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Luces y sombras del Sueño Americano

 

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"El gran Gatsby" - F. S. FitzgeraldTítulo: El gran Gatsby

Autor: Francis Scott Fitzgerald

Editorial: Alfaguara

Páginas: 232

Precio: 17,50€

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Óscar de la Vega Rojas
@oscar1317

Si tuviésemos que buscar una novela  que resuma la totalidad, no solo de la literatura norteamericana, sino de todo lo que esta sociedad representa creo que la mayoría elegiríamos The Great Gatsby de F.S. Fitzgerald. Situada en los años 20 del siglo pasado, estos son probablemente los años más idealizados y recordados en el mundo. Hablamos de los “Felices Años Veinte”, “los Años del Jazz”, años que después de la depresión  que supuso la I Guerra Mundial trajeron el culmen del sueño americano y la economía capitalista; años de bonanza económica y desarrollo de las artes.

Autores como Hemingway, Dos Passos, Faulkner, Steinbeck o el propio Fitzgerald comenzaban su carrera y coincidían con poetas como T.S. Eliot, Erza Pound, Robert Frost o Gertrude Stein. Esta última fue muy importante para todos estos jóvenes novelistas que empezaban “apadrinándolos” en París, donde le dijo a Fitzgerald aquello de “sois la generación perdida”. Todos estos escritores pudieron vivir su vida entre alcohol, charlas, letras y algo más de alcohol. Porque curiosamente, a pesar de esta época de prosperidad y opulencia que se vivía en Estados Unidos la mayoría de estos artistas se fueron de su país. Y es que como todas las épocas de luz, también esta tiene sus sombras. Hablamos de los años de la “ley seca”, de los años de apogeo del crimen organizado y desigualdades sociales. Todo esto, tanto lo bueno como lo malo, explotó el 24 de Octubre de 1929 y trajo al mundo entero más de una década de depresión económica y otra guerra mundial.

Este ambiente se puede observar perfectamente en El Gran Gatsby. La historia, narrada desde el punto de vista de Nick Carraway, nos cuenta la historia de su vecino, el misterioso Jay Gatsby, un hombre rico que organiza impresionantes fiestas durante todo el verano, pero que nadie sabe ni como es ni de donde ha sacado su fortuna, y todo esto para poder reencontrarse con la prima de Nick, Daisy, su amor de juventud y al que tuvo que abandonar para ir a la Gran Guerra.

A muchos les puede sorprender que una historia que se mueve en un patrón como el del héroe que vuelve para recuperar a su amada, patrón que hemos leído, oído y visto ya millones de veces se esconda una de las novelas más influyentes, leídas e incluso llevadas a la gran pantalla. Y es que aparte de utilizar, como ya hemos dicho, un modelo que siempre ha gustado y me imagino que siempre gustará, Fitzgerald consigue entre otras cosas que muy pronto nos identifiquemos con Gatsby. Porque Gatsby no es un héroe al uso, aunque tampoco lo podemos calificar como un antihéroe; más bien es una especie de héroe melancólico.

"The Great Gatsby", primera edición

Y es que en la novela vemos, por medio de Nick, el narrador, y por tanto de Fitzgerald, una visión parcial a favor de nuestro protagonista. Gatsby, sin ser un personaje autobiográfico, tiene mucho de su autor y su historia con Zelda fue muy  parecida a la que luego trasladó a la novela: tuvo que romper su compromiso cuando no ganaba suficiente dinero para poder mantener el lujoso estilo de vida de su prometida y regresaron después de que Al otro lado del paraíso fuese un éxito. Gatsby intenta ser el paradigma del Sueño Americano y el hombre hecho a sí mismo de los que tanto se ha hablado y escrito en EEUU. Pero la visión que aquí tenemos no es tan positiva.

Como se puede comprobar en muchas de las novelas de la Generación Perdida todo este mundo idealizado que eran los años veinte en el que el lujo, el dinero, los automóviles o las fiestas estaban a la orden del día también tenían su lado oscuro, como sucede en el Valle de las Cenizas. Este lugar, situado entre las mansiones de los protagonistas y Manhattan, es una tierra baldía donde con sobrevivir es suficiente bajo los ojos del Dr. Ecklemburg, el gigantesco anuncio de domina toda la zona. Y si Fitzgerald nos describe un mundo bonito pero vacío, tenemos también su semejante en forma de personaje con Tom, el marido de Daisy, a primera vista un hombre rico y a primera vista respetable que, sin embargo, representa todo lo malo y el vacío de estos años.

Supongo que la mayoría ya habréis leído esta obra, pero los que no lo hayáis hecho os preguntaréis si merece la pena y si el libro cumple con las altas expectativas que se ha ido ganando en los últimos años. Pues sí, para mí de sobra. Sobre todo, si os interesa la historia o la sociedad americana. Porque este libro es América en sí. Bajo lo que parece la típica historia de amor se esconde una obra que podía haber sido escrita hace diez años. No ha perdido frescura, y el mensaje profético que nos trae, y que luego se vería reflejado en la literatura social de los años treinta y cuarenta, sigue vigente, igual que sirvió para “advertir” lo que pasó en 1929, podría haber servido para lo que aconteció en 2008. Libro complicado, como casi todos los que se escribieron durante los años veinte, con gran cantidad de simbolismos, con un uso muy particular del narrador y gran cantidad de referencias a un mundo de altos contrastes, pero que, si se tiene todo esto en cuenta, se disfruta en todas y cada una de sus aproximadas 220 páginas.

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