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Eduardo Mendoza: ‘Mauricio o las elecciones primarias’

Reseña de libro: Mauricio o las elecciones primarias

Ficha técnica

mauricio-o-las-elecciones-primarias-1Título: Maurio o las elecciones primarias

Autor: Eduardo Mendoza

Editorial: Seix Barral

Páginas: 384

Precio: 8,95€

 

 

Luis Melgar Blesa


Lo reconozco: Eduardo Mendoza siempre ha sido uno de mis escritores pendientes. En mis tres décadas de existencia solo había leído una de sus novelas, Sin noticias de Gurb (1991), por lo que decidí que agosto, ese mes en el que las grandes cabezas de nuestra orbe se dedican a leer todo Proust, todo Shakespeare o alguna de esas tareas de intelectualidad ingente, yo iba a dedicarlo a ponerme al día con el autor barcelonés. Por supuesto fracasé, como seguro que fracasan los que pretenden leer todo Proust, pero pese al fracaso me llevo un par de novelas de Mendoza que me alegraron y me acompañaron esos extraños días de verano.

Mauricio o las elecciones primarias (2006) es una novela que me dejó una sensación extraña. No hay duda de su calidad como novela, pero no era exactamente lo que esperaba encontrar. Yo la cogí pensando que iba a leer una novela política, un relato sobre la política del momento, 2006, que  fuera una disección de nuestra España, Catalunya y Barcelona y que, en forma de novela, hablara de  los dos años del gobierno Zapatero, el Tripartito Catalán, Montilla, Hereu et al. donde se incluyera, además, esa forma tan nuestra de ejercer de oposición, se hablara de los partidos nacionalistas, de la jubilación de Aznar, en fin, esas cosas. Mea culpa, por supuesto. Si tan solo hubiera leído la contraportada habría podido saber que poco de lo que esperaba iba a encontrar en el libro. Para empezar, la época en la que transcurre la novela es muy anterior al momento de su publicación. Mendoza nos trae una ficción sobre Barcelona, que sucede entre las segundas elecciones autonómicas (que ganará Pujol), 1984, y la designación de la ciudad como sede olímpica. El protagonista es Mauricio, un dentista que regresa a Barcelona tras haber cursado en Madrid la especialidad de estomatología. Mauricio es, al principio, un personaje un poco anodino, gris, plano. Un hombre joven sin aspiraciones en la vida, carente de pasiones, de proceder mecánico o autómata, acomodado en un devenir aparentemente insustancial, propio de la inercia. Sin embargo Mendoza nos enseñará su mundo interior a través de su narrador omnisciente y observaremos los cambios que se producen en el personaje.

Jordi Ouyol, Presidente de la Generalitat de Cataluña, durante un mitin. Publicado en nº 294, junio 1984
Jordi Ouyol, Presidente de la Generalitat de Cataluña, durante un mitin.
Publicado en nº 294, junio 1984

Permitidme que explique un poco cómo es el juego en el que nos sumerge Mendoza. La novela se inicia con un prólogo desconcertante, una disquisición de una página sobre la eternidad de los ángeles. Uno lo lee como si nada, aunque al acabar la novela uno vuelve a él, y encuentra un poco más de sentido. Sea como sea, el desarrollo de la novela se inicia cuando Mauricio se encuentra en la consulta donde trabaja a un ex compañero de escuela, Fontán, y este le invita a cenar. Asistimos a la cena, y a una conversación que nos desentraña la condición social de ambos personajes y nos da pistas sobre la forma de pensar de Mauricio. También nos aporta datos sobre sus ideales políticos. En el caso de Mauricio, que es quien nos interesa podemos leer lo siguiente: izquierdoso en el colegio, de bracete con los comunistas en la facultad pero sin afiliarse jamás al Partido porque “no tenía un auténtico deseo de destruir la sociedad que me había tocado vivir. El mundo era injusto pero a mí ya me parecía bien”. Ahora “procuro no claudicar de mis antiguos principios, que ya es algo. Con los años me he ido volviendo pragmático: un avance real, el más pequeño, vale más que cualquier promesa o que cualquier expectativa”. Esa forma de acomodarse en la mundana injusticia desde el pragmatismo, de vestirse con la camisa estrecha y mal cosida de la realidad, será el tema central de la novela. La contraposición de un mundo que languidece equiparado a la fiesta de los setenta de la revolución democrática, el entierro de la dictadura y la eterna e infinita posibilidad de construir un país nuevo, asemejada también a un momento de juventud, o de ideales de juventud, de los protagonistas frente a la auténtica realidad, con un país difícil de reformar en lo nuclear (el poder es el poder) y donde todas las utopías siguieron siendo eso, utopías.

Pero vayamos por partes. La relación de los antiguos condiscípulos sigue y en una velada en casa de Fontán la novela amplía el número de personajes y diversifica las tramas: por un lado, Mauricio conoce a Clotilde, una abogada recién licenciada con la que comenzará un romance que será el plano de acción de la novela; del otro, entran en escena Víctor Alemany y Andreu Fitó, dos “peligrosos bolcheviques recién salidos de la tintorería; quiero decir blanqueados por las urnas”, es decir, dos miembros del PSC (Partit dels Socialistes de Catalunya-PSOE), que proponen a Mauricio formar parte de la lista a la Generalitat en las elecciones de 1984. Así se desarrolla el inicio de la novela, con dos tramas fundamentales: el inicio de un romance con Clotilde y, al principio, la toma de decisión de Mauricio sobre si aceptar o no la propuesta de los socialistas. Es en aquí, cuando Mauricio consulta a Clotilde sobre si aceptar o no, donde asistimos a uno de los pocos pasajes de análisis político de la novela:

“(Clotilde) – No puedo decidir por ti. Ahora, un consejo sí te voy a dar. No lo seguirás, pero te lo daré igual. Si por mala conciencia te crees en la obligación de sacrificar tus horas de ocio a la política, no hagas campaña con los socialistas.

(Mauricio) – ¿Por qué no? Son los nuestros.

– Precisamente. El partido socialista es el partido de los fracasados y los zascandiles como nosotros. Primero quisimos hacer la revolución y al final nos hemos quedado con el Estado del bienestar. Yo voto socialista, por supuesto; los demás son peores. Incluso es posible que el PSOE vuelva a ganar. Pero como ganará por el voto de los inútiles, lo seguirá haciendo fatal y durará poco. Bebió un sorbo de cerveza y continúo: El partido socialista se basa en la falta de ideales. Ni la santa tradición ni la revolución permanente. Sólo gestión y distribución. Poco estimulante, salvo que sea novedoso, como en España. Todo nos parece bien comparado con lo que hemos tenido. Pero cuando nos acostumbremos, veremos que detrás de la práctica diaria no hay nada. Peor aún: le veremos las interioridades al partido y no nos gustarán. Un gobierno sin ideología ha de mantener un nivel muy alto de eficacia y honradez, y eso no está al alcance de nadie. En cuanto hayan puesto la casa en orden y la gente vea que poco o nada cambia, vendrán las viejas retóricas y los harán a un lado. Embarcarse con ellos es ir de cabeza al fracaso. Esto por lo que se refiere a los socialistas en general. Aquí el panorama es aún peor. Cataluña es ingobernable. Durante siglos hemos funcionado a nuestro aire, sin estamento político, y no estamos preparados para encajar en una estructura de poder. Estamos acostumbrados a vivir en la periferia de un estado incompetente y a sobrevivir a base de pactos secretos, acuerdos tácitos y chanchullos disimulados, bajo el velo de un nacionalismo sentimental, autocompasivo y autocomplaciente. En Cataluña la política es un circo de pulgas para un público embrutecido por el fútbol y el virolai. Jordi Pujol entiende la situación y por eso gana y volverá a ganar. Su partido no es tal partido, sino una asociación de hombres de negocios que dirigen el país como lo que es: un negocio.”

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Finalmente, y pese al consejo de Clotilde, Mauricio acepta formar parte de la candidatura, por lo que se ve obligado a dar algunos mítines. La ilusión inicial se desmorona rápidamente al confirmar a la primera de cambio la insignificancia de su persona dentro del aparato del partido, la falta de organización, de ideas y de discurso y, por qué no decirlo, la falta de glamour de los lugares a los que lo envían. Mauricio pasea por el extrarradio de Barcelona, por los barrios obreros, y de repente se ve rodeado de personajes lumpen, desclasados, de antiguos activistas vecinales que realizaron su lucha en la clandestinidad y que le muestran un lugar y una forma de vida que le queda muy lejano. Fundamentales serán a partir de aquí personajes como Brihuegas, antiguo militante socialista, o mosén Serapio, cura obrero, megalómano y beodo. Pero si hay un personaje que destacará de entre todos ellos será la Porritos, una ex yonki con quien Mauricio establecerá un triángulo amoroso en el que ocupara el lugar central, creando un juego de espejos contrapuestos donde dos realidades (la de la clase de Mauricio y Clotilde y la de la Porritos) convergen y se debaten en el interior de Mauricio mostrándonos ampliamente su mundo interior.

Así se perfila, poco a poco, el tema fundamental de la novela: el de una clase y generación de personas bien, descontentas sí, pero con las necesidades cubiertas. Tienen buenos estudios, familias con posibles y aunque tienen dificultades para alcanzar la felicidad su vida se debate entre si comprar un coche o no. Por supuesto hay una cierta frivolidad en los personajes, pero no se trata en absoluto de sujetos planos. El narrador, como buen omnisciente, da una ingente información sobre las inquietudes de los protagonistas por lo que la obra va más allá de un simple juego de caracteres.

Mendoza escribe Mauricio y las elecciones primarias para contraponer el fin de una generación (la de la Porritos) y el afianzamiento de una nueva que, aunque minoritaria, cambió nuestra forma de entender la sociedad. En la novela de Mendoza asistimos, de una forma muy sutil, al entierro de la clase obrera y a la victoria del concepto de clase media y de las apariencias. Mauricio y Clotilde representan al hombre nuevo tras la dictadura: descontento con el mundo actual, pero acostumbrado a no sobresalir, a aceptar la realidad tal como es y, sin aspavientos, adaptarse a ella mientras se critica y se crea, mentalmente, un reducto o espacio de exilio interior. Las decisiones de los personajes, tema central de la novela (de ahí el título: “las elecciones primarias”) nos mostrará ese proceso de adaptación a un nuevo mundo incierto en el que, ya ha quedado claro, ellos, como masa, nada pueden aportar.

Con todo, es cierto que aunque yo me empeñe en mostrar la parte política de la novela no se trata de una obra de estas características. O al menos no en el sentido que yo esperaba. El triángulo Mauricio-Clotilde-Porritos no es solo una cuestión de hegemonía social, sino también una cuestión de supervivencia frente a la desidia, de adaptación al medio y de una toma de decisiones vitales tras constatar lo desilusionante que es el mundo que se pretendía cambiar de joven cuando se llega a la adultez. Con las elecciones de Clotilde y Mauricio Mendoza nos da una radiografía social útil para entender no sólo los años posteriores al marco de acción de la novela, sino también el momento actual (de aquellos polvos vienen estos lodos) y es que, ya lo hemos dicho, el tema central del libro radica en la elecciones. Mendoza termina su obra con un epílogo tan desconcertante como su prólogo, que invita al lector a la especulación sobre su significado y acaba por dar sentido a la novela en su conjunto.

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