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La leyenda del Santo Bebedor

Fernando Bonete Vizcaino

La reseña de este libro de Roth no me ha salido lo suficientemente ebria. Haría falta estar bien borracho o, a falta del estado de embriaguez inmediato, conocer lo que es ser un verdadero y permanente alcohólico, como lo supo el ucraniano al final de su vida, para poder plantear con solvencia las ocultas, pero ciertas, bondades del vino.

La leyenda del Santo Bebedor, relato a lo ruso, y no por ser póstumo, sino por la influencia tolstóiana que denota y que el propio autor reconoció, es precisamente eso, la revelación de los milagros que los líquidos ocres son capaces de operar en nosotros, descubriéndonos nuevas percepciones, sensaciones, realidades; planteándonos preguntas nunca antes inquiridas, nuevas maneras de dejarse llevar por la vida. Podrá resultarnos escandaloso el cauce cercano a la justificación del alcoholismo que toman estas palabras, pero nada más lejos de la verdad atreverse a negar las agradables y nunca experimentadas sensaciones que nos brinda la ingesta espirituosa; para algunos, eso sí, y por desgracia, única manera posible de afrontar la vida.

Pero mientras empinar el codo sea afición… “Denos Dios a todos nosotros, bebedores, tan liviana y hermosa muerte”: la del protagonista a los pies de Santa Teresa; ya sería mucho.

Hay, por cierto, en esta máxima, cierto sabor amargo, como el del mejor whisky. Porque fuera pronunciada en 1939, al final de una vida marcada por el exilio propiciado por el triunfo nazi, y porque tal vez más de una de las millones de personas avocadas a la barbarie y atrocidad bélica que se avecinaba habrían querido acogerse a ella.

La buena literatura… siempre tan sobrecogedoramente anticipadora, y actual.

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6 Responses

  1. Fran

    El clochard es un borracho, un pordiosero, un ladrón, da lástima… Pero en el fondo tiene dignidad, es bueno por naturaleza. Libro breve pero intenso.

  2. Nacho

    Creo que el alcohol es propicio, en este libro, a mostrar de forma más evidente el estado de pecado original del hombre. En ese sentido, somos todos lúcidos borrachos que nos vamos con la primera que pillamos y malgastamos la milagrosa paga.
    Yo me replanteo seriamente hasta que punto el final puede ser mirado irónicamente…
    ¡Gracias por el post!

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