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¿Mató Darwin a Dios?

Ficha técnica

Piadosa idea Darwin_Nuevo InicioTítulo: La piadosa idea de Darwin: ¿por qué se equivocan igualmente ultradarwinistas y creacionistas?

Autor: Conor Cunningham

Editorial: Nuevo Inicio

Páginas: 655

Precio: 35€

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Pablo Ortiz Soto


En el año 2009 se celebró el bicentenario del nacimiento del ilustre naturalista decimonónico Charles Darwin (1809 – 1882). Con ese motivo, y el del ciento cincuenta aniversario de la publicación de El origen de las especies, la cadena de televisión británica BBC produjo una serie documental sobre su vida y obra. Pues bien, uno de los documentales emitidos, bajo la dirección del filósofo y teólogo británico Conor Cunningham, se tituló Did Darwin Kill God? (¿Mató Darwin a Dios?). Cunningham, en la actualidad profesor de Teología y Filosofía en la Universidad de Nottingham, confiesa ser un devoto cristiano pero también un firme creyente en la teoría de la evolución. Así se presenta en el documental, y en el libro que en esta ocasión os presento: La piadosa idea de Darwin: ¿por qué se equivocan igualmente ultradarwinistas y creacionistas?

Conor Cunningham es un joven teólogo que estudió Derecho en la Universidad de Kent, realizó un Máster de Filosofía (M. Phil.) en la Universidad de Dundee, leyó su diplomatura de Teología en la Universidad de Cambridge y, finalmente, la Academia Británica le concedió una beca de doctorado bajo la supervisión de los prestigiosos teólogos británicos John Milbank y Graham Ward. Actualmente, tras su paso por Princeton como becario del proyecto “Evolution and Human Nature”, es profesor en la Universidad de Nottingham y codirector del prestigioso Centro de Teología y Filosofía de esta misma institución británica. Además de autor de varias publicaciones entre las que se encuentran Genealogy of Nihilism o La piadosa idea de Darwin, cuyo título se refiere irónicamente al best seller, La peligrosa idea de Darwin, del escritor y filósofo norteamericano Daniel Dennett.

En su libro La piadosa idea de Darwin, Cunningham defiende que el debate entre teoría darwiniana y fe cristiana ha sido secuestrado por extremistas: por un lado, los ultradarwinistas –ateos fundamentalistas que afirman que la teoría de Darwin excluye la posibilidad de Dios– y, por otro lado, los creacionistas –cristianos fundamentalistas que rechazan cualquier idea de evolución–. De esta manera, el profesor Cunningham se sumerge en estas dos visiones intransigentes de la realidad con el fin de alcanzar una visión más ortodoxa del credo cristiano y de la teoría del naturalista británico. Para ello, el autor se apoya en argumentos de un alto calibre científico, filosófico, teológico e histórico; además de acompañar siempre sus demostraciones de numerosos símiles y analogías que hacen que la exposición se acomode, sin perder ni un ápice de profundidad, a la divulgación.

Conor Cunningham Darwin_2015

Así, con esta metodología, Cunningham, partiendo de los principios básicos de la teoría de la evolución enlaza, en los siguientes tres capítulos, con los distintos debates que confluyen en el darwinismo. En el capítulo 2, analiza los múltiples niveles de la selección natural frente al gen egoísta del sociobiólogo Richard Dawkins para a continuación, en el capítulo 3, examinar el papel de la selección natural en el proceso evolutivo y, en el capítulo 4, razonar la posibilidad o no de una dirección en la evolución y sus consecuencias filosóficas-teológicas deducidas de la interpretación del autor. En el capítulo 5 aborda el darwinismo social (eugenesia, sociobiología y la psicología evolutiva), y en el capítulo 6 explora e indaga en el mito del enfrentamiento entre ciencia y religión. Finalmente, se sirve del último capítulo para estudiar algunos de los temas tratados, además de analizar el Génesis o la identidad de Adán y Eva entre otros temas bíblicos, a la luz de una ortodoxa teología cristiana; demostrando que esta fiel perspectiva, y no la deformación creacionista, puede iluminar y renacer en nuestro contemporáneo el sentido de bondad, virtud, belleza, verdad y, finalmente afirma el autor, la creencia en la evolución. En definitiva, ¿mató Darwin a Dios? En el documental podrán intuir algo, pero la respuesta última la descubrirán en este magnífico y documentado libro.

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1 Response

  1. Conor Cunningham

    “Un último mito secular: Darwin promovía el ateísmo. No obstante, él nunca mencionó la evolución en su obra, y usó cientos de veces la palabra ‘creación’. […] Esto es lo que dice Darwin: ‘Otra fuente de convicción acerca de la existencia de Dios, relacionada con la razón y no con los sentimientos, me impresiona más y me parece tener mucho más peso. Surge de la extrema dificultad, o más bien imposibilidad, de concebir este inmenso y maravilloso universo, incluido el hombre con su capacidad de mirar tan lejos en el pasado y en el futuro, como resultado de la necesidad o del ciego azar. Cuando pienso en esto, me siento impulsado a considerar una Causa Primera con una mente inteligente y, en alguna medida, semejante a la del hombre: así que sería justo decir que soy teísta’. […] No es extraño, pues, que el Papa Juan Pablo II nos dijera: ‘La ciencia puede purificar la religión del error y la superstición; la religión puede purificar la ciencia de la idolatría y de los falsos absolutos. Cada una de ellas puede atraer a la otra a un mundo más amplio; un mundo en el que ambas puedan prosperar.’”

    […]

    “Compartimos un ancestro no sólo con los simios, sino con todas las formas vivas. Pero ¿por qué esto es algo malo? ¿De dónde sale la carga negativa que se asocia a esas conclusiones? Uno de los grandes teóricos de la evolución del siglo XX, Theodosius Dobzhansky, cuestiona acertadamente esa interpretación: ‘Se ha convertido en un lugar común decir que el descubrimiento de Darwin de la evolución biológica completó la decadencia y la enajenación del hombre comenzada por Copérnico y Galileo. Me cuesta trabajo imaginar un juicio más erróneo’. G. K. Chesterton manifiesta esta misma opinión cuando, refiriéndose (en respuesta a Herbert Spencer) a la ‘despreciable idea de que el tamaño del [por ahora vacío] sistema solar tendría que intimidar el dogma espiritual del hombre’. Y continúa: ‘¿Por qué tendría que rendir un hombre su dignidad ante el sistema solar más que una ballena? Si el simple tamaño demuestra que un hombre no es imagen de Dios, pudiera ser que una ballena lo fuera […] Es algo fútil decir que el hombre es pequeño comparado con el cosmos, pues el hombre siempre fue pequeño comparado con el árbol más cercano’. Probablemente, la interpretación alternativa y negativa tanto de la revolución copernicana como del darwinismo sea fruto de un ‘creacionismo’ generalizado. Entendemos por creacionismo el punto de vista que supone que la materia es enemiga de lo espiritual. Pero ¿ése es un punto de vista cristiano? No. De hecho, es más el síntoma de un gnosticismo cultural e incluso teológico.” […] “Encontrar repulsiva la idea de un ancestro común dice más acerca del propio orgullo ontológico que acerca del darwinismo. ¿Qué hay de malo en la materia? ¿Por qué preferimos ser ángeles? Pues el mismo Dios preguntaba en el libro del Génesis: ‘¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo?’ (Gn 3, 11). Que tal vez quiera decir ‘¿quién te ha hecho ver que eras simple materia o, lo que es más importante, que la materia era algo simple?’” […] “Además, nos repele el pensamiento de un ancestro común y, sin embargo, no protestamos igualmente por nuestra herencia común del carbono y de otros elementos químicos que hacen posible la vida.”

    […]

    “El Papa Benedicto lo expresa como sigue: ‘Si creación significa dependencia del ser, entonces creación especial no es otra cosa que una dependencia especial del ser. La afirmación de que el hombre es creado por Dios de una manera específica, de una manera más directa que otras cosas en la naturaleza, expresada de una forma algo menos metafórica, significa sencillamente esto: que el hombre es deseado por Dios de una forma específica, no meramente como un ser que ‹‹está ahí››, sino como ser que lo conoce a él; no solo como un constructor que él ha pensado, sino como una existencia que, a su vez, puede pensar sobre él [… El Hombre] es el ser que se supone que le hablará de Tú a Dios en la eternidad’. Por eso hay dos relatos de la creación en el Génesis. Con la aparición del homo sapiens, se cruza el Rubicón de la antropogénesis, nos guste o no nos guste.”

    Fragmentos de Conor Cunningham en el libro “La piadosa idea de Darwin: ¿Por qué se equivocan igualmente ultradarwinistas y creacionistas?” (Ed. Nuevo Inicio).

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