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Decir Idea alcanza

Ficha técnica

Título: Poesía completa

Autora: Idea Vilariño

Editorial: Lumen

Año: 2016

Páginas: 326

Precio: 19,90 €

 

 

 

 

 

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


«Me faltan tantas cosas que me duelen las manos / que se alargan dolientes, pálidas y vacías». Faltó o faltaba, quizá, la sonrisa. La esperanza, una felicidad que durara, la pronto huida inocencia. Pero la voz… la voz nunca fue en ti ausencia, Idea. Sabías siempre decir la esencia de una complejidad con la sencillez de un vocabulario preciso, exacto, bello. Milimétricamente libre.

Perfectamente rota, su voz era tan concisa y etérea como su nombre. Sigue siendo, es; en presente infinito. Su canto perdura en los poemarios, hermosamente lastimados de pasados y presentes, de una nostalgia templada y asumida. Esa herida que es toda la obra poética de Idea Vilariño (Montevideo, 1920–2009) se ha recogido en Poesía completa (Lumen, 2016), una cuidada edición –como todas las nacidas bajo dicha editorial– que abarca versos de sus inicios, tanteantes sin nombre, y poemas de La suplicante (1945), Cielo cielo (1947), los aparecidos en la revista Número[1] Paraíso perdido (1949) y Por aire sucio (1950) –donde ya asomaba, decidido, el desencanto–, Nocturnos (1955), Poemas de amor (1957), Pobre mundo (1966) y No (1980). Un recorrido por el crecimiento de una obra que fue siempre sombra inseparable de su autora: en Idea, como en muchos otros poetas, la creación es la creadora y viceversa. Las palabras como extensiones de sí misma y sus circunstancias. Al igual que la vida inspira poemas, también la poesía inspira una forma de vida, en un movimiento paralelo y fusionado.

La vida de Idea ya nació con la forma de la literatura: su madre, Josefina, era ávida lectora de la poesía europea, su padre, Leandro, fue poeta, y sus cuatro hermanos tenían como ella nombres que en sí mismos eran breves alegorías: Numen, Poema, Azul, Alma. Aire de sensibilidad que ella acogió e hizo suyo, respirándolo en sus clases (fue docente de Educación Secundaria y Universidad), en sus críticas literarias, en sus ensayos, en sus traducciones, en su música. Niña de piel delicada y tormento que el mundo rápidamente reconoció y alabó. Especialmente, el aire, en sus poemas, que fueron corriente durante casi toda su trayectoria de la llamada Generación del 45, en la que convivió, junto a otros, con Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Ida Vitale o Manuel Claps, quien fue para ella, tras su padre, la persona que más la formó intelectualmente. De entre su grupo, que surgió en un momento de gran escasez de actividad editorial en el país, era Idea una poeta esquiva, huidiza de publicaciones, promociones o entrevistas. Silencio era la respuesta a preguntas sobre su obra. Se le antoja a la imaginación verla entre sus compañeros, observadora, interviniendo poco, breve y mordaz. Como sus ojos, como sus labios. Inteligente y decidida incluso en medio de la duda. «Hacia qué o hacia quién / estas noches de barco / sin destino, de barco / sin destino y sin puerto», escribió en 1942. «Llegaba hasta la crueldad con ella misma –según su hermano Numen–. En sus cosas, sus amores, era exigente hasta el odio. Nunca vi a nadie cambiar tanto de apego, desde sus compañeros de trabajo hasta sus amores. Eran siempre como apariciones fugaces de las que después no se sabía nada».

La voz de Idea era tan concisa y etérea como su nombre. Sigue siendo, es; en presente infinito. Su voz perdura en los poemarios, hermosamente heridos de pasados y presentes, de una nostalgia templada y asumida.
Idea
La Generación del 45 con Juan Ramón Jiménez.

Un amor, sin embargo, no lo fue. En torno a 1950, año que inició su época más importante, conoció a Juan Carlos Onetti, sobre quien dijo que era «el último hombre de quien debí enamorarme». La suya fue una relación tormentosa, absoluta. Poseyó la belleza del cielo en estallido y los truenos que agitan corazones. Y los destrozan. «Era una mujer tan reprimida que por eso la pasión hizo en ella los estragos que hizo», dijo en una ocasión la también uruguaya Cristina Peri Rossi. «Sus poemas fueron la tabla de salvación para no suicidarse». Como Alfonsina Storni, quien en su desgarrador desangelo a menudo escribía «para no morir», Idea Vilariño encontraba en las palabras un intento de cicatriz a sus heridas. Vilariño y Onetti huían de sí y se atraían constantemente. Se casaron con otros nombres, tuvieron otros amores, trataron de iniciar historias que tapasen la suya, tan inestable. Tan irrevocable e inevitable. A él está dedicado Poemas de amor, incluido en la antología de Lumen en hermosas lágrimas como «El testigo», «El encuentro», «Dónde» o el famoso y mortal «Ya no». «Por los días perdidos / por lo imposible ya / por el fracaso», expira en «Estoy tan triste».

Toda su poesía es una expi(r)ación. Una lluvia sosegada e intensa que cae en forma de pequeños poemas, nunca extensos y carentes de rima y palabras rimbombantes, en los que se pregunta dónde está, qué fue de, qué hay allá. Círculos hilados que se cierran en un sigilo de discreta perfección. «Acaso / tiene delicadeza / vivir / romperse el alma». Alma en grieta que escribía desde antes de saber escribir. Que siempre habló con la muerte, que peleó con el amor, que amaba las flores y la vida. Que fue una misteriosa, elevada y recelosa estrella silenciosa. Que espera sin esperar, sumida en su finísima añoranza triste, a ser leída y acariciada bajo las páginas de esta antología. «Inútil decir más. / Nombrar alcanza». Decir Idea Vilariño alcanza.


[1] Revista literaria uruguaya, cosmopolita y de mirada abierta, fundada en 1949 por la propia Idea, Emir Rodríguez Monegal y Manuel Claps dentro de la llamada Generación del 45. Como sello editorial también publicaron obras de Mario Benedetti, Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Horacio Quiroga o Arturo Ardao.


Idea desde más cerca

· Idea Vilariño. Esa mujer. Fragmentos de ella y sobre ella. Revista Frontera D (marzo de 2013).
· Uno de nosotros: Idea Vilariño. Reportaje de la Televisión Nacional de Uruguay (junio de 2013).
· «Onetti y yo éramos dos monstruos». Onetti, la infancia, la enfermedad y la poesía. Entrevista de María Esther Gilio publicada en Ñ. Revista de Cultura.

 

 

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