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Cómo huelen las víctimas del amor

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El perfume - SuskindTítulo: El perfume

Autor: Patrick Süskind

Editorial: Círculo de Lectores

Páginas: 253

Precio: 17,50€

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Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


Un niño de pecho no es un ser humano, sólo un proyecto, y aún no tiene el alma formada del todo. Por consiguiente, carece de interés para el demonio

A no ser que ese niño de pecho, ese pequeño y aparentemente frágil proyecto de hombre, sea en realidad la reencarnación del demonio. O incluso él mismo, disfrazado de mortal, o puede ser un vástago perdido entre ambos mundos. Quizás un discípulo terrenal de pecados humanos y virtudes sempiternas.

O quizás, quizás tan solo sea un genio. Uno de esos seres que, de cuando en cuando, cobijan en un cuerpecillo humano la más indescifrable, asombrosa y atormentada alma que el universo puede forjar, a la que, en un momento de descuido, o quizás de compasión o castigo, deja caer en la Tierra.

Jean-Baptiste Grenouille contempló y habitó esa Tierra durante el llamado siglo XVIII, y allí fue, durante escasas pero intensas décadas, un proyecto del demonio, o un vástago perdido, o un discípulo terrenal. O simplemente un genio. Qué adverbio menos apropiado para tal sustantivo. Jean-Baptiste Grenouille contempló y habitó esa Tierra por un único motivo: convertirse en el perfumista más grande de todos los tiempos.

Hay en el perfume una fuerza de persuasión más fuerte que las palabras, el destello de las miradas, los sentimientos y la voluntad. La fuerza de persuasión del perfume no se puede contrarrestar, nos invade como el aire invade nuestros pulmones, nos llena, nos satura, no existe ningún remedio contra ella.

Patrick Suskind

Hay también, en el perfume, una elegante virtud, inocente y virginal, que sólo un genio sabría transformar y pervertir. Pues Jean-Baptiste Grenouille era un genio que carecía de humanidad, pero poseía en su lugar otras cualidades, mucho más apasionantes y peligrosas. Era hombre en forma, pero no en contenido. Su contenido era el olor de las cosas. Como un animal adaptado a su hábitat, éste era, sin duda, su sentido más desarrollado. A través de él conoció el mundo, aprendió a catalogar a las personas, a conocer su pasado, su futuro y su alma; descubriendo su don y cómo utilizarlo.

Podía hacer todo esto cuando quisiera; poseía el poder requerido para ello. Lo tenía en la mano. Un poder mayor que el poder del dinero o el poder del terror o el poder de la muerte; el insuperable poder de inspirar amor en los seres humanos.

Esta es la historia de cómo un ser abominable, misterioso y tan profundamente inteligente como inhumano, logró despertar entre los hombres (siempre tan frágiles y débiles, los seres humanos) su sentimiento más preciado, quizás el único que sobrevive intacto al paso de los siglos, aquello que les aporta la máxima felicidad y el máximo dolor, aquello que les da y les quita la vida, su aliento y su horca: el amor.

Pero como buen ser abominable, misterioso y tan profundamente inteligente como inhumano; de los métodos que empleaba para ello el perfumista más grande de todos los tiempos solía caer, siempre y silencioso, brillante y exacto, definitivo y constante, un goteo tenue, dulce y rojizo…

Continúa el camino...
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