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La historia de una fascinación

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La joven de la perla - Tracy Chevalier

Título: La joven de la perla

Autor: Tracy Chevalier

Editorial: Alfaguara

Páginas: 309

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Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


Pues no es amor, ni tampoco deseo. No es capricho, ni pasión. Tracy Chevalier acertó cuando decidió que fascinación iba a ser la palabra que definiría su segunda novela, inspirada en el cuadro más famoso de Johannes Vermeer. Una fascinación que envuelve tanto a los personajes como al lector, cuya presencia y alma viajan en el tiempo hasta la ciudad holandesa de Delft. Allí, en la cocina de un humilde hogar de clase media-baja, una chica tímida y curiosa, que ya tiene la edad suficiente para trabajar, recibe la visita de un hombre que decora lienzos. A partir de ese momento deberá mudarse al Barrio Papista, donde ha sido contratada para trabajar como criada en una casa habitada por Catharina, una desafiante y celosa mujer que esconde un corazón frágil, su madre, su doncella, sus cinco hijos y su marido, un pintor apellidado Vermeer.

Al llegar arriba miré a mi alrededor y vi una puerta cerrada. Tras ella había un silencio que supe que era suyo.

La llegada de Griet a la casa cambiará su vida y la de todos ellos. Su inocente y sumiso carácter se verá absorbido por una atracción mucho mayor que la de sus quehaceres diarios: allí, en el desván, el silencioso Vermeer pinta retratos y estudia la luz durante horas. Una irresistible tentación hará que el misterioso pintor, cuya mente habitaba un mundo que sólo la joven criada parecía admirar y comprender, tome la decisión más peligrosa para alguien de su estado social: retratarla.

– Nunca sé lo que estás pensando, Griet – insistió él – . Eres tan reservada, tan callada, nunca dices nada. Pero hay algo dentro de ti. Lo veo a veces, escondido detrás de tus ojos.

El atrevimiento y el riesgo harán que ambos se vean obligados a pintar y posar a escondidas de todos, pasando noches en vela e intercambiando miradas que, en secreto, parecían querer resistirse a las normas sociales. Ella sentía fascinación por su misteriosa actitud, su serenidad, su forma de acariciar el lienzo con los pinceles. Y así fue como el estudio del pintor se convirtió en su guarida, en su vía de escape, en su libertad. Él sentía fascinación por sus ojos, su sencillez, su delicadeza y el profundo respeto y asombro que sentía por su trabajo. El retrato de la joven de la perla se convirtió en su guarida, en su vía de escape, en su libertad.

Tanneke movía los peroles en la cocina, las niñas gritaban fuera y nosotros, tras la puerta cerrada del estudio, sentados cada cual en su silla, nos mirábamos. Y él pintaba.

Pero la libertad siempre tiene un precio. El precio de una fascinación.

Continúa el camino...
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