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Una historia contada a ciegas

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"Sueños de Bunker Hill" - John FanteTítulo: Sueños de Bunker Hill

Autor: John Fante

Año: 2002

Editorial: Anagrama

Páginas: 150

Precio: 12 €

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Óscar de la Vega Rojas
@oscar1317

Hace poco hablábamos de Ishiguro y de cómo en el Viejo Continente los escritores eran, por lo general, primero novelistas y luego cuentistas. En Estados Unidos pasa justo lo contrario. Ya desde principios del siglo XIX, cuando este país contaba con apenas treinta años de vida y empezaban a manifestarse los primeros autores de lo que después llamaríamos el “renacimiento americano”, identificamos las formas de expresión preferidas como el cuento o, en todo caso, la novela corta. Es verdad que también hay novelistas como Fernimore Cooper, autor de El Último de los Mohicanos, pero hasta bien entrado el siglo XIX, con figuras como Mark Twain o Herman Melville no tenemos verdaderos maestros norteños de la novela. Por otro lado, el cuento siempre ha tenido buena acogida en la literatura al otro lado del continente. Ya desde Hawthorne o Irving apreciamos el uso de esta forma.

Y así llegamos hasta el siglo XX, cuando después de la Primera Guerra Mundial figuras como Hemingway, Faulkner o Fitzgerald alcanzan gran fama internacional. Pero toda esta cara brillante de la literatura americana tiene también una oscura o, como fue llamado, “realismo sucio”. Este movimiento aparecido a partir de los años treinta nos muestra una cara diferente de lo que fue el sueño americano.

Uno de sus escritores fetiche fue John Fante, guionista de Hollywood con deseos de escritor que no alcanzó la fama una vez muerto, siguiendo la estela de escritores como Bukowski o Raymond Carver, aunque en realidad sea anterior a éstos y fuesen ellos los que admiraban a Fante. En este caso hablamos de Sueños de Bunker Hill, un libro que nos cuenta los comienzos de Franco Baldini, alter ego del escritor que vive en una pensión de mala muerte de Los Ángeles dónde se gana la vida como camarero mientas intenta abrirse paso en el mundo de la literatura. Poco a poco consigue abrirse hueco y llega a guionista para una productora que, aunque le paga bien, no le deja cumplir su sueño y llegar a hacer lo que realmente quiere escribir. Después de esta mala experiencia consigue trabajo con una “reputada” guionista de la que aprende que Hollywood, como casi todo en la vida, es una fachada. Finalmente, en un viaje de ida y vuelta a su hogar en Colorado aprende que en una ciudad que se succiona los sueños de la gente, siempre acabas siendo parte de lo que menos quieres.

John Fante

Destacan temas como el alcohol, la pobreza, la situación de los italoamericanos o la batalla diaria por salir adelante en un mundo hostil en el que solo existe el día a día. También es importante el tema del amor, en este caso una historia imposible entre el protagonista y su casera, que se rompe no por deseo suyo ni la injerencia de algún otro, sino a causa de la propia atmósfera opresiva en la que siempre nos movemos en la novela, que parece acabar con cualquier esperanza de Arturo por poder alcanzar algo de estabilidad, satisfacción o futuro.

Vemos un estilo en el que destaca sobre todo la parquedad, las frases cortas y explícitas. Ninguna metáfora o figura artificial adorna la lectura. Es un lenguaje explícito, nada de medias tintas. Como todo relato semiautobiográfico, parece tremendamente realista, además de dar una imagen de la ciudad que recuerda visualmente a Chinatown de Polanski. Todo esto se refuerza por el periodo en el que se localiza la historia, situada en el periodo de entreguerras, y más concretamente en La Gran Depresión, aunque la novela en ningún momento haga referencia a ello y así la sensación de sequedad y aspereza que trasmite quede aún más marcada.

Pero no todo es negativo o una historia en la que no veamos ningún futuro brillante. Fante consigue que entre todo lo anterior también quede algo de espacio para el humor. Es verdad que no es un humor positivo del que consigamos reír, sino más bien ese humor negro que le queda a uno cuando las cosas no van como queremos y solo tenemos dos opciones, reír y seguir adelante o llorar. O como en este caso, reír o beber y seguir adelante. Porque como nos dice Arturo “Bunker Hill no era para siempre”.

Cabe destacar como anécdota que John Fante dictó a su mujer esta obra una vez que perdió la vista.

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