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Estado del bienestar: pregunten en Suecia o en Japón

Reseña de libro: El Estado como rival de la familia

Ficha técnica

Estado rival de la familiaTítulo: El Estado como rival de la familia

Editor: Francisco J. Contreras

Editoriales: CEU Ediciones y Dykinson

Páginas: 92

Precio: 10€

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Pablo Ortiz Soto
@pablothaumazein


Hace unos meses, el diario Público –que no suele compartir ciertas informaciones, siendo más propicio a ello medios como ABC o La Razón– divulgó una sorprendente noticia: “Suecia, en caída libre hacia un ‘aburrimiento absolutamente inimaginable’”. Este suave titular, sin embargo, no mostraba del todo la cruenta información que la periodista Begoña Piña nos ofrecía en el contenido, donde analiza el documental La teoría sueca del amor (2015) del director Erik Gandini: “Uno de cada dos suecos vive solo. Uno de cada cuatro suecos muere solo… y nadie reclama su cuerpo. La persecución del ideal de independencia, que se inició con un manifiesto político en 1972 (La familia del futuro: una política socialista para la familia), se ha conseguido.” Pero… ¿cuál es el actual resultado de aquella medida en la que el gobierno de Olof Palme creyó que haría feliz a sus ciudadanos? El documental –explica la periodista– revela, entre otras inquietantes realidades, “la existencia de grupos que se han ido a vivir a los bosques en comunidad buscando la felicidad que no tenían, pero también muestra las batidas de voluntarios que buscan a personas desaparecidas todos los fines de semana y los elevados índices de suicidios que se registran. […] Una agencia estatal se ocupa de buscar a los familiares de los fallecidos a los que nadie reclama.”

Es triste esta deshumanizada realidad, ¿verdad? Pues es exactamente el mismo diagnóstico que tan genialmente refleja el escritor francés Michel Houellebecq en los personajes hastiados y depresivos de sus obras; el conocido literato sueco Henning Mankell o, entre otros muchos, el novelista estadounidense Walker Percy. En el caso de Houellebecq, este autor nihilista se inspira fundamentalmente en el desencanto y la insatisfacción de su contemporáneo tras la liberación sexual. Una politizada revolución que tiene en su extremo, paradójicamente, el secuestro de la libertad como muestra el siguiente caso: en diciembre de 2016 nos llegaba la noticia de que el gobierno de François Holland está pensando prohibir, mediante el proyecto ley “Interferencia digital”, las páginas webs que “deliberadamente engañen, intimiden o ejerzan presión moral o psicológica para desalentar el recurso al aborto”. Qué paradójico ¿no?, la República de la “liberté, égalité, fraternité” prohibiendo la libertad de expresión. ¿Acaso son webs terroristas? ¿Es intimidatorio, engañoso, defender la vida? ¿A un ser humano –si no lo quieres ver en acto– en potencia? ¿No decía la ley proaborto francesa de 1975, recuerda el político francés Bruno Retailleau, que las mujeres debían ser informadas de otras opciones antes de realizar tal acto? ¿Cuál será el siguiente paso? ¿Prohibir la libertad de culto de un hinduista, de un cristiano, de un musulmán o de un budista porque “ejerzan presión” o provoquen “interferencias” a los antiteístas?

estado del bienestar
Kirobo, el robot que disminuye la soledad en Japón

Así pues, ¿cuál es la razón de esta zozobrante situación estatal? Para responder a esta y otras preguntas les recomiendo el libro El Estado como rival de la familia (CEU Ediciones, 2015). Editado por el catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Sevilla, Francisco J. Contreras, esta breve obra colectiva ahonda en las raíces de las políticas estatales contra la clave del problema precedente: la erosión de la familia, es decir, la unidad básica de la sociedad. Los fenómenos antisociales que observamos, como el caso sueco o el japonés –país que está invirtiendo en robótica con el fin de “paliar” la soledad (“Kirobo” para los ancianos y “Hikari Azuma” para los jóvenes)–, pero también las alarmantes anomalías demográficas que padecemos en Europa, el menoscabo de la autoridad del profesor en los institutos o, entre otras secuelas que podrán descubrir en el libro, las contradicciones gubernamentales de subvencionar, por ejemplo, la contracepción y no un empaste dental en un adulto, u otras enfermedades, son consecuencia –afirman los autores– de la excesiva dominación estatal cuyos tentáculos han ahogado la libertad de las estructuras básicas de la sociedad y, en concreto, la fundamental: la familia.

El volumen, divido en seis capítulos, comienza con la firma del catedrático Carlos Rodríguez Braun quien estudia –siguiendo al filósofo F. Hayek– las diferencias entre la racionalista Ilustración francesa y la moderada escocesa para comprender la corriente que se impuso en occidente y responder a “por qué el Estado desconfía de la familia y la religión”. A continuación, el experto en demografía Alejandro Macarrón analiza los pros y los contras del Estado, realiza un interesante análisis de la crisis demográfica española, sus consecuencias, y ofrece una serie de recomendaciones como auxilio a esta situación. En el tercer capítulo, a cargo del economista de la UAM Óscar Vara, el profesor realiza una reflexión filosófica sobre el relativismo del pensamiento moderno que ha propiciado que algo tan natural como la familia, factor clave para la sociedad y el buen devenir del Estado, se convierta en un mero convencionalismo, prescindible. En el cuarto trabajo, el profesor de Filosofía del Derecho de la USPCEU Elio A. Gallego se apoya en pensadores como Z. Bauman, R. Nisbet u Ortega y Gasset para examinar el proceso histórico que dio lugar a la progresiva disolución de las asociaciones naturales (familia, gremios, comunidades vecinales…) por las políticas intervencionistas estatales que obstaculizaban, según éste, su autoridad.

Estado del bienestar
Cuadro “La familia actual en España”, de Alejandro Macarrón

El penúltimo artículo lo firma el editor del libro, Francisco J. Contreras, y en él insta a los gobiernos a llevar a cabo una serie de políticas que favorezcan, por el bien de la sociedad y del país, la institución protagonista. Finalmente, la doctora en Derecho M.ª del Carmen Meléndez y el doctor en CC. PP. y Sociología de la UDC, Gerardo Hernández, se ocupan de realizar un análisis sociológico y jurídico del “Estado y la familia ante la protección del mayor”. En general, los autores no demonizan a los constructores del Estado moderno (“No es necesario ver en todo este proceso la acción de una clase malvada de hombres”), pero sí critican los gravísimos desaciertos derivados del abuso de su progresiva “centralización [económica, educativa, familiar o sanitaria] y organización que rompe el tejido y las instancias sociales que ejercían estas labores”, como podemos analizar en el caso sueco, en la española, en la estadounidense (cf. Wendell Berry, Robert Nisbet et al.) o en otras sociedades del mundo occidental; con el objetivo de buscar un término medio entre la organización política-social de los países y la familia porque, precisamente –subraya Óscar Vara– “es la familia la condición de posibilidad de toda sociedad al ser ella misma la sociedad más pequeña imaginable.”

En definitiva, los autores de este libro invitan a los gobiernos a recordar su vocación subsidiaria hacia “la comunidad natural” protagonista y a promover, como afirma más abajo Bauman, la virtuosa interdependencia (que no la viciada dependencia e independencia) entre las personas que conforman la sociedad. Lo contrario a esto es, como ya hemos visto, el suicidio paradisiaco individualista y antisocial del país nórdico, el japonés, o el ejemplo de otras tantas naciones camino de ese supuesto ideal del bienestar que no ha hecho felices a las personas. La felicidad, a diferencia de lo que pensó el Estado sueco -explica el sociólogo polaco al final del documental-, “no significa una vida sin problemas”:

“La vida feliz significa superar los problemas, luchar con los problemas, resolver las dificultades. […] Es exactamente esta alegría de superar las dificultades, […] [la] que se pierde cuando el confort crece. Lo tienes todo. Las personas capacitadas de independencia están perdiendo su capacidad para negociar la convivencia con otras personas. Porque ya estás privado de las habilidades de socialización. Es muy agotador. Requiere mucho esfuerzo, mucha atención. […] Cuanto más independiente seas, menos capaz eres de detener tu independencia, y reemplazarlo con una agradable interdependencia. Así que, al final de la independencia no está la felicidad. Al final de la independencia hay vacío vital, una pérdida de sentido de la vida.”

Una vacuidad vital que, en el caso japonés, se intenta paliar o suplir mediante una engañosa y caduca virtualidad emocional tecnológica como la de la “mujer” holográfica japonesa Hikari Azuma o el robot Kirobo. Así pues, en primer lugar, recomiendo este libro porque le permitirá abrir el horizonte epistémico a estas y otras inquietantes cuestiones y, en segundo lugar, porque le hará reflexionar sobre la causa estatal de algunos problemas sociales.

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