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El sexto sentido

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"El sentido del asombro" - Rachel CarsonTítulo: El sentido del asombro

Autora: Rachel Carson

Páginas: 48

Precio: 5€

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Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP

Hay personas que, pese a su trabajo, dedicación y logros, no consiguen dejar huella en el mundo. No la suficiente, al menos, sabiendo que todos esos años de trabajo, dedicación y logros se han dedicado a, para y por ese mismo y caprichoso mundo. Rachel Carson era una de esas personas. Un nombre que no suele resultar conocido (no más allá de Estados Unidos), pero que luchó porque así lo fuera.

Fue una niña madura, despierta e inteligente. Comenzó a estudiar Filología, pero, como muchos talentos despistados, pronto se dio cuenta de que ése no era su camino. Fue una profesora quien le despertó su gran pasión, adormecida desde la niñez: la naturaleza. Amaba el mundo de los seres vivos, desde el más insignificante de los invertebrados hasta el más complejo de los hombres. Amaba el grandioso y misterioso planeta que habitamos, y dedicar su vida a él, a su observación, investigación y cuidado, le pareció la mejor manera de agradecer y aprovechar su don.

Los estudios de Biología, su carácter trabajador y su habilidad para redactar le permitieron dar sus primeros pasos en la sección de Publicaciones del Servicio Federal de Caza y Pesca. Aquello fue sólo el comienzo de una prometedora carrera como divulgadora y escritora. Su obra más conocida e influyente fue La primavera silenciosa (1962), en la que denunciaba el mal uso del DDT, un compuesto de los insecticidas que amenazaba contra la salud y el medio ambiente. Sus palabras conmocionaron a la sociedad norteamericana de los años sesenta, quien descubrió a una mujer discreta y fuerte que pretendía defender su hogar, y el de todos, de las inconscientes amenazas de los hombres.

Rachel Carson

El sentido del asombro se escribió seis años antes, aunque fue publicado póstumamente en 1965, un año después de que un cáncer de pecho arrebatase injustamente la vida a su autora. La propia naturaleza, a quien Rachel tanto amaba y servía, castigó a la sociedad que insistía en contaminarla llevándose a una de sus mujeres más valientes y apasionadas. La brevedad de esta obra no fue decisión de Rachel. El tiempo se le terminó antes de que pudiera ampliarlo, pero éste fue suficiente para contarnos, en apenas 15 páginas, el secreto del sexto sentido.

Su sobrino Roger es su compañía durante dichas páginas, donde se narran muchas pequeñas aventuras en las que enseñaba al niño a asombrarse, a interesarse y preguntarse por todo lo que sucedía a su alrededor. Y es que preguntar es lo más natural de un niño. Por qué, por qué, por qué… ¿Por qué, si en el fondo todos somos niños, abandonamos pronto esa maravillosa curiosidad? A menudo, madurar se antoja como algo antipático, desagradable y triste. Peter Pan estaría de acuerdo, y probablemente Rachel Carson también.

Mostrar la naturaleza a los más pequeños es enseñar su propio mundo, en el que el organizado ecosistema de las hormigas se convierte en un entretenimiento mucho más sano e intrigante que, por ejemplo, cualquier juego para niños del iPad. Es importante valorar, cuidar y aprender del mundo, y Rachel Carson nos cuenta, casi a modo de carta, alguna de sus experiencias en ese proceso, ayudándose y apoyándose en las más inocentes y curiosas preguntas del ser humano en su estado más puro: el niño.

No desvelaré el secreto del sentido del asombro. Dejaré que sean los futuros e intrépidos lectores quienes se asombren al agudizar ese sexto sentido. Para abrir boca, una de las citas más sorprendentes y acertadas de la autora: “Bajo este estado derrotista, exclaman «cómo es posible que enseñe a mi hijo sobre naturaleza, sino sé ni siquiera distinguir un pájaro de otro». Yo sinceramente creo que para el niño, y para los padres que buscan guiarle, no es ni siquiera la mitad de importante conocer como sentir”.

Los que ya amamos la naturaleza disfrutaremos con esta sencilla, tierna e interesante lectura, soñando con tener la sensibilidad de Rachel Carson aunque fuera tan sólo por unos instantes. Y, como escribe Mª Ángeles Martín en el prólogo de El sentido del asombro, “los lectores que aún la desconocen [la naturaleza] seguro que tras este relato querrán que alguien se la descubra asombrosa para no perderse nada en la vida”.

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