Home > En portada > Informe desde la ciudad sitiada. Zbigniew Herbert

Informe desde la ciudad sitiada. Zbigniew Herbert

Ficha técnica

Título: Informe desde la ciudad sitiada y otros poemas

Autor: Zbignew Herbert

Editorial: Hiperión

Año: 2008

Páginas: 117

Precio: 11 €

 

 

 

 

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


Música de piedra. De piedra y llanto. Los versos de Zbigniew Herbert (Lwów, 1924–Varsovia, 1998), gran voz de la poesía polaca junto a nombres como Czeslaw Milosz o Wislawa Szymborska, fueron definidos en su día como melodía del ser material hierático y lento, austero, feroz a veces, eterno. Sensible en su contenido, frío en su forma. Equilibrio de difícil acceso y contagio inevitable. Adentro del poema sus manos hilaban metonimias, aforismos y prosas poéticas de neutro y poderoso misterio. Afuera, el presagio o la resaca creadora se mezclaban con el carácter y el poeta Zbigniew, que instantes antes o instantes después era piedra en letra, dejaba paso a la tormenta del Zbigniew hombre.

«Injusto, arbitrario, irascible, malhumorado –se le describe en un artículo de FronteraD–, tras la desaparición del régimen comunista insultó a sus antiguos amigos que le habían ayudado y pidió un juicio político para el poeta Czeslaw Milosz, a pesar de que éste le había conseguido trabajo en América y su primera traducción al inglés, y que incluso había dicho de él: “En rigor Herbert es el poeta número uno de Polonia, no Milosz”. Pero ya sabemos que Herbert fue una persona muy difícil. Otro poeta que le admiró, Adam Zagajewski, citó “la silenciosa amargura de los malos meses” en el poema que escribió tras su muerte, “Adiós a Zbigniew Herbert”. Por lo que parece, esa silenciosa amargura se extendió mucho más allá de los malos meses». Colérico y concienciado, radical por tan arraigado a los sucesos del fragmento de Historia en que cayó. Furioso, intenso, volcado volcán.

Zbigniew Herbert
Zbigniew Herbert en 1972.

Y, en cambio, tan sereno y distante en la escritura. «Dicen de mí / lo comenzó la naturaleza / pero quedó sin terminar / como una escultura abandonada / un boceto / el fragmento deteriorado de un poema», comienza «El divino Claudio», en el que tras lo hermoso de esta imagen primera se sucede el tono que él ejerció como bandera: la ironía. Ésta y todas las demás notas de su música mineral se escuchan en Informe desde la ciudad sitiada y otros poemas (Hiperión, 2008), su antepenúltima obra, prohibida originariamente por la censura y publicada en 1984 (de forma clandestina) en Cracovia y posteriormente en Francia, donde el poeta residió durante sus últimos años.

Herbert, y especialmente en este libro, podría ser lo que se denomina un «poeta social» –si acaso no todos los creadores o artistas lo son, pues cualquier tema que afecte al ser humano le afecta en la medida en que se relaciona con su medio–. Su formación y madurez se iniciaron durante la Segunda Guerra Mundial, bajo la ocupación nazi, y su espíritu desarrolló una fuerte inclinación de amor y defensa hacia su tierra y, por otro lado, un fervoroso deseo por el conocimiento y aprehensión de las Humanidades. Estudió Economía, Derecho y Filosofía al mismo tiempo que comenzaban a brotar de él los primeros susurros de la escritura, rodeado del aura triste de la posguerra y el estalinismo. Desde mediados de los años 50, cuando pudo por fin publicar su primer poemario (Cuerda de luz), se arrojó ya, definitivamente, a la literatura.

Colérico y concienciado, radical por tan arraigado a los sucesos del fragmento de Historia en que cayó. Furioso, intenso, volcado volcán en acto y palabra.

De entre toda su producción, formada tanto por poesía como por ensayo o teatro, es Don Cógito (1974) su obra más conocida y representativa. En guiño cartesiano, a través del personaje que le da nombre, como un paseante ajeno que atento observa el interior del mundo, Herbert reflexiona acerca de los problemas contemporáneos y trascendentales del hombre: su pasado, su huella, su presente, su destino. Su propio país, la política, el dolor. Varios de estos poemas se incluyen en esta edición de Informe desde la ciudad sitiada: «Antiguamente / lo sabemos por la historia / salía del cuerpo / cuando el corazón se detenía […]  Seguro que debe habitar / también en otros cuerpos // hay relativamente pocas almas / para toda la humanidad», habla «El alma de don Cógito». Una voz cauta, circunspecta, cuyo mirar y cuyo juicio recuerdan a personajes de obras posteriores como la magnífica película de Wim Wenders El cielo sobre Berlín (1987) –también conocida como Las alas del deseo– o la novela no menos admirable Si al atardecer llegara el mensajero de Soledad Puértolas (Anagrama, 1995).

Zbigniew HerbertFiel a una de sus máximas («la literatura debería enseñarnos a ser sobrios, es decir, a estar despiertos»), Zbigniew Herbert hace en Informe desde la ciudad sitiada «un lúcido y elegíaco examen de las vicisitudes históricas de la nación polaca», como define Xaverio Ballester en el prólogo de este volumen de Hiperión. Así describe, en esas mismas primeras páginas de iniciación, el modo de Herbert como «poeta social»: «En el Herbert que se enfrenta a la barbarie la actitud intelectual predominante es la ironía. No abjura de los valores que desde la civilización grecolatina han ido abriéndose paso en Occidente: la belleza, el arte, la cultura, la solidaridad, la justicia, pero conoce y describe bien su indefensión ante la brutalidad y la impunidad con la que frecuentemente son violados […]. Y es ésa la única humildad que queda para el hombre humillado, convertido ahora en una figura tragicómica, un bufón que avanza tambaleándose, consciente de que la nada será su última recompensa, pero caminando, no obstante, hacia su trágico destino orgullosamente». Así se sucede en «El treno de Fortinbrás»:

«Antes o después tenías que morir Hamlet no estabas hecho
para la vida
creías en ideas de cristal y no en la arcilla humana».

Y pese a su textura de roca, con cuán belleza observa, describe, rodea, inunda: «Y al final decide / quedarse en esa postura / que le enseñaron los escultores / avergonzada de aquel instante de ternura» («Nike cuando vacila»); «La campana del tranvía, irónico transatlántico, convoca ya a los soñadores» («Estereoscopio»). Figuras tragicómicas, inocentes bufones que avanzan tambaleándose, conscientes de que la nada será su última recompensa. Pero orgullosos, limpios de conciencia. Por eso cada poema, cada verso, es un hiriente filo de luz, una luz de muerte herida: «Hasta el final fueron audaces / hasta el final fueron fieles / hasta el final fueron parecidos / como dos gotas / detenidas al borde de la cara» («Dos gotas»). Luz agotada, resignada. «Ni siquiera describiré la casa / que conoce todas las fugas y mis retornos», expira «Nunca de ti», poema que evoca el bello y triste «Últimos días de una casa» de Dulce María Loynaz.

Luz herida, agotada, resignada. Pero limpia por honesta. Cubierta de referencias políticas, intelectuales, morales; metafórica siempre, inquieta, irónica. Irónica por ser arma última, cuando hasta la esperanza está dañada. Irónica, por ser única arma posible contra la barbarie. Leer a Zbigniew Herbert es leer una postura rígida, altiva, de caliza; suavizada por el canto de la poesía, frente a lo menos humano de lo humano. Si hoy, declive de 2017, viviese, ante el hastío y tanto desastre quién sabe si una línea de pentagrama no se difuminaría, rota como pétalo secado, de su hermosa música de piedra.


Dónde hallar la obra de Zbigniew Herbert

· Naturaleza muerta con brida. Acantilado, 2008.
· Informe desde la ciudad sitiada y otros poemas. Hiperión, 2008.
· Un bárbaro en el jardín. Acantilado, 2010.
· Poesía completa. Lumen, 2012.
· El laberinto junto al mar. Acantilado, 2013.

Continúa el camino...
Matemática y onírica Maruja Mallo
«Le Redoutable». Cuando Godard mató a Godard
Chantal Maillard y el ‘re-cordis’ de «La razón estética»
«Médula» de Aurora Luque

Deja un comentario

Este sitio emplea cookies propias y de terceros para mejorar su calidad. Si continúa navegando o utiliza el scroll de navegación vertical, aceptará implícitamente el uso de Cookies. Puede consultar más datos en nuestra Política de Cookies

Las opciones de cookie en este sitio web están configuradas para "permitir cookies" para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si sigues utilizando este sitio web sin cambiar tus opciones o haces clic en "Aceptar" estarás consintiendo las cookies de este sitio.

Cerrar