásica, y significa “poder del pueblo”. Una serie de tiranos, sin la connotación que hoy día podríamos recabar en nuestros políticos, conocidos como Dracón, Solón, Pisístrato, Clístenes y Pericles llevaron a cabo un código legislativo, que más tarde evolucionaría en la democracia, donde el pueblo (Ecclesia) decidía las cuestiones del estado.

A finales del siglo XX, los países fueron introduciendo este sistema, corroborando y verificando las palabras de un excéntrico griego, Pericles: “seremos admirados por nuestros contemporáneos y por las generaciones futuras”. El objetivo era hacer oír las voces del pueblo, y para ello, los media eran imprescindibles. El papel fundacional era servir como canal para las opiniones individuales, es decir, ser un lugar de debate, porque los supuestos de los medios de comunicación son: informar; que una mayor información provoque una mayor participación política; y que esto favorezca una democracia saludable.

El problema surgió con la aparición de la televisión. La intervención de este media provocó el desplazamiento de la opinión pública, la esencia de la democracia, y la perversión de los supuestos. En la actualidad no existe el criterio individual, existe una masa de individuos que creen tener una doxa, pero que en realidad viven manipulados y manejados por este canal. Sartori comenta que “actualmente, el pueblo soberano opina en función de cómo la televisión le induce a opinar”. Karl Popper siguiendo el hilo a Sartori, dijo que “la democracia no puede existir si no se controla la televisión”. Sartori responde diciendo que es un suicidio confiar “la conducción del gobierno de un país a conductores que no tienen permiso de conducir”. A este exceso interrelacionar entre política y los media, se conoce con el nombre de democracia mediática.

Estas reflexiones me sirven para analizar la involución democrática producida desde su establecimiento. Debo ahondar en la consecuencia que cierra el ciclo de la alienación ciudadana. Hablo del despotismo democrático. El eje de la televisión apunta a un término ideado por Tocqueville, pensador francés, que se hace contemporáneo. Hablo de la llamada “tiranía de la mayoría”, fenómeno que va de la mano de la televisión, ya que la programación de dicho conducto va dirigido a un grupo social, los apáticos, que representan al 70% de la población y cuyo único interés hacia la información es el ocio. Esta masa social u Homo Videns, participa en las elecciones democráticas, pero al estar influidos por la televisión actúan, de cara a este importantísimo acontecimiento, como una masa con una doxa que define el término de Tocqueville, provocando el despotismo democrático. Por eso, hoy opino que  no solo no me representan la jauría de incompetentes con ansias famélicas de poder, sino que tampoco me veo representado por esta masa apática, negligente y alienada.

Pablo Ortiz Soto
Estudiante de Humanidades Universidad San Pablo CEU
Blog: http://borrachodecultura.wordpress.com/

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2 Responses

  1. A ese final que propones cabe añadir: “pero escribo en un medio de comunicación de masas como Internet, y me doy a conocer gracias a la Red, un “media” todavía más masificado que el de la televisión”.

    Tu visión de la democracia mediática adolece, según mi “episteme”, que no mi “doxa”, de ciertos errores de concepto. En primer lugar, caer en el error en el que ya metió la pata Ortega y Gasset, criticar a la masa siendo hombre-masa y viviendo a costa de la masa (pues el periodismo al que Gasset rinde tributo vivía de la prensa, y la prensa es masa). Es lo que pasa por ser “apocalíptico”, término que le robo a Eco por venir al pelo para la ocasión. Y cito de nuevo al amigo Umberto: para criticar algo, primero hace falta disfrutar secretamente de ello. Y tú, querido Pablo, estoy seguro de que has disfrutado en más de una ocasión de la televisión.

    En cuanto al concepto de democracia mediática, también su exposición es algo confusa. En cualquier manual de opinión pública encontramos que el término “mediática” se refiere no solo a los medios de comunicación, sino también a las incursiones del neocorporativismo, el parlamentarismo, y la injerencia y separación de los tres poderes del Estado en la democracia. Los medios de comunicación son una pieza más del entramado de “mediatización” de una democracia “mediada”.

    Por último, el ejemplo de Tocqueville está fuera de lugar por haber sido descontextualizado totalmente. Hay que situar al francés en su entorno histórico-político para comprender que su desprecio hacia el proletariado a favor de la aristocracia procede del temor a que la burguesía de la que procede pierda el poder adquirido desde la Revolución Francesa. Tanto Tocqueville (“Democracia en América”), como Adam Smith (léase “On Liberty”) son demócratas hasta que ven peligrar el poder de su clase política, y eso no es democracia.

    “Los supuestos de los medios de comunicación son: informar”. No, son comunicar. La información es supuesto del periodismo únicamente. Por ello, la televisión tiene todo el derecho del mundo a entretener. La cuestión es que nosotros lo sepamos y decidamos no verla (o sí verla). Nosotros. La televisión en sí misma no tiene la culpa; ella propone, y el hombre dispone. En definitiva, creo que le das demasiada importancia a la televisión.

    P.D.: Por terminar con un tono más relajado, te recomiendo “Divertirse hasta morir”, una crítica ontológica de la televisión. Para mí, de lo mejor, todavía hoy a pesar del tiempo transcurrido, que se puede leer sobre la caja tonta (que no es tan tonta como parece).

  2. Pablo

    Visto que en el anterior comentario ya se pone algún punto sobre alguna i, me gustaría dar una pequeña pincelada sobre la “idílica” democracia griega y algunas de las expresiones usadas en el primer y segundo párrafo del artículo.

    Lo primero de todo: Pericles no fue ningún tirano, Pericles fue un ciudadano griego elegido repetidas veces, junto a otros 9 ciudadanos, como “strategoi” o general.

    La democracia ateniense debe de considerarse un gran avance, sin duda, pero no podemos olvidar que la base de la población griega eran esclavos, sin participación política; los extranjeros o “metecos” tampoco podían participar en la política aunque vivieran durante años en la poli; y no podemos olvidar a la mujer, una figura totalmente marginada en la sociedad griega y recluida al “gineceo” una sala en el hogar en el que pasaban las horas (quizá entendiendo esta degradación de la mujer se pueda comprender el por qué de las relaciones homosexuales entre los griegos).

    Tampoco podemos olvidar que muchos de los cargos eran elegidos por sorteo.

    Y ya que hablamos de masas: en Atenas ya existían varios partidos y grupos de opinión guiados, habitualmente por líderes carismáticos, que conocían y practicaban la retórica.

    Para terminar: la frase literal de Pericles está tomada de un discurso del general griego en plena Guerra del Peloponeso y su intención es hacer hincapié en los avances atenienses, pero no solo en el democrático, pues debemos recordar que Pericles fue el gran promotor de las artes en la Grecia Clásica, dejando como gran obra la Acrópolis ateniense.

    Un saludo

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