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El Cid y las virtudes aristotélicas

Pablo Casado Muriel y Camila Pan de Soraluce

El Cantar de Mío Cid es la gran obra épica española. En sus versos se narra la caída en desgracia de Rodrigo Díaz de Vivar y la posterior recuperación de su honra, en gran medida gracias a su destreza en la batalla. Sin embargo, al figura del Campeador adquiere una grandeza singular, y su heroicidad sirvió como ejemplo de una época. A continuación analizaremos la figura de Mio Cid basándonos en las grandes virtudes establecidas por Aristóteles más de catorce siglos antes, pero que siguen vigentes para todo héroe que se precie.

Aristóteles habla de la prudencia como algo “propio del hombre capaz de deliberar rectamente sobre lo que es bueno y conveniente para sí mismo”. Una de las grandes virtudes presentes en la figura del Cid Campeador, que se va ensalzando a medida que discurren las batallas del cantar. Durante el asedio musulmán al castillo de Alcocer, el Cid pide consejo a sus hombres: “Dezidme, cavalleros, cómmo vos plaze de far”. Un poco más tarde, buscando lo “conveniente para sí mismo” y el castillo, el Cid les dice: “todos iscamos fuera, que nadi non raste, sinon dos peones solos por la puerta guardar”.

Cantar de Mio Cid

Otra de las virtudes aristotélicas la constituyen la valentía y la fortaleza. “Así, se podría llamar valiente en el más alto sentido al que no teme una muerte gloriosa ni las contingencias que lleva consigo, como son, por ejemplo, las de la guerra”. El cantar medieval está lleno de referencias a la valentía del Cid durante los enfrentamientos militares, lo que idealiza su imagen de gran guerrero. Durante la toma de Castejón, el Cid “quinze moros matava de los que alcançava”; llevando a cabo la campaña de Levante, el Cid se dirige a sus mesnadas: “los de Valencia cercados nos han; si en estas tierras quisiéremos durar, firmemientre son éstos a escarmentar” .

La templanza es otra gran virtud establecida por el maestro de Alejandro Magno: “es la virtud que permite dominar racionalmente los apetitos y moderar la atracción hacia los placeres sensibles y el uso de los bienes creados”.  El ejemplo más claro que nos muestra el poema se produce durante el enfrentamiento con el conde de Barcelona, cuando el Cid se dirige a sus hombres: “Ya cavalleros, apart fazed la ganancia, apriessa vos guarnid e metedos en las armas!”.

La última gran virtud es la justicia. Queda aquí en último lugar no por su menor importancia respecto de las demás virtudes, si no para enlazarse con otro tema que ha de ser tratado: los botines de guerra.

Ahora hablaremos de la justicia, y cómo este concepto no es fácil, distinguiremos sus dos clases. […] Podemos establecer que lo justo es lo proporcional. […] Es evidente que todas las leyes son en cierto modo justas, y decimos que cada una de ellas es justa. Las leyes se pronuncian sobre toda clase de asuntos y con ello apuntan al interés de la comunidad.

En primer lugar, Rodrígo Díaz de Vivar ejercita la justicia con sus prisioneros, y son varias las ocasiones en las que libera a los moros hechos prisioneros: “ciento moros e ciento moras quiérolas quitar, porque lo pris d’ellos, que de mí non digan mal. Todos sodes pagados e ninguno por pagar”.

El Cid Campeador

El principal fin de muchos enfrentamientos presentes en el cantar es la obtención de botín, se realizan muchos saqueos, pues los hombres del Cid van aumentando a medida que transcurre el poema. El caudillo castellano reparte siempre los botines obtenidos entre sus hombres, así cómo se encarga de que una cuantiosa parte vaya como regalo para el rey, y otra para su familia. Expresiones como “¡Dios, qué bien pagó a todos sus vassallos, a los peones e a los encavalgados!, o “el oro y la plata ¿quién vos lo podrié contar? Todos eran ricos cuantos que allí ha”, denotan cómo el Cid siempre ejerce la “justicia distributiva” aristotélica entre sus hombres.

A lo largo del cantar que copió Pere Abad vemos como en el personaje principal, el héroe castellano todas las virtudes aristotélicas se van arraigando, haciendo de él un verdadero héroe. El autor ha ido construyendo un personaje que acumula todas las virtudes, ennobleciéndose a medida que avanza en su destierro y fortaleciendo su imagen ejemplificante.

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