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Lo propio del hombre

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"Le propre de l'homme. Sur une légitimité menacée" (2013)- Rémi BragueTítulo: Lo propio del hombre. Sobre una legitimidad amenazada (Le propre de l’homme. Sur une légitimité menacée)

Autor: Rémi Brague

Año: 2013

Editorial: Flammarion, París

Páginas: 258

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Armando Zerolo Durán
profesor de Pensamiento Político de la Universidad CEU San Pablo

Hay una gran expectación en torno a la aparición de la entrega del tercer tomo de la trilogía de Rémi Brague, que será Le Règne de l’homme. El primer volumen es La sagesse du Monde [La sabiduría del Mundo. Ediciones Encuentro], y trata del contexto cosmológico de lo humano que comienza en la antigüedad, La Loi de Dieu [La Ley de Dios. Ediciones Encuentro], que trata del contexto teológico de lo humano propiamente medieval, y el último, todavía por aparecer, que será Le Règne de l´homme, y tratará del proyecto moderno de construir al hombre fuera de todo contexto. Por esta razón se recibe con alegría el acontecimiento de la aparición de Le propre de l´homme, que es el resultado de una serie de conferencias pronunciadas en la Universidad Católica de Lovaina, en el cuadro de la Cátedra “Cardenal Mercier” en el año 2011 y que es una anticipación, un “satélite”, de su próxima obra.

La tesis que Brague presenta en su libro es sencilla y se puede resumir en la siguiente pregunta que él mismo formula: “¿Quién puede decirnos que es bueno que estemos aquí, que nuestra presencia y la posesión de características que nos hacen hombres sea legítima? ¿Quién sino Dios?” En efecto, la modernidad se construye sobre el intento de legitimar la presencia del hombre en el Mundo desde sí mismo, desde su autonomía y por sus propios medios. Así entiende el autor que nace el humanismo y sus distintos tipos, como un intento inmanentista de legitimar la presencia y existencia de los hombres y sus acciones en el mundo.

El ensayo retrata cuatro tipos de humanismo y su respectiva tarea de explicar lo humano.

El autor, Rémi Brague

La primera etapa fue la de la “diferencia”, en la que el hombre se comprende a sí mismo como una especie que se distingue sustancialmente de las demás por algunas propiedades que solo él posee, como el Logos y la sociabilidad o politicidad. Todavía no se deduce una superioridad de esto y, en algunas ocasiones, como es el caso de ciertos mitos primitivos, se siente como una especie inferior por el hecho, por ejemplo, de tener que trabajar.

La segunda etapa fue la de la “superioridad”, en la que el hombre empieza a entenderse como mejor al resto de las especies. Esta superioridad puede deberse a que el hombre realice del modo más pleno los fines de la naturaleza, o a que, como es el caso de las religiones bíblicas, Dios haya elegido al hombre antes que a cualquier otro, lo que no es un mérito, sino un don gracioso.

La tercera fase fue la de la “conquista”, en la que el hombre aparece como un ser que debe dominar a todos los demás. El comienzo de esta carrera lo marcan Descartes y Bacon, y el final está en Fichte y Nietsche. El hombre como dueño y señor de la naturaleza. Se trata de la corrección del pecado original por el que el hombre perdió el control sobre la naturaleza, y ahora, con nuevos medios, con las ciencias de la naturaleza, está de nuevo capacitado para recuperarlo, lo que en los últimos tiempos de esta fase, con Fichte, se convierte en una obligación moral.

La cuarta fase del humanismo es la de la “exclusión”, según la cual el hombre es el ser más elevado y no tolera a ningún otro por encima de él. Es la etapa del positivismo, de Marx, pero antes también de Rousseau, Comte o Robespierre y un agnosticismo general.

No hay una etapa ulterior porque aun se está desarrollando. Ahora vivimos en un estado transitorio que podría considerarse como “la derrota del humanismo”, entendido como el fracaso del pensamiento moderno para dar argumentos a favor de la existencia del hombre. La modernidad ha puesto en manos de los hombres los instrumentos para determinar su destino, y con ello ha situado la cuestión de si conviene continuar con la aventura humana o no en primera línea de la libertad. Pero al tiempo que ha suscitado la gran pregunta sobre el proyecto humano, ha dejado vacía la respuesta sobre la legitimidad del hombre, no puede responder a ella. El humanismo es el intento ingenuo de proteger lo humano, pero no es capaz de explicar por qué hay que hacerlo, en definitiva, “nuestro humanismo no es otra cosa que un anti-antihumanismo”.

El libro recorre estos problemas, deteniéndose en las principales amenazas de lo humano, como el ecologismo radical y sus precedentes históricos, las dificultades que encuentra el ateísmo para dar una respuesta razonada a la cuestión de la legitimidad de la existencia del hombre y el fracaso del proyecto ilustrado. En la última parte retoma la visión religiosa del hombre y del mundo y propone la tarea de establecer una relación con la trascendencia razonable, es decir, la religión. El paso a lo trascendente a través de la razón, de una elaboración racional de la religión por una teología, permitirá respetar al hombre en aquello que constituye su humanidad.

“Es indispensable producir un pensamiento del Bien y de la Providencia, para que el hombre, como mínimo, pueda continuar siendo, y siendo lo es”.

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