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Hablemos de sexo

Reseña de libro: La profundidad de los sexos

Ficha técnica

la-profundidad-de-los-sexosTítulo: La profundidad de los sexos (por una mística de la carne)

Autor: Fabrice Hadjadj

Año: 2009

Editorial: Nuevo Inicio

Páginas: 302

Precio: 25€

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Jorge Velasco Fernández
@JorgeVF88


Vivimos un momento de cambio. Vivimos una etapa de transición donde el relativismo, el positivismo, los moralismos y tantos -ismos como queramos añadir, se apoderan de nuestra vida sin permitirnos dar pasos hacia delante. Y el hombre de hoy tiene miedo, por ello no camina, se deja llevar creyendo conocer todo sobradamente, alardeando de falsa modestia y soberbia por aquello de qué dirán.

Tras esta breve introducción parece que vamos a hablar más bien de política o principios éticos y morales, pero ¿y si hablamos de sexo? El filósofo francés Fabrice Hadjadj, en su trabajo La profundidad de los sexos trata de aproximar a los mortales luz sobre este tema tan tabú en la sociedad, que está desnaturalizando lo más normal del mundo: la sexualidad.

El profesor Hadjadj, conocido ya en esta atalaya de Hombre en camino muestra con su tónica de ironía y profundidad sus apreciaciones acerca de la sexualidad humana con una sencillez habitual pero que nunca deja de sorprendernos. ¿Por qué nos cuesta tanto creer en Dios? Podríamos responder dando razones y argumentos típicos y tópicos tales como “porque al no verlo no me lo creo”. Pero, ¿y si estuviera más cerca de lo que nosotros nos creemos con nuestra ínfima inteligencia? “Encontrar a Dios en un retiro en un monasterio”, afirma Hadjadj, “es una cosa bastante trivial. Pero encontrar a Dios yéndose con su propia mujer, precisamente la misma que acaba de echarte a perder el filete de ternera, eso sigue siendo algo inexplicable”. Y esto es así porque Dios se nos escapa de todo razonamiento. Creemos que podemos conocer a aquello que es más grande que nosotros e intentamos medirlo, cayendo en la insensatez y las frustraciones al comprobar que la realidad divina termina por sobrepasarnos.

Pero no quiero desviarme del asunto principal: el sexo. ¿Qué es? La unión del hombre y de la mujer en su estado más pleno haciendo uso del sacramento del matrimonio con el fin de suponer una suegra y de la esperanza de poder darle unos nietos como afirma el  autor. Pues sin ir más lejos. A día de hoy cuesta creer esto dicho con tanta sencillez, pero es cierto. El problema reside en que ahora la sexualidad ya no reside en los sexos sino en el cerebro, en el inconsciente, en el libre el albedrío, en la lengua o en las propias convenciones sociales. Y así es como el hombre va perdiendo el rumbo cayendo en los –ismos sin terminar de ponerse de acuerdo respecto a la pregunta principal.

En estos momentos, las relaciones ya no se toman tan en serio pues el hombre se ha desencantado con el mundo. Se han dejado a un lado las seducciones lentas y los juramentos eternos antes de poseer a la amada por un clic mucho más rápido, indoloro más rápido de aliviar. ¡Esto es un drama! Estamos cayendo en el sexo sin procreación, sin sexualidad y sin encarnación… lo cual produce un duro desgarro en la mentalidad humana al aceptar un todo vale que deja al hombre vacío por dentro presentándolo ante un abismo interior que culmina con la muerte óntica.  Y la cuestión sería ¿cómo impedirlo? Educando, me responderían los clásicos, el ethos para un buen discernimiento y una buena comprensión y disfrute de la verdad y de la VERDAD en mayúsculas. El hándicap de esta sociedad es su miedo a pensar, es su miedo a desarrollar bien la libertad por el qué dirán. Tendemos a no tener fe en la carne, y nos dejamos llevar por nuestros miedos. Nos da cosa que nos vean diferentes, nos da repelús que nos vean felices cuando el resto está triste, nos da pavor caminar por la vida hacia un encuentro con aquel que nos reconforta y nos ampara.

No piensen que caminar no duele. Dios no va a quitar nuestros sufrimientos, pero sí que los va a hacer comprensibles para que sepamos abrazar ese misterio que nos salva. Y acabo lanzando la pelota a vuestro tejado, lectores de Hombre en camino: ¿Te vas a mover a dar pasitos en tu vida? No temas, el Señor siempre se hace el encontradizo, pero no lo descubrirás si no empiezas a caminar. ¡Ánimo!

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