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¡Ale, a hacer Flashback!

cartel zalamea

Juan González Laborda


Un año más, el pueblo de Zalamea de la Serena (Badajoz) volvió a hacer flashback, como en la obra maestra de José Luis Cuerda, Amanece que no es poco (1989). Y es que ya alcanza la vigésimo primera edición de una representación llevada a cabo por los propios vecinos de la localidad extremeña que, sin ser profesionales del arte dramático, consiguen mostrar con humildad y pasión los inmortales versos de Don Pedro Calderón de la Barca, ubicando su obra “El alcalde de Zalamea” en esta legendaria villa. Sirviéndose de la historia real que situó a Felipe II en su paso por la zona mientras iba a ser coronado Rey de Portugal.

Esta obra de arte del siglo de oro español trata sobre el honor mancillado, sobre justicia de verdad, y no la que imponen los jueces, sobre la impunidad de ciertos actos según quien sea el ejecutor de los mismos y sobre la eterna posición de inferioridad de la mujer frente a los hombres ‘protectores y gestores’ de sus virtudes y sus libertades. Un tema muy extrapolable en una época en la que se frivoliza con agresiones sexuales aludiendo supuestas ‘provocaciones’, situaciones en las que incluso se equiparan víctimas y violadores, reflexión que evidencia lo poco avanzado en temas tan capitales.

Representación-de-El-alcalde-de-Zalamea figurantes

En cuanto a la dirección de la obra, cabe destacar la sincronización, contando con treinta actores principales y más de 200 figurantes (sumando soldados, villanos, niños y animales). Por otro lado, no merecen desprecio las actuaciones de aquellos que practican su oficio particular lejos de los escenarios aunque ciertos personajes que ya han sido encarnados por el mismo vecino durante varios años consiguen que en ellos se refleje la inspiración de la mismísima Talía. Véase el caso del actor que encarna al mismo Pedro Crespo, Alcalde de Zalamea, que llega a erizar el vello del cuerpo gracias al purismo que transmite o el que interpreta a Don Mendo, el hidalgo gracioso de la villa que pretende a la hija del mismo Pedro Crespo. Así como la fugaz pero hilarante aparición de la lavandera llana y sencilla pero aguda y jocosa que arranca las carcajadas de todos los presentes.

Aunque la impresión que deja la representación entre los espectadores es bastante dispar, aquellos que conocen la obra quedan prendados por la gran capacidad del pueblo ilipense para transmitir las enseñanzas y consejos del autor de La vida es sueño, adaptado por Francisco Brines. Esta obra ya cuenta con la Medalla de Oro de Extremadura, máxima distinción a una institución en la región. Así como el hecho de ser considerada Fiesta de Interés Turístico Regional.

La obra teatral se enmarca dentro de las fiestas de la localidad que ofrece rutas turísticas guiadas y gratuitas, representaciones callejeras, desfiles de los tercios, cetrería, juegos infantiles típicos durante el siglo de oro y exposiciones temáticas. Festejos que honran cada año a la mítica literatura de Calderón de la Barca con la ilusión de un pueblo entregado, así como del beneplácito y complacencia de los miles de visitantes que se acercan todos los años durante un fin de semana para ver la villa engalanada por el paso del monarca Felipe II.

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