Verónica

Ficha técnica

Verónica_Péguy_Nuevo InicioTítulo: Verónica, diálogo de la historia y el alma carnal

Autor: Charles Péguy

Editorial: Nuevo Inicio

Páginas: 304

Precio: 27€

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Pablo Ortiz Soto


Prodigiosa, brillante, escandalosa, iluminadora, profética y esperanzadora. Así definiría la obra que en esta ocasión os presento: Verónica, diálogo de la historia y el alma carnal, del filósofo francés Charles Péguy (1873 – 1914). Este escritor de raíces socialistas, y al que pudisteis conocer en la reseña sobre su ciudad armoniosa, expone en este libro una profética reflexión filosófica sobre la historia y su transcendencia. Asimismo nos glosa el autor: “Voy a publicar en los Cahiers mis diálogos de la Historia. He hecho de ellos un ser vivo, Clío, hija de la Memoria. Pobre Clío, se pasa el tiempo buscando huellas, y sus huellas nunca reproducen nada… El primer volumen se llamará Clío. El segundo se llamará Verónica… Clío se pasa el tiempo buscando huellas, huellas vanas, y una judía de tres al cuarto, una chavalilla, la pequeña Verónica, saca su pañuelo, y de la cara de Jesús toma una huella eterna. Eso lo pone todo patas arriba. Estuvo allí en el momento oportuno. Clío siempre llega tarde”.

Esta obra fue escrita entre 1909 – 1912, periodo crucial en la vida del autor tras la ruina de su librería y editorial socialista Georges Bellais, el traspaso a la Societé nouvelle de Librairie et d’Edition junto a sus amigos normalistas y dreyfusards, y su posterior desligamiento para fundar los definitivos Cahiers de la Quinzaine –revista política quincenal–, que se publicarían ininterrumpidamente hasta su muerte, el 5 de septiembre de 1914, a la sombra de la Gran Guerra a la que el escritor había acudido voluntariamente. No obstante, antes de ese fatídico día, el aumento de la familia Péguy sumado a la deteriorada salud del padre hizo que la familia se trasladara, en enero de 1908, a la tranquila Maison des Pins de Lozére, a las afueras de París. Y, al amparo de la quietud de este lugar, se produciría el camino de conversión del pensamiento revolucionario de Charles Péguy. Un Encuentro que sería confesado por primera vez, en septiembre de ese mismo año, a su querido amigo Joseph Lotte: “No te contado todo. He encontrado la fe: soy católico”. A lo que su fiel amigo respondería: “pobre viejo, todos estamos en ello”.

Peguy

Sin embargo, la incomprensión de su familia y seguidores, el ambiente social y las exigencias eclesiales provocarían que Péguy siguiera una línea heterodoxa, incluso “sanamente anticlerical”, dejando en manos de la gracia las dificultades con las que se iría encontrando. Si bien no hay que olvidar que, once años después de su muerte, su mujer Charlotte y sus hijos (Germaine, Pierre y Charles) serían bautizados por la Iglesia católica, a excepción de Marcel que lo haría en la reformada. Pues bien, junto a la frecuente relación que mantuvo con sus amigos L. Baillet, J. Maritain y H. Clérissac y otros hechos que lo llevarían a una situación existencial desesperante a causa de la incomprensión, estos son los acontecimientos esenciales para comprender la génesis de Verónica. Una obra que, como muy bien afirma el autor del magnífico prólogo, Sebastián Montiel, “es una de las reflexiones más descarnadas, más certeras y a la vez más amorosas que se hayan hecho jamás sobre el hombre moderno y la Iglesia”.

Verónica es una sublime, vibrante y asombrosa reflexión sobre la modernidad, sus raíces, su descristianización y la culpabilidad clerical en la secularización, así como el olvido de la transcendencia. Pero también es un manifiesto de excelsa gratitud, piedad y esperanza. La literatura de Péguy podrá parecer en ocasiones repetitiva, incluso cansina, pero su pureza, claridad y lucidez te harán volver una y otra vez a degustar sus perspicaces y sutiles reflexiones. De Péguy ha llegado a afirmar el ilustre pensador francés Alain Finkielkraut que es “uno de los más grandes pensadores del mundo moderno; sin ninguna duda tiene la misma estatura que Nietzsche, Benjamin o Heidegger”. En esta magnífica obra vislumbraremos la agitación de sus ideas y sentimientos entre la temporalidad y la eternidad, el misterio de la gracia así como los acontecimientos más personales que en ese momento de su vida le acaecieron. En definitiva, Verónica es la humilde, valiente e íntima conexión del corazón y la libertad del hombre con la eternidad.

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