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Las cosas que me contó Cézanne

Ficha técnica

"Cézanne. Lo que vi y lo que me dijo" - Joachim GasquetTítulo: Cézanne. Lo que vi y lo que me dijo

Autor: Joachim Gasquet

Editorial: Gadir

Año: 2009

Páginas: 264

Precio: 12 €

 

 

 

 

 

 

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


Siendo sincera, y a pesar de no ser necesaria la siguiente aclaración, realmente no fue a mí a quien Paul Cézanne, pintor de paisajes y naranjas, contó nada. ¡Ya me hubiera gustado! Siendo consciente, sin embargo, de su timidez y de la mía, quizás la conversación hubiera estado formada más por un intercambio de miradas que de palabras. Igualmente satisfecha hubiera quedado con poder observarle, poder comprobar cómo cada gesto nervioso, cada exclamación, cada pincelada pausada, lenta pero segura, y cada único y sorprendente pensamiento, corresponderían sin duda a la descripción que relata de todo ello el poeta Joachim Gasquet en Cézanne. Lo que vi y lo que me dijo (Gadir, 2009).

Siendo poeta, es casi instantáneo imaginar la belleza y cuidado con que Gasquet, amigo y admirador del pintor, cuenta las aventuras y desventuras que ambos compartieron. Ciertamente hay fragmentos bellos, pero lo que destaca en este libro no es la profesión de su autor: lo importante para él fue reunir, ordenar y mostrar al mundo cómo era Paul Cézanne y lo que recuerda de él. Gasquet no ha querido hacer poesía, sino compartir con nosotros la inigualable –aunque por entonces aún no consciente– experiencia que resulta conocer de cerca, charlar, pasear y escuchar a uno de los pintores hoy en día mejor valorados. Ese detalle es importante, pues hace la lectura más  bonita, sincera y cercana. No es un hombre escribiendo sobre un artista. Es un hombre que escribe lo que ha aprendido de y con un amigo.

CézanneCézanne. Lo que vi y lo que me dijo está dividió en dos partes. La primera nos habla sobre la vida del pintor, lo que Gasquet sabía antes de conocerle y lo que vio él mismo a partir del primer encuentro, en 1896, cuando Cézanne tenía cincuenta y siete años. La segunda parte, no necesariamente mejor o más interesante, pero sí más íntima, reúne conversaciones que ambos mantuvieron acerca no sólo de pintura, sino también de otras artes y de la propia  vida. Es especialmente curioso, sobre todo para los amantes y conocedores de la Historia del Arte, el capítulo en el que, después de un buen café, los dos amigos, convertidos sin saberlo en maestro y discípulo, visitan el Louvre. Cézanne habla sobre obras, pintores, épocas, estilos… A través de sus palabras y gestos, fácilmente imaginables, podemos apreciar su punto de vista respecto a aquella mágica seductora que lo acompañó durante toda su vida.

«Se vio diferente, solitario, marcado por el signo. Tuvo miedo… Entonces llegó ella. Llegó la consoladora y la desesperante, la pasión de su vida, su tiranía y su éxtasis, la única, la inevitable, aquella para la que había nacido y por la que iba a morir: la Pintura». Gasquet hizo bien en escribir pintura con mayúscula. Tuvo familia, amigos, compañeros, mujer e hijo… Pero en su segundo viaje a París, en 1863, vio claro que el amor de su vida había nacido de sus propias manos y olía a aceite y madera.

Y así fue. Junto con su carácter, «la más estremecida sensibilidad frente a la razón más teórica, en eso estribó todo el drama, toda la historia, toda la vida de Paul Cézanne», la segunda idea que más repite y se refleja entre las líneas de Gasquet es que si bien el arte no vivió con Cézanne desde su niñez, sí duró hasta su vejez. Rescato, en relación con esto, uno de los fragmentos más bellos del libro:

– Quiero morir pintando…
Se sumió bruscamente en una de esas ensoñaciones que le eran tan habituales. Se miró el puño cerrado. Siguió en él el paso de las luces a las sombras […]. Y, como una oración, en la noche que caía, lo oí murmurar varias veces:
– Quiero morir pintando… morir pintando.
Continúa el camino...
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