Home > Libros > ‘Una mujer en Berlín’: memorias del subsuelo

‘Una mujer en Berlín’: memorias del subsuelo

Ficha técnica

Título: Una mujer en Berlín

Autora: Anónima

Editorial: Anagrama

Año: 2013

Páginas: 328

Precio: 19,90 €

 

 

 

 

 

 

 

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


«Escribir estas líneas significa ya un esfuerzo, pero es un consuelo en mi soledad, una especie de conversación, un abrir mi corazón. La viuda me ha contado agitados sueños con rusos que sigue teniendo. En cambio, a mí no me vienen los sueños, probablemente porque lo vomito todo sobre el papel».

Decía Alfonsina Storni, para quien su único hogar fue la poesía, que en algunos periodos de su vida escribió para no morir. Escribir para no morir o escribir por no morir, porque nada cabe ya en el alma, pero tampoco nada hay. Años después de Alfonsina, a un océano de distancia, otra mujer hizo de la escritura la misma tabla de salvación: entre abril y junio de 1945, en la desolada y desoladora Berlín, una joven alemana escribió un diario destinado a convertirse en crónica del final de una guerra. «Una experimenta la historia de primera mano, sucesos que luego serán canciones y textos».

Tras el largo y complejo periplo que experimentó el libro desde su primera publicación, en 1954, de la mano del crítico y periodista Kurt W. Marek –a quien la propia autora confió sus manuscritos–; Anagrama reeditó recientemente en su colección Otra vuelta de tuerca las desangeladas memorias de Una mujer en Berlín (llevadas al cine en 2008 por Max Färberböck). Memorias de una mujer que vivió la pobreza material y moral de la guerra y que, para (o por) no morir en ella, lloró su desconsuelo en unas hermosas páginas llenas de sobrecogedora cotidianeidad: «Fue el único día que vi a alguien dar algo a otra persona. Lo normal en estos días es que cada uno guarde y oculte lo que tiene, y nadie piensa en absoluto en dar nada».

Berlín
Fotograma de ‘Anónima. Una mujer en Berlín’.

La oscuridad del ser humano aflora cuando roban de sí la luz. El hambre, el frío, la incomprensión. Una ciudad arrasada donde mujeres, enfermos, ancianos y niños tratan de sobrevivir ahogados bajo el ruido atronador de las bombas y el afilado silencio de la incomunicación. Sólo los rumores como alimento de la esperanza o la desesperación, en un suceso impreciso y eterno de jornadas. «Calculé que estábamos a domingo, 29 de abril, Pero “domingo” es una palabra civil, sin sentido en estos tiempos. El frente no tiene domingos». Triste y ardiente resignación en un campo minado de egoísmo y desoriento, antes lugar habitable, donde la escritora, cambiando algunos nombres y ocultando siempre el propio, narra un día a día atormentado por el miedo y guiado por los instintos. Buscar comida, aliarse con quien la posea, regresar al trueque, sucumbir al chantaje, desarrollar el olfato y la astucia, caer en un cíclico movimiento donde la moral no encuentra hueco. «Tenemos incluso la libertad de sepultar a nuestros muertos donde nos place, como en la prehistoria».

‘Una mujer en Berlín’ es el testimonio histórico y humano de la cotidianeidad de la guerra contada desde un dolor que se endurece y hace distante, que se protege.

Hacerse a una nueva vida que no se ha escogido en el Berlín de un Hitler agonizante, que se ve agravada con la llegada invasiva de los rusos, hombres que salen y entran en los diarios y en la vida de Anónima como puñales imposibles. Sucesos que tanto ella como muchas otras mujeres se ven obligadas a vivir, sucesos antaño percibidos como una pesadilla ajena y que, de pronto, en el tumulto gris de los días se convierten en una indiferente costumbre que precede al sueño. «¿Qué significa violación? Cuando escuché esa palabra en voz alta el viernes por la noche en el refugio, me recorrió un escalofrío por toda la espalda. Ahora ya puedo pensar en su significado, la puedo escribir sin que me tiemblen las manos. La pronuncio para mí, para acostumbrarme a su sonido».

Inimaginable cotidianeidad contada en estos diarios desde un dolor que se endurece y hace distante, que se protege. Nada de lo que acontece a su alrededor le es ajeno, mas todo lo transcribe como si, en vez de estar viviéndolo con cada poro de su piel, fuera una espectadora que sobrevolaba los resquicios de una capital aquellos últimos meses de guerra. La destrucción anestesió su calidez, cayendo sobre las hojas en forma de un lenguaje cultivado que, acostumbrado a redactar literatura, se vio de pronto describiendo desde la más simple de las banalidades a la más terrible de las certezas o la más irónica de las verdades: «Siendo como somos los occidentales, viejos y sabihondos… y ahora no somos nada más que polvo bajo sus botas…». Palabras nacidas del vacío en un calendario sin números, palabras llenas de valentía y asombro que constituyen, como define en el epílogo de la edición Hans Magnus Enzensberger, unas magníficas «memorias del subsuelo». Memorias de una mujer, anónima, una persona al fin y al cabo, que vivió y decidió contar(se) la deshumanidad de la guerra. El error más grande que, aun hoy, se sigue cometiendo.

Continúa el camino...
Breve historia de todos los que han vivido
Breve historia de todos los que han vivido: la genética que nos une
Memoria contra el olvido. Las escritoras de la generación del 27
Umbral de tiempo recogido. Poesía de Mario Vega
Decir Idea alcanza

Deja un comentario

Este sitio emplea cookies propias y de terceros para mejorar su calidad. Si continúa navegando o utiliza el scroll de navegación vertical, aceptará implícitamente el uso de Cookies. Puede consultar más datos en nuestra Política de Cookies

Las opciones de cookie en este sitio web están configuradas para "permitir cookies" para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si sigues utilizando este sitio web sin cambiar tus opciones o haces clic en "Aceptar" estarás consintiendo las cookies de este sitio.

Cerrar