Home > Libros > Màxim Huerta y el mar

Màxim Huerta y el mar

Ficha técnica

Elsa y el Mar Imagen

Título: Elsa y el Mar

Autor: Màxim Huerta

Ilustraciones: María Cabañas

Editorial: Frida Ediciones, La casa azul

Año: 2016

Págs.: 56

Precio: 15€

Eva Pérez Ramos
@Eva_Carrie


Para la pequeña Estela y su siete de sol

Me tomo la licencia de escribir en primera persona  porque me acerqué a este cuento con la curiosidad de un lector, que, tras leer las novelas de Màxim Huerta, se “sorprendía” con la publicación de este cuento para niños. Pero he de decir, que en esa sorpresa, y casi al instante, reconocí, sonriendo, que era inevitable que Elsa y el mar saliese a la luz. Las emociones, narradas en la pluma de este novelista, son casi físicas, visibles. En El susurro de la caracola están a flor de piel, y si hablamos de La noche soñada nos encontramos a Justo Brightman, un niño de 12 años, que describe el amor desde su infancia hasta su madurez. Elsa y el Mar nace también, estoy segura, del yo del autor, quien en sus redes sociales —cuidadas y excelentes— vuelca su quehacer literario convirtiendo lo que escribe en ellas en microcuentos, en sugerentes y evocadoras ensoñaciones que, seguramente, son noveladas.

Lo primero que me surgió al leerlo fue: ¿esta historia realmente la comprenderán los niños? Y he de reconocer que me equivoqué. Miré con los ojos de un adulto; no con la inocencia de un niño para quien todo es nuevo, virgen, intacto… Una vez más había subestimado al pequeño lector. Error que cometemos todos, sin excepción.

Hice un “trabajo de campo”. Pedí opiniones a personas que desde Twitter habían volcado sus sensaciones y las de sus hijos al leer con ellos este cuento y, amablemente, me respondieron entusiasmados. Me ayudó a recordar que, si bien el subgénero del cuento nació desde la oralidad, este relato venía a confirmar esta premisa con mayor fuerza. El cuento infantil pide ser narrado oralmente.  El cuento requiere de la intervención de un tú que cuenta y un yo que escucha. ¡Quién no recuerda la historia de Caperucita contada por el abuelo, la abuela, mamá o papá! Cada uno de ellos con su acento, su peculiaridad y sus añadidos particulares, que cobraban magia al ser leídos. Solo basta desear contarlos, abrir la boca y comenzar a decir: “Había una vez…” Los niños se acurrucan a nuestro lado, posan sus manitas sobre nuestros brazos, nos miran, miran el libro y se disponen a escuchar… Recrean las historias, preguntan, añaden detalles que ni siquiera nosotros percibiríamos. Comprendes que no es necesario comprenderlo todo (y aprendes de ellos), que no es necesario darles todo, porque ellos construyen con la imaginación.

Maxim Huerta
Máxim Huerta, periodista y escritor y María Cabañas, ilustradora (del Instagram personal de @maximhuerta)

Por otro lado, el hilo argumental de Elsa y el mar es sencillo. Elsa quiere ser una aventurera y para ello escoge un globo rojo con el que volar hasta el cielo. El globo se pincha, se escapa, debe dejarlo ir… Su Mamá le muestra un barquito de papel lleno de letras. La niña, reticente al inicio, acoge ese barco lleno de letras y comienza a viajar: viaja con su imaginación. La pequeña descubre que “no para de soñar” y que está hecha para algo maravilloso: “—¿Qué quieres ser de mayor Elsa? (…)—Quiero ser una niña feliz”. El barquito desaparece, porque “quizá” pasa el tiempo y nos hacemos mayores. Elsa recibe un timón de la mano de su abuelo: un timón y una consigna. No sabe qué es: “Tu corazón. Debes cuidarlo” —le dice. Elsa, llena de confianza, con la confianza intacta que tienen los niños asevera: “Lo cuidaré”. No hay más. Se fía.  “—¿Qué debo hacer? Leer”.

Este maravilloso relato posee la inmensa cualidad de la inmediatez. Tiene unas imágenes/metáforas muy potentes: un globo rojo, un barquito de papel, un timón… Y unos personajes arquetípicos: la madre y el abuelo.  Las ilustraciones de María Cabañas son una maravilla: expresivas, con colores que llaman mucho la atención a los niños… Los pequeños, junto a Elsa, quieren ser (en palabras de un pequeño lector) “viajadores”, como ella, y se sienten identificados cuando ven al abuelito, porque también les gusta hablar con sus abuelos.

Màxim Huerta escribió este cuento para el niño que fue, el niño que es. Necesitaba decirse a sí mismo, contar su propia historia en este elogio a la lectura que le ha cambiado la vida (como lo hizo con Justo, su personaje). El autor habla a los niños, al alma de un niño, pero sabe que esta lectura será compartida, recreada, ensoñada, dibujada… Es un alegato invisible a la lectura en voz alta… Un alegato a esa relación insustituible entre unos padres y sus hijos, entre un adulto y un niño.

Continúa el camino...
Michael Hamburger. Materia de espejo para las palabras
Las fronteras del microrrelato español e hispanoamericano
«El libro de los Baltimore» engancha pero no llena
El tesoro de G. Ménage: «Historia de las mujeres filósofas»

Deja un comentario

Este sitio emplea cookies propias y de terceros para mejorar su calidad. Si continúa navegando o utiliza el scroll de navegación vertical, aceptará implícitamente el uso de Cookies. Puede consultar más datos en nuestra Política de Cookies

Las opciones de cookie en este sitio web están configuradas para "permitir cookies" para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si sigues utilizando este sitio web sin cambiar tus opciones o haces clic en "Aceptar" estarás consintiendo las cookies de este sitio.

Cerrar