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La vida de las abejas

Ficha técnica

La vida de las abejas_Maeterlinck_Hombre en caminoTítulo: La vida de las abejas

Autor: Maurice Maeterlinck

Editorial: Planeta

Páginas: 248

Precio: 19 €

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Pablo Ortiz Soto


Desde hace milenios, el comportamiento de las abejas –su trabajo comunitario, la comunicación que mantienen entre ellas, su jerarquizada sociedad– y los misterios que se ciernen en torno a la colmena han suscitado la admiración y el estudio de estos enigmáticos insectos. Ya Aristóteles, en su Historia de los animales (ca. 343 a. C), no solo quedó impresionado por sus peculiaridades y productos sino que asimismo intuyó, entre otros fenómenos, el extraño tipo de reproducción que siglos más tarde denominarán partenogénesis. Es decir, la posibilidad de la reproducción sexual sin una preliminar fecundación del macho. Tal caso es el de los zánganos, que nacen de una reina virgen. Las obreras, por el contrario, aunque son el producto de la unión entre el zángano y la reina tras el vuelo nupcial, por paradojas de la Naturaleza, son infértiles. Si bien, de la unión precedente, donde el zángano muere tras fertilizar a la reina, también nacerán princesas que, un tiempo después, mantendrán discordias y luchas mortales por el trono y el futuro de la colmena. Esta misteriosa pero excelente y maravillosa estructura reproductora del azar o, quizá, de una increíble, extraordinaria y más profunda causalidad que no llegamos a comprender, entre otros prodigios de la colmena, es lo que lleva fascinando al hombre desde que por primera vez tomara consciencia de sí mismo y de estos antiquísimos insectos.

El arcano instinto que envuelve a nuestras protagonistas y que ha dejado encandilado durante siglos a filósofos, naturalistas, matemáticos o escritores, como al geómetra griego Pappus de Alejandría o al político y escritor romano Marco Terencio Varrón, se hace todavía más inquietante al observar y analizar el exacto y eficiente teselado hexagonal de los paneles. La atracción del hombre hacia las abejas ha sido una constante durante la historia. Por eso, al igual que los autores anteriores, el eximio poeta Virgilio también mostró su admiración por estos pequeños entes voladores en el libro IV de su obra las Geórgicas (29 a. C): “cantaré el don divino de la miel, que baja de los cielos: dirige tu mirada, oh Mecenas, también hacia esta parte. Voy a referir el espectáculo de pequeñas cosas que causarán tu admiración.” Pero no solo causaron asombro a los dos latinos precedentes. De igual modo quedó prendado el naturalista y escritor romano Plinio el viejo, quien les dedicó unos capítulos en su Historia natural. Otros autores como los agrónomos romanos Columela y Paladio o, más modernos y contemporáneos, como el naturalista flamenco Clutius, el zoólogo holandés Jan Swammerdam, el entomólogo francés Réaumur o el profesor y apicultor español Gerardo Pérez González –director del Aula Museo Abejas del Valle, en Ávila– son algunos de los miles de admiradores que, durante la historia, han observado con curiosidad y paciencia a estos enigmáticos insectos.

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Poema “Apicula” de Jesús Montiel (Insectario, 2013)

Pues bien, me sirvo de esta introducción para presentarles uno de mis libros favoritos: La vida de las abejas, del escritor belga Maurice Maeterlinck (1862 – 1949):

“Volvamos, pues, a la historia de nuestra colmena donde la hemos dejado, para descorrer en lo posible uno de los pliegues de la cortina de guirnaldas en medio del cual el enjambre empieza a experimentar ese extraño sudor casi tan blanco como la nieve y más ligero que el plumón de un ala. Porque la cera que nace no se parece a la que todos conocemos: es inmaculada, imponderable; parece verdaderamente el alma de la miel, que es, a su vez, el espíritu de las flores, evocada en un encantamiento inmóvil, para convertirse más tarde en nuestras manos, como recuerdo, sin duda, de su origen, en que hay tanto azul celeste, tantos perfumes, tanto espacio cristalizado, tantos rayos sublimados, tanta pureza y tanta magnificencia, en la fragante luz de nuestros últimos altares.”

La cera es uno de los maravillosos productos que generan nuestros sorprendentes protagonistas, y que el premio Nobel Maeterlinck describió de esta manera tan bella y transcendente: como toda su iluminadora obra. La vida de las abejas es, junto a sus otros libros La vida de las hormigas, La vida de las terminas, La inteligencia de las flores y El tesoro de los humildes, uno de los sugerentes ensayos científicos que conforma su haber literario; aunque también destacó como dramaturgo (El pájaro azul) y como poeta. Ahora bien, la obra que hoy reseño es un elogio a las abejas, al gremio de apicultores, a la entomología y a los miles de curiosos que reverencialmente nos inclinamos ante estas sublimes criaturas aladas que, en la actualidad, se encuentra en peligro de extinción.

Como decía más arriba, la admiración por estos antófilos ha dado lugar a muchísimos tratados a lo largo de la historia. Si bien, la obra de Maeterlinck es diferente. Asimismo lo explica el autor en las primeras páginas: “No tengo la intención de escribir un tratado de apicultura o de cría de abejas. Todos los países civilizados los poseen excelentes y es inútil rehacerlos. […] No diré casi nada que no conozcan todos los que han observado un poco las abejas.” Entonces… ¿qué es lo que tiene de especial? Este ensayo es muy importante por la rigurosa observación científica pero también, y principalmente, es un clásico por la exquisita descripción literaria de su experiencia como apicultor durante veinte años. Esta obra es, reitero, un elogio a la vida de las abejas, a sus propiedades y características y a la Naturaleza que las envuelve, pero también es una joya de la literatura belga y universal. El párrafo precedente sobre la cera es una muestra de su profunda, deliciosa y elegante literatura.

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“Polinización de las abejas”. Ilustración de Andrea Reyes de Prado

Otros de los aspectos que hacen muy interesante este ensayo literario es la curiosa comparación, que la elegante pluma del escritor belga realiza, entre la vida de estos himenópteros y la de los humanos. Desde observaciones sociológicas, como la jerarquía del pueblo; pensamientos filosóficos y religiosos, como el inquietante “espíritu de la colmena” que mueve su milenario instinto; su capacidad de comunicación para la organización de tan enorme prole en su ciudad colgante: “Es cosa manifiesta que se entienden, y que una república tan numerosa y cuyos trabajos son tan variados y se conciertan de una manera tan maravillosa, no podría subsistir en el silencio ni en el aislamiento espiritual de tantos millares de seres.”; aspectos morales con relación al entendimiento, la inteligencia y los peros achacados: “No estamos autorizados para juzgar, en nombre de nuestra inteligencia, las faltas de las abejas. Si existe un ser a quien su destino llama especialmente, casi orgánicamente, a tomar conciencia, a vivir y a organizar la vida común según la razón pura, ese ser es el hombre. Sin embargo, ved lo que hace, y comparad las faltas de la colmena con las de nuestra sociedad”; la admiración y protección hacia su jefa y madre, la reina; o la matemática arquitectura de sus ciudades son algunos de los paralelismos que Maeterlinck anota.

Pero, más allá de estas intuiciones, el ensayista explica de manera excepcional la vida de las abejas. El libro se divide en siete capítulos que van desde el umbral de la colmena, donde observa los aspectos generales de nuestras protagonistas y presenta –para recordar más adelante– a algunos expertos que le precedieron; prosigue con la aventura del enjambre movido por ese “espíritu de la colmena” (que, por cierto, inspiró la película El espíritu de la colmena de Víctor Erice) en búsqueda del lugar apropiado para la enjambrazón y la fundación de la colonia, o ciudad colgante, con todos sus recovecos y cavidades para los víveres y las moradas de la generación obrera. En cuarto lugar hace referencia a la peculiar vida de la reina para a continuación dedicar un solo capítulo al vuelo nupcial. De los panzudos y perezosos zánganos se ocupa en el capítulo sexto, concluyendo la obra con un exquisito capítulo sobre el porvenir de la especie.

En estas partes generales Maeterlinck ahonda en aspectos tan increíbles como el análisis del cerebro de la reina, la división del trabajo y la jerarquía social, la inteligencia de la especie y sus faltas; rebate a grandes maestros de la apicultura en temas como la significativa diferencia intelectual entre las moscas y nuestras protagonistas, entre las paupérrimas construcciones de las avispas y la precisión matemática de las abejas, sin olvidarse de su transcendente ayuda para favorecer la polinización de las flores y la biodiversidad: “más de cien mil especies de plantas –afirma Maeterlinck– desaparecerían si las abejas no las visitasen, y ¿quién sabe si hasta desaparecería nuestra civilización?” Una comprometida responsabilidad con la Naturaleza que tenemos el deber de preservar, primordialmente, fomentando una agricultura saludable y sin productos tóxicos que están provocando, junto a la invasión de la avispa asiática gigante, la alarmante desaparición en todo el planeta de nuestros pequeños héroes. Esperemos que el inquietante capítulo sobre las abejas-dron de la serie Black Mirror no se haga realidad. Por eso, sirva esta reseña como advertencia y recuerdo de su importancia y como elogio a su admirable trabajo.

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“Abeja SOS”. Ilustración de Andrea Reyes de Prado

 

 

 

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1 Response

  1. Miguel de Cervantes

    Ahora que me encuentro en el Ministerio del Tiempo, aprovecho para añadir un apunte a la reseña:

    “En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquiera mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo”.

    En mi obra “Don Quijote de la Mancha”.
    Un cordial saludo.

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