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Injusticia por soleares

Francisco Rico Rodríguez

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Hasta ahora, el sol no tenía dueño. Pero parece que dentro de poco pertenecerá al Ejecutivo español. Es decir, si tu casa o negocio cuenta con placas solares para beneficiarte de los rayos de sol, el Gobierno te aplicará una tasa por el impacto de los rayos en dichos paneles y así, no puedas ahorrar en electricidad.

Lo que parece un hecho razonable de robo, pasa en cualquier ambiente que el Gobierno quiera “regular”. Supongamos, la educación. Cada cuatro años sufrirá una reforma que limite la capacidad de desarrollo moral (y natural) de los jóvenes en virtud (o mejor dicho: en depravación) de la ideología dominante. Asimismo, el hombre será objeto del sistema (medio de producción) y no sujeto, para que no pueda modificar el orden.

En este sentido, y observando los dos ejemplos, la sociedad española ha perdido la capacidad de diferenciar “lo justo de lo injusto”. Solo puede discernir “lo bueno de lo malo” y ni tan si quiera. Probablemente, solo “lo verdadero de lo falso”. Por ejemplo: el Gobierno comunica a través de los medios que tal reforma o ley son buenas porque aumenta las arcas públicas y la oposición dice que es mala porque disminuye el poder adquisitivo de las personas (no es el caso de la oposición española). “Lo bueno y lo malo” pasa a ser justificable. Legal, pero no legítimo. En definitiva, “lo verdadero” es todo lo justificable por el actor político.

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Otro claro ejemplo llevado al súmmun -aunque podríamos gastar párrafos en dar testimonios-: el antiguo Gobierno de Zapatero llegó a un pacto con la banda terrorista ETA para que dejaran de asesinar a cambio de incorporarles en el sistema de partidos. Este hecho es totalmente injusto. En cambio, el Ejecutivo de entonces defendía que era “bueno” y consiguió transformar esa idea en “lo verdadero”, siendo totalmente injusta desde cualquier punto de vista moral o ético. Porque lo que está haciendo es justificar que el asesinato es una herramienta para entrar en el “juego democrático”.

El cómo han perdido los españoles su condición humana está claro. Ahora bien, está en la recuperación de “lo cuensitudinario” la solución. Pues es la única manera de que la Ley no sea un fin en sí misma (Constitución del 78, por ejemplo), sino un medio para asegurar la libertad política y jurídica, y que los españoles puedan desarrollarse como hombres, que es lo propio de la naturaleza humana.

Por cierto, por el bien del bolsillo de las personas con paneles solares en el tejado de sus casas, esperemos que este invierno sea de nubes, nieves y granizos. El sol ya es estatal, otro síntoma de que el Gobierno pretende controlar la naturaleza también fuera del cuerpo humano.

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Injusticia por soleares

Continúa el camino...
Para seguir siendo un pequeño principito

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