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Educar en el asombro

Ficha técnica

Educar en el asombroTítulo: Educar en el asombro

Autor: Catherine L’Ecuyer 

Editorial: Plataforma

Páginas: 182

Precio: 17€

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Pablo Ortiz Soto


A finales de la década de los sesenta del siglo XX, el filósofo francés Jean Baudrillard ya advirtió que, a causa del “éxtasis de la comunicación”, la individualidad humana había mutado hacia el predominio de una virtualidad intranscendente e ilimitada. Dominados por una saturada y consumista malla de redes digitales y vertiginosos simulacros, “todo el universo que nos rodea –afirmaba Baudrillard en su ensayo El otro por sí mismo– e incluso nuestro propio cuerpo se convierte en pantallas de control”, provocando no solo una superficial hiperrealidad simulada, sino también la confusión y el “frenesí de la imagen” sin objeto y la eliminación de la frontera entre lo público y lo privado. Ahora, nuestra intimidad queda expuesta a la seducción más transparente, al más obsceno escrutinio social y a la metástasis consumista de la hipercomunicación mundial, incitando entre otros efectos el adictivo y banal extremo de la “obsesión por demostrar nuestra existencia y de hablar cuando no hay nada [o no se tiene nada] que decir”.

Ahora bien, lo curioso de la aguda intuición y análisis del escritor francés es que también fue corroborada desde otros puntos de vista por numerosos pensadores coetáneos. Por ejemplo el ilustre ‘Homo Videns’ del escritor italiano Giovanni Sartori. Pero no solo estos dos últimos cronistas de nuestro tiempo. También, el ensayista francés Pascal Bruckner aportó su granito de arena en el ensayo ‘La euforia perpetua’, donde analiza la imperiosa necesidad de nuestro contemporáneo de ser feliz a cualquier precio, banalizando así el tradicional sentido de la dicha. Una patología postmoderna que está en relación al irónico y cáustico diagnóstico del homo Festivus que desarrolló el ensayista francés Philippe Muray. Pues bien, aunque podríamos seguir atestiguando la idea precedente con la obra de otros autores contemporáneos, me sirvo de esta introducción para presentar el magnífico, atrevido y perspicaz libro Educar en el asombro, de la ensayista canadiense Catherine L’Ecuyer.

Catherine-L’Ecuyer-Asombro-y-mirada

Catherine L’Ecuyer vive actualmente en Barcelona pero es oriunda de Quebec. Abogada de profesión, L’Ecuyer trabajó en el bufete internacional Fasken. En el año 2004 aterrizó en nuestro país para trabajar como consultora en diversas empresas nacionales e internacionales (Abertis, Pepsi, Caprabo, Croda), para dos años después comenzar a investigar, publicar y dar conferencias sobre la importancia del “Asombro” en la educación. Su blog “Apego & Asombro” recibe cerca de doscientas mil visitas al año y ha sido invitada a colaborar en numerosos medios y revistas españolas e internacionales (RTVE, Mente Sana, El Mundo, ABC, Revista Infancia, Crecer en Familia, Ara o la revista suiza Frontiers in Human Neuroscience, entre otras). Además, en el año 2013 participó en el evento internacional TED Talks con una charla titulada “Asombro y Belleza en la Educación” y dos años después, en la primavera del 2015, compareció ante el Congreso de los Diputados para hablar sobre la necesidad de realizar un cambio de ruta en el modelo educativo.

¿Por qué educar en el Asombro? Ante el panorama contemporáneo, trazado en líneas muy, muy generales en la introducción, Catherine se dio cuenta –como ¡tan pocos! pensadores contemporáneos– que la raíz del problema educativo –así como, deberíamos añadir, de la crisis de la modernidad–, no es otra que el olvido del Asombro, la admiración. Es decir, de la transcendencia de lo cotidiano. El Asombro es aquella “realidad intangible” que diría el neurocientífico Dan Siegel o aquella pasión del alma, afirmaba Descartes, que ampliando el horizonte del maravilloso misterio de nuestra existencia –porque podríamos no existir y, sin embargo, existimos– nos hace desear, explorar y descubrir todavía más la realidad –de ahí, entre sus efectos y como nos recuerdan Platón y Aristóteles, el origen de la Filosofía–. De esta manera, explica L’Ecuyer –amparándose en las actuales consecuencias que ya advirtieron los llamados “nuevos filósofos” en sus distintas perspectivas a finales del siglo XX– la sobreestimulación tecnológica actual, del salvaje utilitarismo de una tecnocracia deshumanizada, y la saturación digital sobre los niños está provocando la supresión de su sensibilidad connatural con la realidad. De este modo, aunque la autora no demoniza el avance tecnológico –sería una necedad obviar los extraordinarios progresos–, advierte, como así hizo Nicholas Carr sobre Internet en su inquietante e intuitivo ensayo Superficiales, que todo progreso debe ir acompañado de una continua evaluación de sus límites o de las consecuencias perniciosas que pueden provocar en los niños, en las personas.

Calma - FOTO: Rubén T F
Calma – FOTO: Rubén T F

Por ejemplo, se pregunta la escritora, “¿Cómo lograr que un niño, y luego un adolescente, sea capaz de estar quieto observando con calma a su alrededor, capaz de esperar antes de tener, capaz de pensar, con motivación para aprender sin miedo al esfuerzo?” Esta sencilla inquietud revela, en cada uno de sus sintagmas, la adicción hacia la estimulación artificial, la saturación, el constante bombardeo de información y ruido, el embotamiento de los sentidos y de la inocente inquietud y el frenético consumismo al que está sometida nuestra sociedad occidental y, en especial, los niños. Como la mecánica hiperactividad social y educativa que estrictamente se ejerce sobre los niños atragantando su natural y lento, pero esponjoso, aprendizaje. Este diagnóstico y sus consecuencias en los niños, que tan divulgativamente nos comparte L’Ecuyer, no será baladí a la edad adulta cuando, paradójicamente, los libros más vendidos en la actualidad son los de autoayuda y una de las enfermedades más extendidas en Occidente la depresión –siendo denominado nuestra época, entre otros epítetos, como la “Generación Prozac”, por el antidepresivo “Fluoxetina” comercializado con el sobrenombre “Prozac”–.

Por eso, en este sugerente libro no solo se recuerda, aunque suene a utopía, el tan necesario silencio, la calma, la reflexión, la contemplación de la naturaleza, su exploración y descubrimiento, la belleza de la existencia, la transcendencia de lo cotidiano, en definitiva: la admiración. La admiración o El sentido del asombro que nos compartió la bióloga y conservacionista estadounidense Rachel Carson en su perspicaz ensayo. Unos términos –estupor, admiración, Asombro– paradigmas de la utilidad de lo inútil que diría el escritor italiano Nuccio Ordine en su grandioso manifiesto. Éste podría ser el subtítulo al libro de nuestra protagonista. Y es útil, no solo por el divulgativo diagnóstico contemporáneo que realiza, sino también y principalmente por las pautas que nos comparte L’Ecuyer para acoger y acompañar interiormente esa especial mirada del niño y, asimismo, hacerla renacer en los adultos, en nuestro contemporáneo hombre postmoderno; en los niños perdidos. Por eso, recomiendo encarecidamente este libro a todas las personas que pueblan nuestro hogar, es decir, el extraordinario planeta Tierra.

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1 Response

  1. Philippe Muray et alii

    “Este oficio del asombro que no hace tanto podíamos practicar de diversas maneras, en prosa, en verso, en diálogos, en novelas, en ensayos, en canciones e incluso, a veces, en películas, se ha convertido en uno de los más antipáticos para el mutante contemporáneo, cuya mutación se realiza a la sombra del Imperio mundial tecnocrático, judicial y comercial, un Imperio que él tiene mucho interés en extender, puesto que lo protege.”

    Philippe Muray en su obra “Queridos yihadistas”.
    Consultar también su ensayo “El Imperio del Bien”.

    “El asombro inicial ha sido oscurecido por las preocupaciones utilitaristas, las contorsiones de la envidia, los pavoneos de la vanidad… Hace mucho que hemos perdido el paraíso vislumbrado. Nos tendemos panza arriba, unas veces en el hastío altanero y otras en la laboriosa orgía.

    Fabrice Hadjadj en su obra “El paraíso en la puerta. Un ensayo sobre una alegría que perturba”

    “El asombro es lo que cuenta, y es con seguridad principio de la ciencia, como dijo el clásico, pero mucho más que principio de la ciencia, verdadera y realmente, infinitamente más, es uno de los principios más profundos de la adoración. El viejo Hugo veía el mundo como si acabara de ser hecho. Quiero decir también como si, dentro del mundo y a la vez que él, Hugo, fragmentado, fracción del mundo (la más importante), acabara de ser hecho. Naturalmente, ésa es la única manera de verlo. Veía la creación como si saliera en ese mismo instante de las augustas Manos, como si acabara de salir, como si acabara de escapar palpitante de las grandes Manos.”

    Charles Péguy en “El frente está en todas partes”

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