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Una búsqueda a todo riesgo

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"Operación masacre" - Rodolfo WalshTítulo: Operación Masacre

Autor: Rodolfo Walsh

Editorial: 451 Editores

Páginas: 232

Precio: 17,50€

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Fernando Bonete Vizcaino
@ferbovi


Pocos periodistas, llegada la hora de la verdad, están preparados o son capaces de darlo todo por ella. Me refiero a ir hasta el final, a entregar la propia existencia por afirmar lo que es cierto y negar lo que no lo es, con todas sus letras y con los puntos sobre las íes. Y si son escasos los informadores que pondrán su vida en juego por lo único que merece la pena hacerlo en esta profesión, los habría todavía menos que lo hicieran con calidad. Pero sobre todo, no encontraríamos a ninguno con la maestría de Rodolfo Walsh.

Cuenta Roberto Herrscher que “cuando Virginia Woolf leyó a Proust pensó en dejar la escritura para siempre –y también que- el pianista Claudio Arrau estaba preparando una grabación de obras de Bach cuando escuchó a la clavecinista Wanda Ladowska y lo dejó”. Del mismo modo, señala Herrscher, “el escritor que me hizo consciente de mis limitaciones y de las inmensas posibilidades de la prosa en manos de un gran talento fue Rodolfo Walsh”.

rodolfo-walsh

No es el único caso. Muchos informadores se han replanteado ya su vocación después de leer al periodista argentino. Rodolfo fue primero autor de historias detectivescas, mitad lógica británica, mitad novela negra norteamericana, como la imprescindible Variaciones en rojo (1953). Más tarde, en 1956, un año después del golpe de Estado que desalojara al presidente Juan Domingo Perón del poder e instaurara un régimen represivo, él mismo se convirtió en detective para resolver los enigmas de una de las barbaries policiales más sangrientas de la historia argentina: el fusilamiento de un grupo de personas inocentes tras el fallido levantamiento peronista de Valle.

…se detuvo a un grupo de hombres antes de entrar en vigencia la ley marcial; que no se les instruyó proceso; no se averiguó quienes eran; no se les dictó sentencia; y se los masacró en un descampado.

La denuncia de esta injusticia es Operación Masacre. Tras descubrir a “el fusilado que vive”, el superviviente Juan Carlos Livraga, Walsh inicia la intensa búsqueda: un año de entrevistas, registro de documentos, hallazgo de testigos… meses de extraer hasta el último detalle de lo ocurrido que arrojan como resultado el descubrimiento de hasta siete sobrevivientes de la atrocidad y el relato que de mayo a julio de 1957 se publicó en la semanario Mayoría. De 1964 es la versión definitiva, con prólogo, epílogo y algunos cambios en las evidencias fruto del avance de la investigación, que nos llega hoy en libro gracias a 451 Editores.

Rodolfo Walsh

Por el epílogo, además de los propios testimonios autobiográficos escritos por Walsh, sabemos de primera mano el cambio que estos sucesos y su cobertura produjeron en el argentino:

Cuando escribí esta historia, yo tenía treinta años. Hacía diez que estaba en el periodismo. De golpe me pareció comprender que todo lo que había hecho antes no tenía nada que ver con una cierta idea del periodismo que me había ido forjando en todo ese tiempo, y que esto sí, -esa búsqueda a todo riesgo, ese testimonio de lo más escondido y doloroso-, tenía que ver, encajaba en esa idea.

Este extracto, además de dejarnos una preciosa reflexión acerca del compromiso entre la profesión informativa y la realidad, nos lega la definición más certera de la novela de investigación periodística: “una búsqueda a todo riesgo”. Un género al que el propio Rodolfo Walsh da a luz con Operación Masacre. Ocho años antes de que Truman Capote se jactara falsamente de haber creado la novela de no ficción con A sangre fría (1965), el maestro Walsh ya había sentado sus bases.

Es una torre de hombre este Vicente Damián Rodríguez, que tiene treinta y cinco años, que carga bolsas en el puerto, que pesado y todo como es juega al fútbol, que guarda algo de infantil en su humanidad gritona y descontenta, que aspira a más de lo que puede, que tiene mala suerte, que terminará mordiendo el pasto de un potrero y pidiendo desesperado que lo maten, que terminen de matarlo, sorbiendo a grandes tragos la muerte que no acaba de inundarlo por los ridículos agujeros que le hacen las balas de los máuseres.

El envío de su celebérrima denuncia pública Carta abierta de un escritor a la Junta militar, concluyó con su secuestro la misma mañana del 24 de marzo de 1977, en que él mismo realizaba su reparto por los buzones de las casas bonaereses. Por su compromiso ilimitado, Rodolfo Walsh es hoy “un desaparecido que vive”.

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