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Inmortalidad en 5 novelas

Óscar de la Vega Rojas

Curioso el caso de Irlanda, igual que Uruguay hace con los futbolistas. Es extraordinario cómo un país de tan solo 4,5 millones de habitantes haya producido tantos literatos de renombre en los últimos 150 años. Hoy en día Edna O’Brien, John Connolly, Marian Keyes o John Banville. Pero cuando se notó realmente esta explosión fue en la generación que surgió entre la “Gran Hambruna” de la década de 1840 y la independencia del país. También es una época extraña, ya que, por una vez, en un país donde la religión había sido el principal problema, católicos y la mayoría de protestantes irlandeses se pusieron del lado de la población obrera católica oprimida durante siglos y juntos buscaron la tan ansiada independencia de la isla. Y la literatura no iba a ser menos. Nombres como Y.B. Yeats (Nobel en 1923), J.M. Sygne, Douglas Hyde (que además fue el primer presidente del país), Oscar Wilde  y su madre, o G.B. Shaw son nombres de sobra conocidos por todo el mundo. Los que no hablaron directamente de independencia sí lo hicieron desde una perspectiva nueva que en esos años tuvo un gran auge: el socialismo. Pero los que más nos sonarán a todos probablemente sean los dos escritores “exiliados” de La Isla Verde, Samuel Beckett y James Joyce.

Peculiar es el caso de Joyce, que con solo cinco novelas ha conseguido ser uno de los escritores más influyentes y famosos de todo el siglo veinte. Joyce decidió autoexiliarse, primero a Trieste y después a París y Zúrich. Durante esta primera etapa en Trieste es donde se suscribe la historia de Dubliners, el libro del que vamos a hablar hoy.

Escrito en su mayoría antes de 1906, pero no publicado hasta 1914, Dubliners cuenta en quince historias un relato realista sobre lo que Joyce llamó “la historia moral de mi país”. En ellas, por ejemplo, encontramos la “liberación” que un chico encuentra en la muerte de su párroco local, una mujer que celebra Halloween en casa de un marido al que cuidó de pequeño, o una novia que corta con su prometido poco antes de irse de Irlanda. Mención aparte se merece la última historia del libro, Los Muertos, donde Gabriel, después de una cena de Navidad en casa de su familia se entera de un acontecimiento de la juventud de su esposa y que le hace reflexionar sobre la vida.

Y es que lo importante en este Dublineses de Joyce, que después desarrollaría, en su mayor parte, tanto en Ulises como en Finnegan’s Wake, es la “parálisis” que en palabras del escritor poco a poco estaba consumiendo el país en el nació y del que se fue en 1912 para no volver. Esta parálisis se nos muestra a través de unas historias tremendamente reales con las que Joyce intenta hacer ver cómo vive un pueblo que en 150 años había perdido la mitad de su población debido a la emigración o la hambruna y en que la sociedad superviviente está muriendo poco a poco encerrada por el férreo control que ejercen tanto los británicos como la Iglesia Católica y ante los que el pueblo se mostraba derrotado de antemano. Las historias se dividen en tres grupos o etapas como son las historias de juventud, las de adolescencia y las de madurez que nos trae una especia de “concepción cíclica” de la vida.

Todos sabemos, aunque no hayamos leído nunca a Joyce, que estamos hablando probablemente de uno de los autores más difíciles de la literatura universal. La complejidad con que Joyce usa y maneja el lenguaje, sobretodo en Ulises, y ya no digamos en Finnegan’s Wake (esta última aún ningún editor se ha atrevido a traducirla al castellano excepto por el capítulo Anna Livia Plurabelle) , lo hacen dificilísimo de leer y comprender, más aun si lo intentamos en su idioma original, donde en las narraciones mezclan palabras de diversos idiomas en un mismo párrafo o diálogo, forma llevada al extremos en su última obra, donde inclusa utiliza palabras de su propia invención. Por eso es muy buena idea si se quiere empezar a leer algo del irlandés empezar por Dublineses, no solo por su calidad literaria, que la tiene, sino porque nos puede ayudar a entrar con buen pie en el universo de Joyce. Además las historias, aunque conectadas por el contexto dublinés, son independientes unas de otras  y pueden leerse desordenadas. Aparte de recomendar leer el libro, porque es muy bueno, sí que recomiendo leer aunque sea las diez últimas páginas de la última historia, porque son simplemente una de las mayores maravillas que ha dado la literatura universal.

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