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Los Cinco y yo

Ficha técnica

Título: Los cinco y yo

Autor: Antonio Orejudo

Editorial: Tusquets

Páginas: 251

Precio: 18,5 €

 

 

 

 

 

 

 

Luis Melgar Blesa
@lluismblesa


Orejudo lo ha vuelto a hacer. Ha escrito un libro maravilloso donde uno no sabe exactamente qué está leyendo, pero con el que se disfruta cada una de las frases de la novela. En historia del arte hay una palabra, sprezzatura, que se usa cuando la pintura parece fácil al ojo, pero detrás hay un trabajo ingente de precisión y técnica. La literatura de Orejudo es así. Uno lo lee, pasea tiernamente por sus páginas, divirtiéndose (porque él es uno de los escritores que sí piensa en el lector), y no caemos en la cuenta de la cantidad de trabajo que hay detrás de una prosa de estas características. Orejudo no es solo un escritor, es un taumaturgo de la narración, capaz de darnos en un solo libro una asombrosa cantidad de historias, juegos y escenas cómicas. En el escritor madrileño convergen las dos mayores cualidades que puede tener una obra escrita: en primer lugar, diversión (la lectura es fundamentalmente ocio); en segundo, un alto nivel de construcción literaria (la escritura es fundamentalmente arte).

Cinco
Antonio Orejudo.

Orejudo no defrauda, esta novela está a la altura de las anteriores, aunque es cierto que se aleja de sus obras más icónicas. Los Cinco y yo (Tusquets, 2017) no se parece ni a Fabulosas narraciones por historias (Lengua de trapo, 1996) ni a Ventajas de viajar en tren (Tusquets, 2000). La novela de Antonio Orejudo, digo novela por ponerle un nombre, incluye una buena parte de educación sentimental del autor, o de unos de los personajes creados por él, como defiende el artículo publicado en El Mundo el cinco de abril de 2017. Ahí rezuma ya la primera y clásica incógnita: ¿cuánto del Toni (narrador) es Antonio (escritor)? No sé si merece la pena querer responderla, así que dejadme volver a este apartado, real o fabulado, de educación sentimental. Este tipo de narración incluye el inventario de capital cultural al que el género nos tiene acostumbrados (cine, lecturas, amores, experiencias sexuales) pero en el caso de Los Cinco y yo se incluye algo que me parece excepcional. Se trata del descubrimiento de la diferencia entre la realidad y la ficción en términos estrictamente literarios o narrativos. En Las ninfas (Destino, 1975), Umbral asiste a un desencanto de la realidad por la superación de la ficción que encuentra, por ejemplo, en la poesía. Todo le sabe a poco. En el caso de Orejudo también asistimos a un desencanto de la realidad, aunque posterior. El suyo es, fundamentalmente, un desencanto maduro, adulto. Esto parece ser el germen de la novela. El libro de Rafael Reig sobre las aventuras de Los Cinco de Enid Blyton, After five (de nuevo, otro juego de ficción), será el hilo conductor de esta historia.

A los cincuenta, y sobre todo después de haber sufrido un apagón, el primero, el que marcaba el inicio de la cuenta atrás en el camino hacia la oscuridad final, tocaba mirarse en el espejo de estos personajes y preguntarse qué había sido de aquellos chicos con la misma curiosidad con que uno se preguntaba en las fiestas de viejos compañeros de colegio qué había sido del Manguas o del Búfalo. After five, dije en mi presentación, era una manera de pasar lista cuarenta años después: dónde está Ana, dónde están Jorge y Tim, dónde está Dick y, por último, dónde está Julián.”

Sé que algo se me escapa, que no formar parte de esa generación de niños del boom de los 60, de los lectores de Blyton, hacen que me pierda algunos juegos o guiños. Seguro que ellos, los nacidos en los 60, disfrutarán –y mucho– esta novela, pero también estoy seguro de que no se trata de un libro para una generación. Esta es una novela del yo, no en vano aparece el pronombre en el título, y eso implica que los lectores suframos efectos ópticos –como el autor los llama– que seamos víctimas de trampantojos y que rebotemos de espejo en espejo hasta encontrarnos a nosotros mismos en la novela. Sí, también en Los Cinco y yo el lector, como figura, tiene un apartado para ser protagonista. A mí el juego de la ficción del yo me divierte, aunque reconozco que últimamente está demasiado presente. Si no se hace bien resulta indigesto, pesado, y uno puede llegar a aborrecerlo; afortunadamente, esto no sucede en la obra de Orejudo.

“Orejudo lo ha vuelto a hacer. Ha escrito un libro maravilloso donde uno no sabe exactamente qué está leyendo, pero con el que se disfruta cada una de las frases de la novela”.

Aquí asistimos a la fabulación de un libro, After five, de un escritor con nombre real, Rafael Reig. Toni, un profesor universitario y escritor que no escribe –ha cambiado la creación literaria por la inversión en productos financieros– presenta el libro, que escudriña la vida de los personajes de las novelas de Los cinco, de Enid Blyton, ahora que son adultos. Los personajes de ficción se vuelven corpóreos, y las personas reales se vuelven personajes de ficción. A todo esto hay que sumar el complejo sistema de imbricación de historias del que hace gala en cada una de sus obras Antonio Orejudo –aquí es donde encontramos esa sprezzatura que decía al principio–. La novela es un viaje entre el pasado y el futuro con múltiples escalas, donde el autor toca con maestría los distintos palos  o géneros literarios.

El lector participa de la deglución de una lasaña de historias, superpuestas más que encadenadas, que se devoran alegremente. El libro engancha y, pese a lo que podría parecer por su descripción, es un bocado ligero, para nada barroco. La genealogía del barrio del autor-narrador sirve como acicate a ese juego en el que las historias se nutren las unas de las otras, como si de un ejercicio de simbiosis se tratase. La realidad y la ficción se mezclan, emborronando o diluyendo la frontera, y ofreciendo un juego de espejos enfrentados donde se disipa, también, el límite entre autor y personaje. Los Cinco y yo es, como el resto de las obras del autor, una novela de género híbrido. Hay pasajes que recuerdan a la novela de campus, a la novela bélica, al ensayo y, claro, a la autobiografía. El último libro de Antonio Orejudo tiene mucho de novela de aventuras. La cobertura de esa lasaña, de esa amalgama de géneros e historias es, al fin y al cabo, eso: una novela de aventuras. La aventura de la vida de unos personajes, la aventura de la lectura, la aventura, al fin y al cabo, de la vida de un Orejudo-personaje y lector, la aventura de imaginar, la aventura de escribir, de nuevo y por fin, con esa maestría que lo caracteriza.

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