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La creación del mito

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Muerte en tres actosTítulo: Muerte en tres actos: Fiesta, Muerte en la tarde y El verano peligroso

Autor: Ernest Hemingway

Editorial: DeBolsillo

Páginas: 824 (la suma de los tres)

Precio: 22,95€

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Pablo Casado Muriel
@pablo_casado 

El mundo del toro se encuentra estrechamente ligado al mito. La imagen de un hombre defendiéndose de las embestidas de un animal de más de 500 kilos con tan solo una franela, es sin duda algo que puede tildarse de épico. Sería denso y reiterativo recordar los innumerables casos en los que la tauromaquia ha servido como fuente de inspiración para los diferentes campos del arte.

Algunos toreros se convierten en mito a través de la muerte. A Joselito el Gallo lo glorificó Bailador, y a Manolete, Islero. Otros no necesitan pasar por el trance de la muerte en el ruedo, ellos se convirtieron en inmortales gracias a la Literatura. Ya hemos hablado aquí de la magnífica biografía sobre Juan Belmonte firmada por Manuel Chaves Nogales. En esta ocasión el autor es el Nobel Ernest Hemingway, y su mito el del enfrentamiento taurino entre Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez relatado en El verano sangriento.

Luis Miguel Dominguín

El escritor norteamericano fue un gran aficionado taurino, para la historia dejó la novela Fiesta, que por que no decirlo,fomentó en gran medida, mitifico, la fiesta de San Fermín lejos de nuestras fronteras. Años después publico “Muerte en la tarde” un extenso ensayo taurino que sirve al autor para desarrollar su idea de la vida y también de la muerte. Es probable que la fascinación que Ernest Hemingway sentía por la Tauromaquia se resuma en esta frase, presente en Fiesta: “Nadie vive su vida hasta apurarla, excepto los toreros”.

Ese estilo de vida, siempre en el filo de la navaja, o en la punta de un cuerno, es el que Hemingway describe en El verano peligroso. Como un aficionado más, Ernest, describe el camino entre festejo y festejo, los nervios, la tensión, el dolor de las cornadas, el éxtasis del triunfo. Su amistad con Dominguín, y especialmente con Ordóñez, le permitieron, además, adentrarse en el velado mundo de los toreros.

La rivalidad narrada por Hemingway dividió al mundo del toro durante el verano de 1959. Tras la publicación de la obra, tras la muerte del autor, el público en general revivió el duelo entre Ordóñez y Dominguín, y pudo disfrutar con la narración de uno de los factores que mayor pasión levanta, o levantaba en mejores años, entre la afición taurina, la competencia entre dos grandes matadores por dilucidar quién es el número uno.

El estilo de Hemingway permite que El verano peligroso pueda ser leído por cualquiera, sin necesidad de conocimientos sobre tauromaquia. Sin prejuicios, el lector podrá comprobar como el enfrentamiento entre dos hombres, con el toro de por medio, traspasa lo efímero de una faena y se convierte en mito eterno gracias a la literatura.

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