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Divertirse hasta morir

Fernando Bonete Vizcaino

Les traigo esta semana una célebre reliquia de la comunicación, ya descatalogada, no podía ser de otra manera, en este caso análisis de la esencia y consecuencias sociales de la televisión. La obrita de Neil Postman podrá ser todo lo americana que queramos, todo lo anticuada y desfasada que se nos antoje, pero es, y seguirá siendo muchos años más, una indiscutible referencia para entender de forma íntegra y verdadera la dimensión que ha alcanzado la televisión en la mentalidad colectiva y en la manera de comprender la vida misma.

Muy interesante, por lo demás, resulta la asociación del cambio experimentado por la sociedad con las teorías propuestas por Huxley en Un mundo feliz. Postman rechaza de este modo la interpretación de Orwell en 1984; un apunte muy significativo si tenemos en cuenta el año en que Divertirse hasta morir fue escrito. La verdadera propuesta y tesis de Postman no es volver a remarcar la idea del espectáculo de masas y la caída en la banalidad, ni siquiera es intención expresa y directa del autor la comparación con tiempos pasados, sino ahondar en las causas de la ausencia de reflexión social y del extravío de los motivos que nos mueven a pensar y actuar:

Lo que sugiero aquí como solución es lo que también sugirió Aldous Huxley, y yo no puedo mejorarlo. Él creía, al igual que H. G. Wells, que estamos inmersos en una carrera entre la educación y el desastre. Por eso escribía continuamente sobre la necesidad de comprender la política y la epistemología de los medios de comunicación. Finalmente, intentaba decirnos que lo que afligía a la gente de “Un mundo feliz” no era que estaban riendo en lugar de pensar, sino que no sabían de qué se reían y por qué habían dejado de pensar.

Con todo, Postman no trata en ningún momento de forjar un discurso maniqueísta (ahí la diferencia con otras obras de una misma temática que caen en tópicos manidos), sino que establece una progresión ontológica que nos conduce a la comprensión total de la esencia de la televisión. No confundir conceptos e interpretarlos todo lo objetivamente que se pueda es, si cabe, uno de los grandes retos para escapar a estos tiempos de posmodernidad. Neil Postman nos sirve de guía en este camino hacia la verdad con acierto y gran pericia analítica.

Más información y reseñas sobre Divertirse hasta morir en: Revista de estudios sociales (Redalyc) y en lapaginadefinitiva.com

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