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La nieta del señor Linh

Ficha técnica

La nieta del señor Linh - P ClaudelTítulo: La nieta del señor Linh

Autor: Philippe Claudel

Editorial: Salamandra

Páginas: 126

Precio: 12,50€

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Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


Hay historias que no necesitan de un contexto para comunicar o transmitir emociones. Ocurren en un lugar y en un tiempo determinados, ocurren bajo un cielo raso o entre encapotadas nubes, ocurren rodeadas de casitas modestas o altos rascacielos. Pero no importa el dónde, no importa el cuándo, ni si dura poco o demasiado tiempo. Nada de eso importa cuando la esencia de la historia radica en un lugar lejano a todo aquello, en un lugar remoto y, en ocasiones, difícil tanto de encontrar como de comprender y mostrar: el corazón humano. Todo lo artificioso, lo complejo, lo externo; desaparece. Y sólo queda el alma de las personas encontradas frente a frente.

El paquete de cigarrillos le abulta el bolsillo, y lo nota mientras camina. Cada vez que lo nota, sonríe. Piensa en la cara que pondrá el hombre gordo cuando se lo dé. […] El tiempo se va, y él sigue solo en el banco. El hombre gordo no aparece. Puede que no venga todos los días. Puede que no vuelva a venir. […] Nota el paquete de cigarrillos en el bolsillo del abrigo. El pequeño bulto le provoca una incipiente y profunda tristeza. Recuerda el contacto de la mano del hombre gordo en su hombro. Y comprende que está solo en el mundo con su nieta. Solos los dos. Que su país está lejos. Que su país, en cierto modo, ya no existe”.

En la historia de La nieta del señor Linh, ni siquiera los nombres, la edad o la procedencia son relevantes. Podrían llamarse de una forma diferente, haber sido más jóvenes o aún más viejos, o haber nacido en otros continentes. Es un relato de pérdida y encuentro, de frío y calidez, es un relato sobre la esperanza. Un hombre huye de su país por culpa de una guerra con su nieta entre los brazos y, tras un largo viaje, llega a tierra extranjera. Allí, por casualidad (¿o, por qué no, causalidad?) conoce a otro hombre. No hablan el mismo idioma, no saben nada el uno del otro. Ignoran por qué uno siempre espera en el mismo banco a la misma hora, y por qué el otro, con su inseparable bebé de ojos rasgados, apareció un día en ese mismo banco a esa misma hora. Lo ignoran, no les molesta ignorarlo. Nada de ello es necesario, pues la amistad que surge entre ambos no está basada en las palabras, sino en la inocencia de un lenguaje que no las necesita. Sólo son dos hombres cansados, que, cuando su soledad comenzaba a consumirles,  se encontraron y se salvaron.

P Claudel

Philippe Claudel, galardonado guionista y escritor francés, aborda en esta pequeña novela la dureza, sin necesidad de profundizar en el horror, de quien se ve obligado a abandonar su pueblo con una vida apenas iniciada a su cargo. La pequeña, que da título al libro, le recuerda el pasado que ambos han dejado atrás, pero al mismo tiempo le da fuerzas y, lo más importante, la esperanza que necesita para seguir adelante. El desarraigo, el exilio, la tristeza, la soledad y la incertidumbre del comienzo, sentimientos abordados con una muy bella y sutil sencillez; se transforman en nuevas raíces, acogimiento, inesperada alegría, compañerismo e ilusión cuando el señor Linh conoce al señor Bark, un hombre que, al igual que él, vivía atrapado en las redes de la melancolía.

Al caer la tarde, el señor Bark lo acompaña a casa. Hace un tiempo agradable. El aire no es muy frío. El invierno toca a su fin. Cuando llegan ante el edificio del dormitorio común, se despiden como todos los días: el señor Bark le dice “adiós” al señor Buenos Días y el señor Linh le dice “buenos días” al señor Bark. Y el anciano, feliz, sube al dormitorio estrechando a la niña contra su pecho”.

La nieta del señor Linh es una deliciosa lectura que nos invita  a desnudarnos, a olvidar todo prejuicio y todo miedo que pueda impedirnos alcanzar nuestras metas, sean éstas grandes o pequeñas. Y, sobre todo, nos invita a rescatar la ingenuidad y la inocencia que la sociedad nos arrebata, haciéndonos sentir libres, más humildes y sencillos. A no preocuparnos tanto por la opinión de los demás, por las modas o por los enormes muros que a menudo construimos de tan solo un granito de arena. Nos invita a buscar y descubrir la esencia de lo que nos rodea, de las personas que nos rodean y, aunque no hablemos el mismo lenguaje, lograr llegar hasta ellas; hasta su alma, y lograr así entenderlas. Seguro que más de una sorpresa nos llevamos.

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