Home > Libros > Teatro > Cartas de amor

Cartas de amor

Ficha técnica

cartas-de-amorAutor: A. R. Gurney

Versión y dirección: David Serrano

Reparto: Julia Gutiérrez Caba y Miguel Rellán

Escenografía y vestuario: Mónica Boromello

Iluminación: Ion Aníbal López

Distribución: Producciones Teatrales Contemporáneas

Ficha técnica

Teatros del Canal. Sala Verde

Hasta el 23 de octubre de 2016

Martes a sábados, 20:30 h. Domingos, 19:00 h

Duración: 1h 30min

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


Existió, y fue amor. Porque ocurrió la primera mirada, llamada curiosidad, llama encendida por nadie que por azar o destino surgió así, de entre el resto de la madera, y la otra persona vio, porque estaba ahí para verla. Existió porque ese hola, primera palabra compartida, valiente; fue pronunciada. Existió porque existieron todas las demás palabras. Una tras otra, cada vez más y más juntas y más valientes. Existió porque allí estuvieron durante todo ese tiempo sus manos escribiéndolas. Escribiendo y silenciando prudencias y temeridades, sueños y pesadillas, aciertos y errores. Tensando la cuerda, tirando de ella, soltándola. Gritando entre líneas la imposibilidad.

Cartas de amor allí, entre ellos, tantos años. Porque de eso es de lo que hablaban cuando hablaban de todo lo demás. Porque todo el ruido no era más que los bordes del silencio, los márgenes dentados que destruían lo construido por su imaginación, por sus amordazados deseos, por lo que sin nombre palpitaba. Cartas de amor a destiempo, a deslugar. La historia de dos personas opuestas que se descubrieron paralelas.

Melissa Gardner y Andrew Ladd III, amigos de la infancia, comienzan a escribirse cartas a partir de la fiesta por el octavo cumpleaños de ella. Las misivas, entonces breves, inocentes y tímidas, discurren en el tiempo madurando en su contenido y tono, bailando entre sutilezas y verdades, entre indirectas y mensajes encriptados, a la vez que ellos mismos crecen y tratan de encontrar su lugar en la sociedad y, lo que no es menos importante, el lugar que ocupa el otro en su universo. Despreocupada Melissa, que siempre tuviste todo a tu alcance, cuantas más cartas se sucedían y, con ellas, los años, más fuiste perdiéndolo y perdiéndote tú en tu inseguridad. Sereno Andrew, que nunca conociste el despilfarro ni el caos, te centraste tan serio y prudente en tu futuro, supiste cómo llegar lejos.

Y así la vida les fue separando y uniendo a otras personas, a otras responsabilidades, libertades y ataduras. A que fuera demasiado tarde. Porque con ellas llegó una soledad nueva, una ausencia que sólo las cartas del otro sosegaban. El amor pendiente. Y quizá en algún punto entre ambos caminos, recóndito de luz, entre la cuesta arriba y la cuesta abajo, lograsen al fin encontrarse. Al otro lado de las cartas. Cuerpo a cuerpo. Para ser verdad.

Cartas de amor
Promo ‘Cartas de amor’

Albert Ramsdell Gurney, dramaturgo y novelista americano, concibió en su origen Cartas de amor como una prosa. Hasta que la revista The New Yorker, al rechazar el texto argumentando que ellos «no publicaban teatro», le dio la idea de reescribir la historia, su molde, su lenguaje, para adaptarla a un escenario. Desde su primera representación, en 1988, Cartas de amor no ha dejado de viajar por todo el mundo. La historia de Melissa y Andrew revivida tantas veces bajo tantos rostros y acentos, frente a tantos ojos que la habrán hecho suya, recordando sus propias historias, recordando aquella vez que tuvieron a alguien tan lejos y lo sintieron tan cerca.

Ahora en Madrid, y hasta el próximo 23 de octubre, David Serrano dirige a Julia Gutiérrez Caba y Miguel Rellán en una nueva versión de la obra que se representa, se revive, cada tarde en los Teatros del Canal. La sencillez ordena el espacio, pues, como ya dijo el propio Gurney, sería una equivocación realizar una puesta en escena compleja e, incluso, que los actores memorizasen el texto. Words, words, words. Las palabras son el núcleo, el puente, la magia. Y así lo ha procurado Serrano, dejando que sólo ellas hablen, a través de las voces de Julia y Miguel; acertada elección para los papeles de la pasional e insatisfecha Melissa y el cauto y racional Andrew. Pese a las buenas interpretaciones, ambos actores dejan entrever, aun con disimulo, la incomodidad de permanecer en una misma postura la hora y media que dura la representación –después de todo, debe ser complejo para un actor no poder mover el cuerpo al ritmo de lo que recita, dejar salir la emoción–, pero la lectura de las cartas que los dos van dejando grácilmente caer equilibra la falta natural de ese dinamismo.

Y así como tanta calidez desprende la obra, tanto de sentimientos encontrados y anudados, tanto de humano; tan desangelada resulta la sala donde todo ello cobra vida. Fría la Sala Verde, con su luz fluorescente, su extraña traslación de antiguo corral de comedias. Pero, al fin y al cabo, es lo que ocurre en el cuarto lado del cuadrado, el único iluminado, lo que realmente importa. El amor no pronunciado de Melissa y Andrew. El amor escrito. Porque existió, porque fue real. Porque reales fueron las dos personas que durante tantos años se dibujaron y desdibujaron haciendo equilibrios entre las letras. Buscándose. Buscando el momento, su momento. Buscando si realmente había escrito un momento para ellos.

Continúa el camino...
Matemática y onírica Maruja Mallo
«Le Redoutable». Cuando Godard mató a Godard
Chantal Maillard y el ‘re-cordis’ de «La razón estética»
«Médula» de Aurora Luque

Deja un comentario

Este sitio emplea cookies propias y de terceros para mejorar su calidad. Si continúa navegando o utiliza el scroll de navegación vertical, aceptará implícitamente el uso de Cookies. Puede consultar más datos en nuestra Política de Cookies

Las opciones de cookie en este sitio web están configuradas para "permitir cookies" para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si sigues utilizando este sitio web sin cambiar tus opciones o haces clic en "Aceptar" estarás consintiendo las cookies de este sitio.

Cerrar